Y ENCONTRÉ MI CANCIÓN LLENA DE GIRASOLES

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Paki García Velasco Sánchez

Dedicado a todos los “gérmenes” (en el buen sentido de la palabra) de La Movida ochentera que aún quedamos en pie.

Domingo…pero no un domingo cualquiera, hoy además de ser Domingo de Ramos, es un domingo de los fríos, de los de invierno, de los de lluvia, de los ventosos, hoy es un domingo de esos de morriña. Un domingo de los que apetece quedarse en casa a leer un buen libro o sencillamente, sentarte en el sofá con una taza de café calentito en la mano y bajo el calor de una manta, ver pasar las horas y la vida a través del cristal.

Y como colofón a esta melancólica mañana, encender la radio y escuchar ciertas canciones que, junto con el ulular del viento y el repiqueteo de las gotas de lluvia sobre los cristales, añaden al ambiente una sensación tal, que consiguen teletransportarte a otra época, a otra edad, a otros momentos de esa inmortal juventud; es como asomarse a la ventana y ver a la lejana chica de ayer (como rezaba cierta canción) que un día fui, porque es volver en el recuerdo a aquellos tiempos de adolescencia vividos y ya muy muy distantes, los cuales aparecen de nuevo al escuchar ciertas melodías como si de una especie de Déjà vu se tratase.

Y mientras afuera el ambiente es invernal y el cielo se ve gris y llorón, mi cabeza empieza a retroceder en el tiempo al oír cierto tema que empieza a sonar por las ondas, y es que hay canciones que te marcan de por vida y que, aunque pasen muchos años al volver a escucharlas de nuevo, hacen que viajes en el tiempo…magia, creo que se llama así, ¡magia!

Y es que existen canciones atemporales que no tienen fecha de caducidad, canciones que recuerdan vivencias, juventud, aventuras o desventuras, canciones en las cuales te quedarías a vivir siempre en ellas, canciones eternas que transmiten, que traspasan y perduran, y que con el paso del tiempo si cabe, se hacen mejores. Algunas de ellas te llenan de sentimientos, te hacen sentir feliz a la vez que nostálgico, ese es el don que tiene la música y que, gracias a ella, muchos aprendimos lo que es poesía y arte escuchando ciertas melodías.

Hay composiciones que cuando vuelven a sonar, ya pasados los años, hacen que te pares, que pongas la mente en blanco y dejes que esos maravillosos sentimientos que tenías escondidos dentro de ti, renazcan como flores en primavera. Porque algo tan simple como la música, es de las pequeñas cosas que tiene la vida y que nos hacen felices, es algo que, junto con la amistad, el amor, la ilusión, la empatía y la esperanza, podrían mover el mundo… Por eso ahora, cuando vuelvo a oír estas canciones, me paro, dejo lo que estoy haciendo, y mi cabeza vuelve atrás en el tiempo… y por qué no decirlo, ¡soy feliz!

No me considero una persona melómana, pero me encanta escuchar buena música, será porque esta afición tiene la capacidad de elevarnos a ese mundo astral que solo se puede reconsiderar en la belleza de los recuerdos, esos mismos que, casi sin darnos cuenta, vamos construyendo con el paso de los años, con nuestras vivencias, con nuestros seres queridos, esos recuerdos que valoramos más cuando ya no tenemos a muchos de los que habitan en ellos.

Algunas canciones son como subirse a un tren de esos antiguos que van lentos, es como si tu vida pasara pausadamente frente a ti, te transportan a otros lugares, a otras personas, a otros tiempos; tiempos que parecen tan lejanos pero que siguen latiendo dentro de nosotros, tiempos donde una calle y unas amigas eran nuestro refugio, tiempos donde subirte a aquellos altísimos tacones de aguja se hizo fundamental, tiempos donde sigo viendo aquel SEAT 124 de tono anaranjado aparcado frente a la puerta de casa, son tiempos que nunca se olvidan, tiempos que me hacen sentir viva, tiempos que dan forma a mi historia… tiempos…

Todo esto es comparable con el tiempo que invertimos en escribir las páginas de este libro llamado vida, una páginas que cuanto más avanzamos por ellas, menos ganas hay de llegar al final, quizás porque ahora es cuando somos conscientes de lo corta que es nuestra existencia o de lo rápido que ha pasado todo.

Y aunque a veces a día de hoy duele escuchar ciertas canciones, cierro de nuevo mis ojos y esa voz, esas notas y su ritmo, su magnífica ejecución, me llenan de una infinita nostalgia recordando tantas cosas vividas, pero sobre todo, a algunas personas que durante estos años se han ido quedando por el camino de mi vida, de mi existencia: amigos, tíos, abuelos, mis padres etc… ¡Que grandes los artistas que son capaces de traspasar el tiempo y devolvernos a otros momentos!!…qué decir, que se puede expresar si tan sólo escuchando una melodía esta hace que se nos dibuje una pequeña lágrima en el rostro, ya sea de añoranza o felicidad.

