ENTRE NIEBLAS Y SILENCIOS

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Paki García Velasco Sánchez

En la tranquilidad de un domingo cualquiera de este mes de diciembre, nuestro pueblo amaneció envuelto en un manto de niebla, un manto etéreo que envolvía todos los escenarios conocidos como un velo misterioso tejido por la mano invisible de la naturaleza, y que ocultaba parcialmente la totalidad de nuestros paisajes, difuminando así sus líneas y transformando todo lo cotidiano en un lienzo de ensueño, añadiendo un aire enigmático al entorno y creando un escenario frío y extraordinario para todos los que nos aventuramos a salir de casa e ir a recorrer los senderos de nuestro Parque Nacional.

Las bajas temperaturas y la poca visibilidad no fueron impedimento para, como suele ser casi habitual, emprendiéramos nuestro paseo matinal, esta vez con el añadido de poder disfrutar de la mágica escena que nos ofrecía el lugar en este día, encontrándonos inmersos en un remanso de paz en medio de la heladora mañana otoñal y en donde la niebla ocultaba parte del camino, aunque eso solo añadía un poco más de misterio al recorrido mientras disfrutábamos de la paz que envolvía la atmósfera en esta jornada festiva.

Y aunque el frío se colaba entre los tarayes y demás vegetación, los pocos paseantes que nos atrevimos con esta tranquila caminata, íbamos bien provistos y envueltos en abrigos, gorros y bufandas, lo cual no impedía qué al hablar, exhaláramos un vapor visible del aire gélido que reinaba a esas horas.

Algunos árboles, ya casi desnudos, y cubiertos aún por las gotas del rocío matutino, gotas que también podían verse en las inertes telas de araña (haciendo que algunas de ellas parecieran frágiles esferas colgando de la nada), pintaban un retrato sutil e invernal, formando figuras fascinadoras y dando la sensación de estar inmersos en un mundo aparte. El sonido apagado de los pájaros y el suave crujir de las hojas secas bajo los pies, nos acompañaban a cada paso, creando una sinfonía única que solo la naturaleza en su estado más puro puede ofrecer.

Siguiendo con nuestra caminata, a lo lejos y entre la neblina, pudimos ver un enorme grupo de patos y gansos los cuales, nadaban plácidamente indiferentes al frío que reinaba en el ambiente.

Asimismo, se podían vislumbrar algunas siluetas de personas cruzando las pasarelas, como figuras irreales e impalpables, igual que las líneas del paisaje, las cuales transformaban algo tan habitual y común, en un lienzo de fantasía.

Y como complemento a todo esto, escuchar los agudos graznidos de las grullas que, aunque no las pudiéramos ver, revoloteaban por encima de nuestras cabezas.

Y es que como Ramón Piug escribió una vez: “La niebla es un tamiz que filtra los sonidos, los acerca o los aleja, nos engaña o nos envuelve en reminiscencias y sueños…”

Poco después pasando por el bosque de los tarayes, la niebla ocultaba y revelaba destellos y penumbras de todo lo que allí reposaba, haciendo que en ese momento nos acordásemos de aquellas leyendas y dichos antiguos que hablaban de este lugar, los cuales, poco a poco, se han ido desvaneciendo y casi quedando en el olvido con el paso de los años.

Unas horas más tarde, ya cerca del mediodía y a medida que el sol luchaba por penetrar la densa bruma, los rayos iban creando un juego de luces y sombras sobre cada escena, dotando al entorno natural de una belleza casi mística, perfecta para todos aquellos a los que nos gusta la esencia silenciosa y mágica de la naturaleza, y la cual se manifiesta en cada rincón de este paraje.

Y al final, y cuando el sol comenzó a filtrarse tímidamente entre las nubes disipando lentamente la niebla, ya cuando el vapor del agua se mezclaba con la bruma creando una escena digna de un cuadro impresionista, es cuando pudimos apreciar la belleza en todo su esplendor del paisaje otoñal en los colores que se abrían paso en la mañana, mientras en las alturas, algunas grullas continuaban con su vuelo dibujando sobre un cielo celeste, unas elegantes y majestuosas siluetas.

Y es que la niebla tiene el don de pintar el mundo con pinceladas de secretos, enigmas y misterios, haciendo que la realidad se fusione con la fantasía e invitando a adentrarse en el tenue abrazo de su magia espectral para explorar lo “desconocido”. En resumen y ya para terminar, decir que fue una mañana ideal para quienes gustan desconectar de lo mundano y de la actividad diaria.

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