LOS HERBIVOROS

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José Ignacio García-Muñoz (Queche)

Si no hubiese hierba, los leones no podrían comer. Ni los leones, los leopardos, los guepardos, ni ningún otro felino cuya dieta principal es la proteína de la carne, y para eso, tiene que haber un escalón intermedio que transforme la hierba en proteína; de eso se encargan los protagonistas de hoy, los herbívoros.

Gacelas y antílopes de diferentes tamaños pueblan la sabana formando grandes grupos que siguiendo las lluvias migran en busca de pastos constantemente. Pueden formar pequeños grupos como las gacelas de Thompson, o rebaños de miles de cabezas como los ñus y las cebras, ya que, amparados en el número las posibilidades de sobrevivir son mayores. Suelen sincronizar sus partos en la época de mayor abundancia de comida para posibilitar la supervivencia del mayor número posible de individuos, puesto que los recién nacidos son presa fácil para los depredadores.

Aquí se cumple inexorablemente aquello que J.L. Arsuaga afirma en uno de sus libros: “En la naturaleza no hay decrepitud, sólo plenitud o muerte”, y aunque suene cruel, aquellos que estén heridos o sean demasiado viejos, son eliminados con prontitud. Alguna vez, los herbívoros ganan la partida y consiguen matar a sus depredadores. La coz de una jirafa puede partir la espina dorsal de un león, o dejarle la mandíbula inservible con lo cual morirá de hambre, algo que es válido también para las cebras. Los cuernos de un ñu, pueden disuadir a una leona en ocasiones.

Téngase en cuenta, que un ñu adulto, puede pesar alrededor de 275 kg y medir casi dos metros a la cruz, y una leona pesa alrededor de 180 kg si está en buena forma. Aunque parezca mentira, hay antílopes que saben mejor que otros y por lo tanto son más cazados. No es el caso por ejemplo del antílope de agua cuya carne no tiene muy buen sabor para los leones, y eso que estos se comerían hasta una tortilla de patatas de esas de supermercado.

El caso es que, a estos pobres herbívoros les toca ir de entierro cada dos por tres, y para poner en perspectiva como siempre los datos, comentar que solo en Tanzania, los pastores matan alrededor de 200 leones al año para proteger su ganado y ocasionalmente su vida. Si tenemos en cuenta, que en Tanzania mueren de media 37 personas al año por ataque de león la proporción nos es favorable.

En cualquier caso, contemplar en vivo la migración anual de ñus y cebras por el Serengueti es un espectáculo digno de verse por su grandiosidad, aunque por debajo y como siempre en África, el teatro de la vida y de la muerte acude fielmente a la representación de su función diaria.

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