Hoy, en este día gris, mi BSO ha vuelto a sonar a La Movida, a aquellos distantes años 80, esos años donde tenían cabida toda clase de tribus urbanas que te atrevieras a imaginar: punkis, mots, rockers, heavys, pijos, siniestros etc… y todas ellas compartiendo las mismas inquietudes desde diversas perspectivas sobre la cultura, pintura, cine, fotografía, teatro, o como en este caso, la música, y todo ello porque había un deseo en común, ganas de cambiar y ser parte del cambio, poder ser uno mismo y poder expresarlo.

Los 80s fueron tiempos maravillosos que tuvieron mucha variedad y originalidad en todos los sentidos, teníamos tantos pubs, tantas discotecas, tantos comics alternativos y tantas canciones fuesen del estilo que fuesen, ¡teníamos tanto de todo!! Incluso estéticamente fue alucinante, recuerdo como buscábamos ropa rara, cazadoras, calzados y cinturones que llevasen chinchetas, nos poníamos los pelos de punta teñidos en varios colores…¡una época para no olvidar!; siempre con las amigas pateando las calles, habitualmente con poco dinero y mucha imaginación, (eran otros valores de amistad)…no éramos ni mejores ni peores, éramos adolescentes.

Fueron años en los que muchos de nosotros pasábamos de la niñez a la adolescencia, a una juventud con BSO propia, ya que los grupos y solistas de aquellos tiempos, se encargaron de poner el ritmo a toda una generación. Los ochenta, musicalmente hablando fueron una contracultura que sedujo a todo un país, una época en que los “temazos” se sucedían uno tras otro y cada vez mejores, ¡era increíble!… Fijaros como sería nuestra música en esos años, que durante varias semanas los diez primeros puestos de “Los Cuarenta Principales” fueron ocupados solamente por grupos españoles.

También quiero hacerle un hueco y recordar aquellos programas de Televisión de por entonces, por mencionar alguno: “Tocata”, “Aplauso”, “La Bola de Cristal”, “Caja de ritmos” o “La Edad de Oro” (este último está considerado un programa de culto en la historia de la televisión, el cual contribuyó a la difusión de la cultura y la estética de la Movida, convirtiéndose en un referente para la generación de los 80 en España)

Claro que, como todo en la vida, esto es cuestión de gustos, pero me atrevo a decir que, (musicalmente hablando), fueron unos años hasta ahora insuperables, contábamos con una cantidad de grupos de pop, rock etc…alucinantes, fue una etapa muy muy bonita, ¡irrepetible!

Era una época en la que los músicos te contaban historias con sus canciones, lo mismo narraban una crónica del mejor cine negro: como La Unión con su Lobo Hombre en París (la cual se inspiró en un relato de Boris Vian), o le ponían música a un poema del gran Edgar Allan Poe: como los Radio Futura y su Annabel Lee, aquí nos damos cuenta que por aquel entonces no estaba reñido ser una banda extraordinaria con tener cultura.

Y es que hay canciones que son verdaderas obras de arte, ¡tesoros! algunas de ellas te crean un cielo propio para volar, te transportan a la juventud (aunque al mismo tiempo te hagan sentir vieja), algunas trasmiten tristeza y alegría a la vez, hacen reír y llorar, y cada vez que las escucho, aunque con un nudo en la garganta, son fantásticos recuerdos de mi vida de joven adulta, son mi banda sonora personal.

¿Recuerdos? ¡Si, muchos!! …son evocaciones de juventud por los que aquí estoy, a mis “taitantos” años (como decía la gran Lina Morgan), rememorando mi adolescencia con la buena MÚSICA (así en mayúsculas) de los 80s, deberían inventarse palabras, significados, adjetivos e incluso silencios para poder definir algunos recuerdos.

Dicen que somos nostálgicos, yo pienso que a veces de más, pero ¿cómo no vamos a serlo habiendo vivido en primera fila semejante época? ¡Benditos años 80 qué lejos quedan!

Echando la vista atrás tengo la sensación de que se vivía muchísimo mejor, tuvimos mucha suerte de poder disfrutarlos, supimos vivir y divertirnos sin estar enganchados a un teléfono… ¡fuimos tan libres!

Y aunque hoy mi artículo a más de uno le “huela” a naftalina, vuelvo a decir y quiero dejar claro que a mi parecer: la estética, las letras y la música de los ochenta fueron increíbles, La Época dorada del panorama musical, tanto a nivel nacional, como internacional fue impresionante; ¡que gente, que grupos, que canciones!!…. muchos al menos podemos contar que vivimos y disfrutamos esos años y eso nunca nadie nos lo va a quitar; ¡con muy poco éramos felices! (aunque muchos no lo sabíamos).

¿Cuántos años han pasado ya de todo aquello?, ¡Qué importa!, lo importante es que todo sigue vivo, intacto, son recuerdos inolvidables de una década magistral y ya muy distante, y que ahora, gracias a Internet (esa poderosa máquina del tiempo que entonces era impensable y ni habríamos soñado), podemos seguir disfrutando de aquellos grupos, de aquella gente, de aquellas historias siempre y para siempre… es algo tan verdadero que parece mentira, ¡es nostalgia en estado puro!!

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