ABRE FACIL… ¡Y UNA MIERDA!

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José Ignacio García-Muñoz (Queche)

Dedicado a mi amigo Pepe Ayuga, un hombre cabal y temeroso del Señor, con el que además de algunas aficiones, como los libros, el fútbol, los toros y las buenas conversaciones, comparto la animadversión por los envases con “Abrefacil”

“Hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad, que es una brutalidad, que es una bestialidad”

Así rezaba la letra del dúo de D. Hilarión y D. Sebastián, en La Verbena de la Paloma de Tomás Bretón. Más de ciento veinticinco años han pasado desde su estreno en el teatro Apolo, y la frase no ha perdido ni un ápice de vigencia.

Por poner solo algunos ejemplos que ilustren esta afirmación nos encontramos con que:

En mayo de 2021 se completó por primera vez todo el mapa del genoma humano con lo que podemos saber que se “cuece” en cada una de nuestras células.

Con los mapas geológicos y los dispositivos de geolocalización, podemos aventurar donde puede haber un yacimiento arqueológico en el que poder encontrar la taba de un Neanderthal que vivió hace miles de años, y obtener ese último dato con gran precisión gracias a la prueba del carbono 14 y otras parecidas.

La genética y la biología molecular, son capaces de, a partir de una muela enterrada en estratos profundos de la tierra hace miles de años, saber poco menos si su propietario tenia lombrices.

La moderna robótica, hace posibles intervenciones quirúrgicas con precisión micrométrica minimizando riesgos y mejorando pronósticos.

Lo de ir a la luna, ya se ha quedado casi obsoleto, y la moderna inteligencia artificial es tan inteligente, que ya supone una amenaza para los “listos” que la han desarrollado. La I.A, es capaz de poner en tu boca palabras que no has dicho, pronunciadas desde un cuerpo que no es el tuyo. Los coches eléctricos con múltiples ayudas a la conducción que casi funcionan solos, las modernas técnicas de diagnóstico…Los ejemplos son infinitos, abrumadores, y además van en aumento haciendo buena la frase de D. Hilarión… ¡que es una bestialidad! Pero resulta que, a lo mejor no tanto como pudiera parecer. Tal vez hemos desarrollado una tecnología de mil demonios en ámbitos muy complejos, y hemos descuidado otros más cercanos con los que (permítaseme utilizar el símil taurino sin que nadie se me enfade) lidiamos día a día.

Resulta, que hay tareas aparentemente sencillas que en teoría están al alcance de cualquiera por más baja que sea su habilidad, y que al final resulta que no se pueden realizar si no tienes la caja de herramientas al lado, y un archivo PDF impreso con instrucciones detalladas.

Pido disculpas de antemano por lo soez y malsonante del título de este artículo, pero voy a tratar de justificar la expresión.

Son las seis de la tarde de un día cualquiera, y usted querido lector siente una punzada en el estómago; nada preocupante, es simplemente que tiene algo de hambre. Con las mismas se dirige usted al frigorífico, y de entre los múltiples envases allí almacenados elige usted uno que anuncia en su interior: “Salchichón Ibérico”. Es uno de esos sobres- bandeja, en los que además de poner la fecha de caducidad, la composición, el valor calórico y otras informaciones, en una esquina aparece la palabra “Abrefacil”. Es un término que deja a las claras que abrir aquél sobre es tarea sencilla, al alcance de cualquiera con dos dedos de frente, y entreabre la puerta de la duda, a la posibilidad, de que si uno no la abre con facilidad tal como se anuncia, uno pudiera ser tontoelculo. ¡Hijo mío si lo pone bien claro! Abre fácil

Ahora, usted fija la vista en esa pestañita que está en una esquina debajo de la palabra abrefacil, y usted, después de afinar como un relojero, tira de ella hacia arriba…y la pestañita se parte. A continuación, trata usted de meter la uña entre el envase y la tapa superior y después de un rato lo consigue. Con ese poquito que usted ha levantado vuelve a tirar hacia arriba, y el envase lejos de abrirse por el perímetro que permanece adherido como una lapa, lo hace por el centro de modo que en la tapa ahora puede leerse:” salch…ico” y en el trozo que tiene usted en la mano: “ichón… iber”… al final, hay que usar herramientas, y usted termina abriendo el envase con un cuchillito fino.

