SEQUÍA

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José Ignacio García-Muñoz (Queche)

Nadie puede discutir lo evidente, y en este caso nadie puede negar que hay sequía y por lo tanto escasez de agua. Quizá, es el cambio climático, quizá son los ciclos de la naturaleza…cualquiera que sea la razón es un hecho, que el agua se puede (de hecho, ya lo está haciendo) convertir en un bien escaso y por lo tanto valiosos que hay que cuidar, conservar y utilizar de la forma más racional posible. Expertos geo estrategas afirman que el agua será la riqueza de las naciones dentro de un periodo de tiempo no muy lejano. Habrá que acometer obras de envergadura para producirla y distribuirla desde aquellos lugares que la tienen, a aquellos otros menos afortunados, y sin despilfarrar ni una gota por el camino. Habrá que cambiar usos y costumbres, especialmente en lo que llamamos “primer mundo” que somos los que nos vamos a llevar el guantazo en los hocicos al menor descuido. Europa es el continente en que comparativamente, la temperatura media ha subido más en los últimos años. En los países del tercer mundo, ya conviven con esta situación hace tiempo, y saben lo que vale conseguir un litro de agua, y convertirla en potable; se han adaptado y valoran y gestionan tan escaso recurso de una forma mucho más eficiente que nosotros que, hasta ahora no tenemos más que abrir el grifo para obtener un caudal que inconscientemente creemos inagotable.

Veamos qué es eso de “sequía”:

 Sequía meteorológica:

Se dice que se está en sequía meteorológica cuando se produce una escasez continuada de las precipitaciones. Es la sequía que da origen a los restantes tipos de sequía y normalmente suele afectar a zonas de gran extensión. El origen de la escasez de precipitaciones está relacionado con el comportamiento global del sistema océano-atmósfera, donde influyen tanto factores naturales como factores antrópicos, como la deforestación o el incremento de los gases de efecto invernadero.

La definición de sequía meteorológica está vinculada a una región específica, ya que las condiciones atmosféricas que producen déficit de precipitación son muy variables de una región a otra. Además, este tipo de sequía también puede implicar temperaturas más altas, vientos de fuerte intensidad, humedad relativa baja, incremento de la evapotranspiración, menor cobertura de nubes y mayor insolación; todo ello puede traducirse finalmente en reducciones en las tasas de infiltración, menor escorrentía, reducción en la percolación profunda y menor recarga de las aguas subterráneas. En muchos casos el indicador primario de disponibilidad de agua es la precipitación.

Sequía hidrológica:

Puede definirse como aquella relacionada con periodos de caudales circulantes por los cursos de agua o de volúmenes embalsados por debajo de lo normal. Una definición más precisa sería la disminución en las disponibilidades de aguas superficiales y subterráneas en un sistema de gestión durante un plazo temporal dado, respecto a los valores medios, que puede impedir cubrir las demandas de agua al cien por cien.

A diferencia de la sequía agrícola, que tiene lugar poco tiempo después de la meteorológica, la sequía hidrológica puede demorarse durante meses o algún año desde el inicio de la escasez pluviométrica o si las lluvias retornan en poco tiempo, no llegar a manifestarse.

Sequía agrícola o hidroedáfica:

Puede definirse como déficit de humedad en la zona radicular para satisfacer las necesidades de un cultivo en un lugar en una época determinada. Dado que la cantidad de agua es diferente para cada cultivo, e incluso puede variar a lo largo del crecimiento de una misma planta, no es posible establecer umbrales de sequía agrícola válidos ni tan siquiera para un área geográfica.

En zonas de cultivos de secano va ligada a la sequía meteorológica con un pequeño desfase temporal dependiente de la capacidad de retención de humedad del suelo edáfico. En zonas irrigadas la sequía agrícola está más vinculada a la sequía hidrológica.

Sequía socioeconómica:

Entendida como afección de la escasez de agua a las personas y a la actividad económica como consecuencia de la sequía. Para hablar de sequía socioeconómica no es necesario que se produzca una restricción del suministro de agua, sino que basta con que algún sector económico se vea afectado por la escasez hídrica con consecuencias económicas desfavorables.

La creciente presión de la actividad humana sobre el recurso agua hace que cada vez sea mayor la incidencia de la sequía socioeconómica, con pérdidas económicas crecientes.

