CESTAS… Es muy difícil

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Uno del Pueblo

Cestas que no has de comer, déjalas correr. Afecta la ingesta desaforada del contenido al resultado de los análisis a mediados de Enero. Sin dudamente. Mas si fuéramos capaces de controlar los instintos y ceñirnos a las instrucciones de madre, madre naturaleza, lo más probable que nos iría mejor. Como se dice ahora, todo sería más saludable, sostenible y poco o nada enmendable. Está bien esto de las nuevas terminologías, que deberían ser revisadas por los antiguos académicos de la lengua. Lo sostenible es naturaleza pura, se sostiene por si mismo, equilibrio natural que siempre marcó y continuará marcando el medio ambiente, el sentido común más la experiencia marca la senda; lo saludable es blanco y en botella, anda que hay que ir a Salamanca para saber lo que nutre y alimenta de modo natural; y lo enmendable a tiempo estamos siempre de mejorar calidades, con científicos que apoyan desde experimentos prácticos en busca de placer, bienestar y salud.

El gallo de la misa canta contento y feliz cuando analiza las cestas navideñas con los contenidos del futuro según una inteligencia artificial, échale hilo a la cometa. Saquitos de arroz, lentejas, habichuelas, judías, garbanzos, espárragos, tomates, cebollas, ajos, pimientos, calabazas, zanahorias, apio, lechugas, repollos, berenjenas, guisantes, habas, alcachofas, coliflor, acelgas, puerros, maíz o rábanos. Los presentes navideños encajados en formatos de cartón con su asa, adornados con imágenes de estrellas y lucecitas, más lacitos emisores de amor, darán paso al gremio ilustre de los buenos cocineros, que en España, flor y nata, famosos en el mundo entero. Nuestra ciencia culinaria, al mortal hará feliz; con todos los ingredientes referidos en la cesta de navidad del futuro.

Cestas plenas de productos naturales, con el aderezo ideal de botellas, no digamos garrafas de aceite, hogaño lo más preciado y apreciado. No conviene olvidar que la cata del aceite, aderezada con azúcar o sal, era manjar para los chiquetes de nuestra época, en visita al molino donde trabajaba algún familiar…, tan rica nos resultaba esa ambrosía oleaginosa, placentera, delicada, suave… tan rica como la chocolatina de Nestlé el día de Reyes, dentro del zapato, al lado de una tartana de hojalata, con mula y cochero, juguete que nos hacía feliz tanto tiempo como queríamos.

Cesta navideña a base de plátanos, naranjas, manzanas, mangos, aguacates, guindas, melón, uvas con o sin chocho, botellas de zumos naturales, agua mineral y algún estimulante, té o café, venga que para eso estamos de fiesta… Por aquí se enfila el futuro.

Mientras tanto, el presente oferta lo que “no es pa dicho “. La propia cesta, de mimbre, que luego se reutiliza como ornamento y te recuerda cada día del año el contenido que meses atrás hizo subir colesteroles, glucosas, triglicéridos y riesgos cardiovasculares que poco a poco nos van convirtiendo en pacientes de riesgo. Cosas de la edad y de la cesta, navideña o no, que quitan el “sentío” con su pata de jamón, que bien “cortao” nos hace el culo gaseosa, cosa más rica el jamón bien cortao, en lonchas entreverás, el queso manchego, en aceite, con agujeros, lomos y salchichones, ahumados, conservas, aceites, vinos, champán, chupitos, bebidas alcohólicas, turrones, bombones, dulces navideños, etc, etc, etc…

Y a ver qué hacemos… Alguien tiene la solución…? Es muy difícil…

Cestas saludables y sostenibles, o cestas de colesterol…? Cestas aburridas o cestas de regular la borriquilla…? A lomos de un jamón o a compota de una manzana…? Mejillones gallegos al natural o acelgas salteadas…? Salchichón ibérico de bellota o puré de calabaza…?

Es muy difícil…

Estamos en las fechas. La naturaleza nos avisa. El cuerpo se predispone… para todo lo contrario. El gallo de la misa, se frota las manos.

Y a ver qué hacemos…? Alguien tiene la solución…? Es muy difícil… Por si acaso, cesta que no has de comer, déjala correr.

Y que sea lo que Dios quiera.

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