 También dice que, después de su utilización mantenga la tapa cerrada para conservar el producto ya que, de lo contrario pudiera durar fresco menos que una cucaracha en un tablao.

Igualmente es posible, que su elección haya sido quitarse el hambre con uno de esos llamados: quesitos en porciones ¡craso error! ya que los susodichos, tienen ni más ni menos que dos “abrefacil”. Usted toma la caja circular y por la mirada sonriente de la vaca, usted puede deducir que aquello va a ser coser y cantar, pero nada más lejos de la realidad. Primero hay que buscar el hilito rojo que, ¡oh misterio! no siempre está a la vista, y segundo, no completa la circunferencia sin romperse y llevarse por delante un buen trozo del precinto, o doblar la tapa, de modo que, la sonrisa de la vaca ya no vuelve a ser la misma. Termine usted de abrir el envase metiendo una punta de cuchillo (la misma que utilizó para el sobre de salchichón) muy finita entre el precinto y la tapa. Ahora, extraiga usted una porción sin volcar todos los triangulitos, y trate de poner la tapa arrugada en su sitio, con esa manía que tenemos de dejarla en la posición original para que coincidan las caras de las vaquitas, busque el tirador rojo de la porción, y tire en la dirección correcta (no vienen instrucciones), embadúrnese los dedos de quesito, y trate con los dientes de rebañar lo que se ha quedado adherido al papel de plata que no es poco.

¿Un poco de pan? Aquí nos encontramos con un clásico: el puñetero alambre del pan de molde. ¿Cómo es posible que con los adelantos tecnológicos de que disfrutamos, todavía se cierren las bolsas de este tipo de pan con un alambre retorcido? Una cadena de envasado acojonante, y al final, un tío poniendo un alambre que se pierde a las primeras de cambio, y que por su extrema delgadez no se sabe si está retorcido hacia un lado, o hacia el contrario.

Al final usted consigue hacerse el sándwich, y como el sobrante hay que guardarlo para que no se eche a perder, lo guardamos en papel transparente… ¡y ya estamos liados otra vez! Para facilitar el corte, a lo largo del envase que parece que está hecho para un rollo más pequeño, vienen unos dientes de sierra que antes de despegarse y no servir para nada, pueden cortarte los dedos a nada que te descuides. Mientras, el film transparente se dobla, se repliega sobre sí mismo, y luego resulta más difícil desenrollarlo que encontrar el comienzo del rollo de papel celo… que es otro que tal baila como habréis comprobado recientemente envolviendo los regalos de reyes.

Pero mi favorito en este “ranking” de despropósitos, es el precinto de una conocida marca de colutorio bucal que empieza por “Lis………” Eso sin herramientas no se abre; es más fácil montar el barco pirata de Paymobil.

Como quiera que le entra a usted algo de sed, decide tomar un poco de leche o zumo procedente de un tetrabrik, que ha sido diseñado con un tapón que favorece su apertura y dosificación … ¡y una mierda! No se sabe si hay que girarlo, tirar de él, o emplear el sacacorchos o el abrelatas ya que tampoco trae libro de instrucciones.

Los frascos de cristal con cosas de comer dentro, parece que los ha cerrado Shwarzenegger…no hay cristiano que los abra, y si no fuese por la llave para aflojar las tuercas de las ruedas del coche, en ocasiones habría pasado más hambre que un grillo en un cristal.

Del mando de la televisión mejor ni hablamos; máxime si ésta, es de las llamadas Smart tv inteligentes (cosa que dudo) En ocasiones, encontrar el programa que buscas se hace imposible, y empiezan a salir “contenidos” por todos lados en lo que llaman plataformas, como si fuese el Mar del Norte; pero lo peor, es cuando para facilitar las cosas empleas el comando de voz. Uno toma el mando como si fuese un micrófono, y haciendo un acto de fe, le dice a la tele: Alexia (yo a la de mi tele la llamo directamente “asquerosa”) ponme los toros, y Alexia (o la asquerosa) te pone un programa de cocina…y entonces es cuando la tenemos. Yo no sé, si la tal Alexia es de algún partido animalista, pero ahí está uno discutiendo a voces con el mando de la TV en la boca como si estuvieses en un reality show. ¡Qué tiempos aquellos en los que encendías la tele, y sin discutir con nadie salía Matías Prats y transmitía el evento de turno!

