FELIPE II LOS MÉDICI Y LOS CANGREJOS

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José Ignacio García-Muñoz (Queche)

Si usted querido lector, se acerca a la Plaza de Santa María y pide una ración de “austropotamobius itálicus”, probablemente quienes atienden del Asador Mojo Picón, se le queden mirando con extrañeza e incluso perplejidad hasta que aclare que lo que usted desea es una ración de cangrejos, en cuyo caso le traerán (siempre que sea temporada) una ración de “Procambarus clarkii”, es decir una ración de cangrejo americano que es el que mayormente se encuentra en nuestros ríos si exceptuamos algunas zonas del norte donde las aguas son más frías, algo que no le gusta al americano, pero sí al escaso y mal llamado cangrejo autóctono. La introducción del americano, fue un venazo de Franco a través del antiguo Departamento de Caza Pesca y Alimentación. Rápidamente la nueva especie desplazó a la existente porque era portadora de un hogo (además de otros parásitos) que provocó la Afano- micosis una enfermedad que diezmó a la especie existente reduciéndola casi a la desaparición.


Si nos fijamos detenidamente en el nombre del cangrejo autóctono, veremos que se apellida “Itálicus” y ese nombre no es en vano, ya que su procedencia es Italia. Resulta que, Carlos V en las postrimerías de su vida, dividió el imperio entre su hermano Fernando y su Hijo Felipe, correspondiéndole a este ultimo los territorios Ibéricos, italianos y de los Países Bajos. Como buen padre, Carlos le organizó a su hijo un viaje por estos territorios, una especie de “Erasmus” que se conoció como “felicísimo viaje” y del que Felipe II vino entusiasmado por la jardinería europea incluyendo el uso de estanques para alojar peces, aves, y otros animales.


Allá por 1560, le pidió al cardenal Antonio Perrenot de Granvela; hombre fuerte en los Países Bajos, además de telas, caballos y cuchillos, algo menos práctico: una docena de cisnes a poder ser mansos. La carta incluía una petición más. El envío de un maestro en la construcción de estanques para “carpas, bruxetes y alcrevices” siendo los bruxetes los llamados aquí lucios, y alcrevices los cangrejos ya que al no ser especies que estaban en España, se españolizó su nombre de esa manera. También se le instó a que, de camino a España, se enterase de en qué lugares del territorio francés podría hacer acopio de estas especies.


Adrián Van der Müller apodado “el flamenco”, que no era un delantero del Brujas, sino el experto en estanques, vino con un ayudante holandés y diez cisnes, y aseguró que Aranjuez podría acoger sin problema esos animales, y que él, podría traerlos.


Con los calores del verano de 1564 Felipe facilitó dos salvoconductos al flamenco y al holandés para que trajeran las especies acordadas a los estanques reales, pero al holandés lo trincaron acusado de espionaje y le condenaron a muerte; se salvó gracias a la influencia de la corte española. En cuanto al flamenco, tuvo más suerte, pero le cogieron unas nevadas de las de antes, y tuvo que descargar carpas y lucios en el monasterio burgalés de San Juan en diciembre de 1564 siendo esta la primera introducción de dichas especies en España. Dos meses después, en febrero de 1565 apareció el experto en la Casa de Campo de Madrid con 39 lucios vivos, y una carpa más tiesa que la mojama. Como Felipe se había encaprichado mandó de vuelta al flamenco a Francia, y en abril del mismo año, el de nombre de futbolista volvió con seis carpas vivas que fueron liberadas en la Casa de Campo.


Ya tenemos a Felipe con sus lucios y sus carpas, pero le faltaban los cangrejos, y veinte años después, pero esta vez no en Francia, sino en La Toscana de los Médici los consiguió. La españolización del termino italiano “gambero” dio lugar a gámbaro que es como se llamaba en los documentos de la época al cangrejo, y fue un hombrecillo quizá aquejado de acondroplastia llamado “Gonzalillo” el que medió en el negocio, y en 1588 un barco con varios toneles conteniendo los dichosos gámbaros parte de Livorno y llega a Alicante, de modo que, desde ese momento, hasta que llega el americano de la mano del anterior régimen en los años 70, ha pasado un largo periodo de tiempo durante el cual, se ha extendido por las geografía española. En cuanto al americano, un primer cargamento procedente de Luisiana, fue puesto en libertad en una finca cercana a Badajoz (año 1973) y al año siguiente se importó un cargamento mucho mayor que se liberó en la marisma cultivada del Guadalquivir en una finca de La Puebla del Rio. Al parecer la expansión de estos dos grupos ha sido divergente, y las modernas técnicas genéticas y moleculares nos indican que el primer grupo se distribuyó casi en exclusiva por Portugal, y apenas tuvo contacto con el segundo que sí colonizó gran parte del territorio.


Quien nos iba a decir, que aquellos cangrejos patrimonio de la humanidad que preparaban en aquella casilla de Zuacorta se los debemos a Felipe II y a los Médici, y que unos centenares de años después, un amante de todo lo patrio como era Franco se los cargase importando a los “cabezones” desde Estados Unidos… ¡Cosas veredes querido Sancho!

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