GRAN CASTAÑA

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Uno del Pueblo

La que pillamos la panda de amigos durante tres días consecutivos. Gran castaña, la que nos trajo Maese Agustín desde el Bierzo leonés. Gran castaña, con calidad y presencia, la degustada durante un fin de semana en Daimiel, por medio del Mercado Medieval que nos visitó de nuevo.

Castañas asadas en el horno de Agustín Marín, horno artesano sujeto a legislación, controlado por la mano sabia del castañero del Bierzo, llegado a nuestra población para dar a degustar su sabroso y apetecible manjar, vestido de guerrero medieval cual representante general del castaño, pero de raíz familiar nada bélica.

Castañas asadas ricas, ricas, superalimento fuente de minerales, fruto seco que durante tres días al año, no hace daño. Otoño ideal para coger una buena castaña y repetir hasta en tres días consecutivos.

Desde los tiempos de Mari Castaña, se consume y degusta este fruto singular, asadas en su punto y traídas a propósito por un productor de tan peculiar alimento, vendidas en paquetillos de catorce unidades. Al término de la ingesta de las mismas, quedábamos colocados, en situación, castaña total, pero sin trastornos, sin más efecto secundario que repetir ración, que a saber cuándo cogemos otra castaña igual. Cosa más rica de aperitivo, con un chato vino. Castaña sin igual la que agarramos quienes nos picamos con tan inigualable producto leonés, general castaño, castaño en general, opuesto a la reciente petición de independencia del territorio padre de la castaña, de tan nutriente y rico sabor.

Maese Agustín, experto en sacar las castañas del fuego en el momento justo, empatizó sin duda con la afición castañera chucha, que degustaba castañas calenticas y asadas en su punto, con justiprecio acorde con el sabor y regusto para el caprichoso consumidor.

Los huesos más fuertes, los nervios más templados, sin gluten, el corazón más protegido, el colesterol más bajo, las arterias en su punto y el tránsito intestinal cosa suave. Efectos naturales de una buena castaña. Ellas y ellos, ellos y ellas, castaña caliente, momento feliz, como debe ser. Qué rica la castaña, gracias a Maese Agustín.

Castañas y vino, aperitivo divino, y sin pasarnos de castaño a oscuro, todo en su medida. Hacía frío, se helaban las entrañas, pero Maese Agustín asaba sus castañas. Castaña asegurada en tres días consecutivos, fín de semana glorioso, castaña incluida. Cosas de España, jamón, vino y castaña.

Músicos juglares, mago a pie de calle, juegos infantiles de época medieval, gominolas artesanas, encurtidos con berenjena estelar, perfumes e inciensos mayas, pulseras y abalorios de preciados metales, marroquinería, patés de origen y artesanía natural,… todo mezclado entre idas y venidas de un público variopinto en busca de plantas, curativas incluso, muñecos de ganchillo hechos a mano o patatas asadas de enorme proporción…, todo ello expuesto y a la venta en tiendas de anárquicos montajes, provenientes del medievo, anclados en Plaza de España y cercanías.

Y entre todo el repertorio, el olor y aroma de la castaña de nuevo resurgía como por ensalmo. Su contemplación en el horno, con ligero chisporroteo previa incisión a navaja preciso y magistral en la mitad del fruto, incitaba a su compra y consumo. Días de castaña y vino, auténtico castañazo a mediodía, ideal complemento para habituales de la caña y vermut también.

Si a alguien le parece una castaña este artículo, que procure rectificar. Tres días con castaña segura no se dan todos los fines de semana en Daimiel. ¡Viva el vino y las castañas!

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