Evidentemente, la gestión de la situación de sequía corresponde a las autoridades gubernamentales que han de hacer diferentes políticas encaminadas a garantizar el abastecimiento para uso industrial y agrícola optimizando los recursos disponibles y adecuándolos a la situación particular de cada región. Está claro, que no se puede cultivar trigo en el Kalahari, ni hacer campos de golf en el desierto de Atacama, es macropolítica que queda lejos de la responsabilidad del ciudadano particular más allá, de exigir a nuestros gobernantes que se lo tomen en serio.

Entonces, ¿qué podemos hacer a nivel individual?

Decíamos antes, que estamos acostumbrados a acudir al grifo, y que el agua salga, pero podemos, y debemos cambiar algunas de esas costumbres.

El otro día, llevé a cabo un experimento doméstico: me propuse comprobar, si era posible ducharse utilizando solamente cuatro litros de agua. Llené dos botellas de una conocida marca de refrescos con agua templada, y me puse a la tarea, y aunque no fue una sorpresa el resultado, sí que confirmó, que tal operación es posible sin por ello convertirte en un tipo falto de higiene. Téngase en cuenta, que según la O.M.S, una ducha de cinco minutos conlleva un gasto de agua de 100 litros, y que cien litros, ¡son los que bebe una persona en 50 días! De modo que, aunque estemos acostumbrados a escucharlo, una primera rociada para humedecer la piel, y a continuación cerrar el grifo, enjabonarse, y otra rociada para aclarar. En total el grifo estuvo abierto tres minutos y créanme, es tiempo suficiente. Pero aún podemos hacer algo más, si tenemos la precaución de colocar un cubo dentro de la ducha, parte del agua que utilicemos (recordar que eran 100 litros) caerá dentro, y podremos utilizarla para ahorrar alguna cisterna al hacer aguas menores. El agua fría que sale hasta que llega la caliente, la debemos reutilizar guardándola en un cubo, para posteriormente fregar el suelo o regar las plantas, a muchas de las cuales, por cierto, les basta con pulverizar el agua y tener la tierra húmeda. Previamente, habremos seleccionado para nuestro jardín o macetero aquellas que no necesiten mucha agua, así no se desperdicia ni una gota.

¡Qué decir mientras nos afeitamos o nos lavamos los dientes! (más de 10 litros cada vez multiplicado por tres si nos lavamos tres veces al día) Por supuesto el grifo cerrado

Con la vajilla pasa lo mismo que con la ducha. Si tenemos la precaución de retirar los restos de comida con una servilleta de papel sin dejar que se queden pegados, podremos utilizar un programa corto en el lavavajillas lo cual nos ahorrará un montón de agua además de energía eléctrica; por supuesto, conviene no ponerlo hasta que esté lleno.

Otra cosa muy útil, es colocar aireadores en los grifos para que el agua salga pulverizada parcialmente obteniendo mayor rendimiento cada vez que abramos el grifo. Resulta igual de eficaz y económico, reparar las pequeñas pérdidas en aquellos grifos que gotean, o en aquellas cisternas que pierden agua poquito a poco, la manguera del riego etc. y que por dejadez vamos demorando.

Con la lavadora, igual que con el lavavajillas; siempre llena, y utilizando programas cortos cuando la suciedad de la ropa lo permita.

En general, son medidas que cada uno de nosotros conoce, pero tal vez nos falta la voluntad para introducir el cambio de chip. Ya sé, que es una chorrada, pero el agua que nos hemos servido durante la comida o la cena y que no hemos bebido, al final termina en el desagüe de la pila, y podríamos colectarla en el cubo de agua limpia para regar las plantas o enjuagarnos después del cepillado de dientes. Un coche, no hace falta lavarlo cada dos por tres. Un túnel de lavado tradicional (según Norauto que asegura que su sistema gasta un 40% menos) gasta de media unos 300 litros de agua, mientras que si lo hacemos con la pistola de presión serán unos 60L.

Como podemos comprobar, en una familia de cuatro personas solo en duchas podemos gastar 400 litros diarios si es que las duchas son de cinco minutos cosa que, al menos en el caso de los adolescentes se va bastante más allá. Si pudiéramos recuperar el 50% tendríamos para tirar de la cadena (se gastan entre 8 y 10 litros cada vez) y fregar el suelo además de regar las plantas todos los días. Habrá quien piense que es “el chocolate del loro”, pero es que solo en la Unión Europea somos más de 447 millones de personas, y eso queridos amigos, son muchos loros comiendo chocolate, un chocolate cada vez más escaso.

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