ROTA

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Uno del Pueblo

Veinte años sin ver el mar… Circunstancias de la vida. De pronto, y tras cinco horas de tranquilo viaje en el coche de un buen amigo, te reencuentras con el inmenso Océano Atlántico, de aguas limpias cercando la costa donde se cocina urta a la roteña. Caballos por doquier, cual aquí vemos ovejas, con «corrales» para pesca de camarones y otras especies marinas que se obtienen por medio de sistemas ancestrales, aprovechando las subidas y bajadas de mareas. Pinares entre dunas, pinares protegidos, con grandes extensiones de estas especies arbóreas que aportan sombra y frescor sin que el rey sol sea capaz de traspasar el entramado de pinares costeros con camaleones, únicos en España, pinares que se visitan y disfrutan a través de pasarelas similares a las de nuestras Tablas.


La playa de Los Corrales, Punta Candor, El Chorrillo, La Costilla, La Ballena, etc, etc, hasta más de quince kilómetros repartidos entre seis playas, nos han sorprendido, teniendo en cuenta el orígen manchego de quien esto escribe. «Cuantísmos » metros de playa, qué «larguísmo» el litoral roteño, que «suavíco» el océano, que «clarica» la mar salada, muy lejos del «mecachis en la mar».

Cinco días nada más, concentrado en naturaleza especial de la zona, sol que broncea entre uva «tintilla», con vino local apreciado entre entendidos y turistas interesados en la doctrina del dios Baco, vistas en lontananza, pero claras, de la Bahía de Cádiz, playa nudista entre medias con verduras colgantes de dudoso gusto, nabos de poca monta, todo ello entre banderas azules que otorgan al entorno calificaciones de máximo nivel.


Visita obligada a Cádiz, tacita de plata, donde España y América se funden en culturas de todo tipo, variedad de personajes, productos alimenticios y tonos lingüísticos peculiares, con «pisha», identificativo del lugar, «quillo» sevillano, que recaba atenciones inmediatas entre oriundos, nada de «oye tú», «pisha», «vale pa tó»…; merece la pena visitar esta urbe portuaria, rodeada por el mar, con astilleros históricos y Catedral emblemática de la ciudad; monumento a La Pepa, Constitución de 1.812, el Gran Teatro Falla, sede del Carnaval de Cádiz, Fábrica Nacional de Tabacos, Playa de la Caleta, la Puerta de Tierra… te pierdes entre bellezas histórico-culturales, rincones fenicios que nos recuerdan tiempos pasados, tal vez en otra vida…

Luis Sanguino, el escultor, recabó nuestra atención en el monumento funerario a la histórica y popular Rocío Jurado, mausoleo espectacular a la entrada del cementerio de Chipiona, bronce sobre mármol coronado por pirámide de cristal. Diversas esculturas de la peculiar artista marcan rincones con clase y buen gusto en la villa chipionera, con recuerdo especial para quien escribe de un chipionero de adopción, antiguo compañero de estudios de Éibar, reciente y felizmente reencontrado por casualidades de la vida, Océano Atlántico por medio.

Cremas bien extendidas, «pringao» de protección cincuenta para pieles ultra blancas, hasta el extremo de regresar a Daimiel sin detalle alguno de «moreno playa», lograron que picores, molestias o quemaduras solares no hicieran mella en la pellica de uno. «Calentitos» y churros del lugar, eso sí, servidos sin prisa alguna por camarero avezado en manejo de paciencia clientelar, léase cartel adjunto; pescaítos fritos, cruzcampo, porrazos del pueblo, tomates con aceite y sal del terreno, paseos kilométricos por las amplias extensiones playeras, camarones de los «corrales» de la zona, baños en el mar, chopitos, más crema bien «untá», risas, cotilleos, recuerdos daimieleños con barcos y bahía de fondo, mojete de patatas con sabor a Daimiel, queso de nuestro pueblo, tertulias anárquicas, algún cigarrito, agua fresquita también, piscina en la urbanización, croquetas hechas cerca del mar, más cruzcampo…, y a tomar el fresco por la noche a pie de la casa de mi hermana, anfitriona junto a mi cuñao de todo este evento, con el apoyo de la hermana pequeña, con residencia coyuntural en la zona.

Detalle especial para el helado de chocolate, cual los coyotes de Daimiel in illo tempore, comprado en la Rota moderna, plagada de turismo español salpicado por «yankees» de la Base Naval, auténticos mostrencos físicos. Aviones, cazas, mercancías, todo ello por aire, perturbaban, eso sí, con sus exagerados decibelios la tranquilidad normal, menos mal que eran minutos contados a la misma hora del día, que incluso hacían elevar la mirada de novatos hacia aquellos instrumentos que hacían música especial para los oídos, con fondo celeste.

Y todo esto avivado por una Lola, que no Dolores, de ocho meses, que avivaba momentos imprevistos con cánticos, risas, lloros, movimientos agitados de manos, pastel de entrepierna por medio, y centro de atención del personal, grupo de dudosa calificación con genética común que trastorna cualquier ambiente normal entre mortales.

Ingredientes para periplo Roteño:

  • 1 Hermana, poco hecha, que tenga casa allí.
  • 1 Coche prestado por amigo fiel.
  • 1 Hija conductora para viaje de cinco horas.
  • 1 Flotador sobre asiento del coche para evitar dolores y fricciones en el coxis aunque cambies de postura.
  • 50€ de gas – oil.
  • 1 Madrugón para aprovechar desde el primer días playa y chiringuito.
  • 2 Cuñaos que te esperen y actúen de cicerones, con cruzcampo de bienvenida.
  • 1 Panda sobrinos ¿maduros? e hijos revoltosos.
  • 1 Cargamento de crema para el sol.
  • 2 Docenas de porrazos de La Duquesita.
  • 1 Queso del pueblo.
  • 2 Kilos de chorizos de Daimiel.
  • 2 Kilos de morcillas de Daimiel.
  • 1 Gafas de sol de las que se olvidan.
  • Muchas ganas de traspasar fronteras y adquirir cultura, entre risas, flores, fandanguillos y alegrías…
    Esto es todo amigos.
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