LAMPARONES

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Uno del Pueblo

(Desde los auspicios tabernarios de Gile Marcán)


¡»Amos, hija mía te paece a tí como me trae el hato estrenaico esta mañana…! Que ha salío de casa como un pincel y mira como me llega, encenagao y llenetico de lamparones…»


Esto le cuenta Manoli a su vecina Alfonsa, después de contemplar la llegada de José Manuel, esposo fiel, que se ha ido el sábado al mediodia a echarse unos chatejos con las amistades…


Es inevitable… Y no le demos vueltas… Si uno está en sociedad y alterna en bares o tabernas, está expuesto a estas consecuencias que emanan del propio alterne.


Sí que es verdad que el lamparón lo tiene más fácil a partir del tercer chatejo, cuando ya la panza se distiende hacia el exterior y deja de estar paralela a la plomada que marca rectitud respecto a la medida marcada al salir de casa. Se abomba la panza, nadie sabe cómo, y la probabilidad de que la mancha de aceite proveniente de rebaná de orejamula de tiznao, que chorrea desde comisura de labios tras bocado ronchón pleno de placer, disfrute y gula, llegue en caída libre y sin control al epicentro de la panza, ahí a la altura del ombligo, en menos que canta un gallo,es alta. No digamos ná si llevas corbata, cada vez más en desuso y que por ende ahorra bronca más cargada de bombo.


El lamparón, mancha grande de aceite, grasa o sustancia parecida, de modo bien visible, que salta a la vista, forma parte de la vida misma.


¿Quién le exige a su nieta que tenga cuidaico con los cholrritones de la papilla de frutas que le resbalan desde la boca hasta el pechejo del pelele que le acaba de elaborar la abuela, en día de estreno, tras un mes de punto y confección? No hay valor para afrontar el suceso, que se despacha con risita complaciente y comentario cómplice por lo bien que come la niña…


Pero si el cholrritón es de color vino tinto sobre polo de marca de anca Martínez, ya la cosa «varea»…


¿De ande vienes hecho un guarral? Cuatro manchas, lamparones inocultables, saltan e incluso dañan a la vista, churretes de pringue de distintos orígenes, salpicadura de borrón intachable, mácula visible y decolorada que emborrona el polo de moda, blanco para más señas… Y digo yo que qué sabrá la goteja de pisto o asadillo de marcas comerciales, que dice la tele que son muy buenas…


La mancha, el lamparón, no distingue de clases ni de costes. El lamparón es válido y compartible con Lacoste, Adolfo Domínguez, Calvin Klein, Dustin, Emidio Tucci, Denim Blue de anca Martínez, o marca anónima «del martes», pasando por los nikis publicitarios de mi empresa. El lamparón pringa a todos sin distinción, como debe ser. ¿Quién no tiene alguna mancha en su vida? Es inevitable el lamparón…? Profunda reflexión en esta tarde de sábado, ya sin Liga y sin una corrida que llevarnos a la boca… ya no televisan ni la Beneficencia, con el Rey presidiendo sin mácula…, los tiempos cambian que es una barbaridad…


Y reconduciendo el tema, antes de que se nos vaya la olla, reconozcamos que no es lo mismo la salpicadura de chupeteo de cabeza de langostino de Sanlúcar o Guardamar, que una mancha de café con leche y galletas «esponjás». Ni se acepta igual en casa la mancha de chorizo frito, que al dar un bocao en la feria se revienta y a ver quién pone coto a la caída del aceitillo sobre el cocodrilo de Lacoste, o el lamparón de berenjena sobre la pechera incluso con culo p´atrás, tras la explosión en boca del inigualable bocado a la pulpa, con rabo bien apretao con tres dedos y echándote el pelo patrás, y si es de Almagro ya ni te cuento. De inferior categoría es el lamparón de una sopa de callos u oreja en salsa, que junto a las higadillas en salsa, componen un lamparón de caldejo traidor y de dificil justificación ante tus superiores.


La gota de yema de huevo frito mojando pan como Dios manda, queda equiparable a la de gachas comías con pan recien cortao con navajilla… Y el cholrritón del helao, con lamparón de fresa con chocolate, que qué me dices…, y de la mancha de mora, ni hablamos…


A ver cómo quitan las manchas el tintorero o el ama o amo de casa. Lamparones que echan a perder la ropa ya mismo. Manchas de sangrecilla porque te has cortao un dedo al pelar la naranja, lamparones amarillentos sobacales, propias del sudor y que además quitan el color original del polo que te pones para estar fresquito…, lamparones de mejillones en escabeche al forzar la anilla cabrona de apertura, con salpicones inevitables, la tinta del calamar, no te lo pierdas, los salpicones de la remolacha morada o del tomate frito de bote… el vino que mancha, vaya con el vino, el tinto, lo rico que está y como te caiga una mancha ya la tienes liá en casa, sobre todo como no haya estado ella presente en el evento… Y las manchas de tinta, qué?. Para quienes escribimos sin salir de casa, ya la tienes también liá…,con tinta o con tinto, los lamparones son inevitables, forman parte de la vida misma…


¡Amos hija mía, te paece a tí como me trae el hato, la camisa y los calzones lleneticos de lamparones, ande habrá estao…?!

Y eso que somos de La Mancha…

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