Qué decir de los envases individuales de aceite de oliva virgen extra que sirven junto con la tostada en las cafeterías. Me refiero a los recipientes mono dosis que son como el abrefacil del principio, pero en pequeñito; una máquina perfecta de mancharse los pantalones. Hay que tener tacto de relojero suizo para abrirlos sin derramar su contenido sobre la camisa, o salpicar al parroquiano de al lado. Pocas cosas hay más humillantes que el hecho de que, ante la vista de todos, el empleado te tenga que abrir la pestañita. ¿no sería más fácil una botellita de las de siempre, que ese envase que parece diseñado como una trampa con veneno para hormigas? ¡digo yo!

De vez en cuando, a uno le da el venazo y le da por blanquear las juntas de los azulejos del suelo, y entonces compras un blanqueador con un cacharrito que lleva adosada una escobilla como la del váter, pero en pequeño. Se supone que, al aplicar ese cepillito a la junta, esta se blanquea porque por ahí sale un líquido blanco… y una mierda. Entonces, uno mira el recipiente para ver que leche está pasando, y no pasa nada, es simplemente que por el agujerito no pasa nada, y es entonces cuando reparas que en el envase hay un canguro y lo comprendes todo: eso debe ser leche para criar canguros y si no succionas …pues no sale.

También es posible, que algún día mientras se ducha, haya pensado en la posibilidad de poner un estante de esos con ventosas para dejar allí el jabón la esponja y el champú, para lo cual usted se dirige a unos grandes almacenes con nombre de mago, y se compra un estante de esos pensando que es tarea fácil colocarlo; total son dos ventosas ¿Qué puede salir mal?…pues sale mal, porque si consigue sujetarlo a los azulejos que previamente ha limpiado con alcohol, en pocos días e incluso horas, cuando usted se esté duchando, se caerán esparciendo sus cosméticos por la ducha o la bañera y dejando aquello como el Ganges a su paso por Calcuta. Luego están los muebles de esa empresa que tienen nombres puestos por alguien con la boca llena de polvorones; uno compra lo que parecía una mesa, y después de una hora el resultado es una mecedora. “Móntelo usted mismo” dice por las paredes del local… ¡y una mierda! Por si están de cachondeo con nosotros, he averiguado como se dice mierda: “Skit”, por si hay algún mueble con ese nombre…no, no lo hay de momento.

Particularmente entrañable, me resulta aquella frase que decía: “Soy mayor, no soy tonto” refiriéndose a como algunas de las modernas tecnologías han venido a promover el desasosiego entre aquellos que quizá somos demasiado viejos para el rock and roll, pero demasiado jóvenes para morir. A los que por edad estamos a caballo entre lo tradicional y lo moderno. A los que hemos puesto discos en un gramófono, y ahora te las tienes que ver con el “Espotifai”. Los que hemos pedido conferencia con Madrid, y ahora llevamos un Smartphone del que desconocemos la mitad de utilidades. Los que cuando vamos al cajero automático, automáticamente se nos ponen los pelos del lomo de punta ante tanta lucecita, y un teclado que parece el ecualizador de los Rolling Stones. Los que hemos escrito con tiza y en cuadernos de anillas de Centauro, los que leíamos y olíamos libros, y los que miran la “Tablet”. Los que hemos visto y montado en una galera. Los que aprendimos a conducir en un Simca o un seiscientos, y los que conducen un “hibrido enchufable” con conducción semiautónoma.

Los de carta con sello y buzón, y los de Internet y email. Los de partido en la calle, churro media manga y manga entera, las canicas, las pedradas en la coronilla y los baños furtivos en los albercones, y los que están sentados horas delante de la Play Statión…

Los que nacimos en el siglo pasado y moriremos Dios mediante en este.

Esta semana, le he instalado a mi moto unos puños eléctricos calefactables, le he cambiado la bomba de freno axial por una radial, y además las pastillas, lo he hecho solo y por primera vez, pero el envase con “abrir por aquí” lo he tenido que reventar para poder sacarlas.

Lo mejor, si tiene usted hambre, es bajarse al bar de toda la vida que para eso están, y así de paso puede ver la tele sin hacer el ridículo. Luego, cuando haya alguien en casa que se lleve bien con Alexia, sube usted y ve el programa favorito de su señora; total, se va usted a quedar dormido.

¡Vai que lecas con el abre fácil!

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