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Uno del Pueblo

Para un amigo más. Un poquitín que os estrechéis, y se podrá sentar… etc, etc, etc. Era la letra del tema principal de un musical, allá por los ochenta, llamado “El Diluvio que viene”. Cuarenta años después, la inmigración nos trae a Daimiel a personas de diversos países que se han establecido aquí, en nuestra ciudad. Intentando, y logrando en múltiples ocasiones, hacer o rehacer su vida plena de dificultades en sus  países de origen. Personas que se han involucrado en nuestra sociedad, logrando incluso hablar “daimieleño” y sentir nuestra idiosincrasia tan particular. Rumanos, marroquíes, polacos, o gentes de Ucrania, por poner ejemplos, se sienten y están integrados entre nosotros. A quien esto escribe, resulta entrañable cambiar impresiones con estas personas que incluso se interesan por el buen uso de las palabras o expresiones autóctonas más allá de entenderse por el vocabulario o modismos populares.

Recordemos los tiempos en que muchos de los nuestros, españoles de Daimiel y del resto del país, se vieron forzados a trasladarse a Alemania, Suiza, Francia…, por poner como ejemplo destinos más allá de su tierra natal. Imaginemos la llegada de nuestros compatriotas en busca de trabajo e incluso por esos  lares donde el idioma era la primera dificultad, y entenderse en busca de las necesidades vitales significaba un eslabón de difícil superación… Algunos de ellos, ya están de regreso y nos hablan y comentan de aquellos duros momentos del proceso de adaptación, que no se lograba en dos días. Un porcentaje importante de la población daimieleña, lo conforman en la actualidad personas inmigrantes que ya forman parte de nuestra sociedad. Nueva realidad social y nueva ciudadanía, que aprenden, se integran y aportan a la vez. El saber es infinito, y la comunicación entre culturas diferentes acorta distancias entre humanos cuyo objetivo común es vivir, convivir y buscar tiempos mejores, en busca de esa quimérica felicidad.

Comprensión y brazos abiertos para daimieleños de adopción que ya se integran entre nosotros, cual segunda patria de “chuchos” y “borregos” con “la puerta siempre abierta” y “la luz siempre encendida”, que cantaban en aquel famoso musical.

Que es realidad que el mundo es un pañuelo. La integración entre humanos no debe distinguir razas,  idiomas diferentes, culturas distintas o religiones antagónicas. El ser humano es más importante que todos estos tabúes que tanto condicionan.

Mano extendida para quienes procedentes de otros países ya son conciudadanos integraos, que chatean, toman cañas, trabajan y producen como autóctonos de Daimiel. Que viva la amistad entre los pueblos. Y que Dios reparta suerte…

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