DESDE UN MARDETRANKILIDAD. Declaración de intenciones.

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Mar Carrasco Suárez

Iniciar una actividad siempre es un reto en lo personal, pero cuando además lo haces incentivada por alguien que tiene puestas sus expectativas en ti, inevitablemente suma presión a la fórmula en tanto que supondrá adentrarse en territorios inhóspitos y despertar cualidades bien desconocidas o que quizás lleven algún tiempo puestas en barbecho.

He de admitir que en mi caso los retos, vengan de donde vengan y sean de la naturaleza que sean, siempre me han estimulado en lo más íntimo de mi ser consciente y pensante.

Soy curiosa sin permitirme llegar a resultar impertinente, osada pero no temeraria. Me ilusiono con cada nuevo proyecto porque implica una nueva OPORTUNIDAD de avanzar, de aprender, y, sobre todo, poner a prueba capacidades y potencialidades.

Aún con flequillo despeinado por el aire del capote arrojado a los ojos de manera sorpresiva por mi audaz interlocutor, en apenas un par de segundos mi computadora interna procedió a ejecutar la orden de “procesamiento y evaluación” a la  inesperada propuesta.

Comando 1. Valoro la cuota de dificultad y desempeño… accesible.

Comando 2.  Cuantifico el nivel de gratificación…  Ummm, sugerente y excitante a la par.

Comando 3. Evalúo la cuota de trabajo y compromiso… asumible.

Porqué digamos lo que digamos y por bien que se nos dé, escribir requiere tiempo, esfuerzo y autoexigencia, claro que sí, pero igualmente intuyo que sumará dividendos en formato de satisfacción y crecimiento personal.

ESCRIBIR. ¿cómo voy a decir que no a algo que vengo haciendo desde mi más tierna infancia con mejor o peor tino. La primera vez que sentí la necesidad de hacerlo fue para fijar sobre el papel el impacto que tuvo en mi aquella primera peli de la saga “Stars Wars”, allá por noviembre de 1.977.

Me flipó hasta el punto que sentí la necesidad imperiosa de retener por el resto de la eternidad cada escena, cada planeta, cada personaje, cada pequeño e insignificante detalle, hasta hacerlos eternos en mi memoria.

Evidentemente el vídeo no existía en ese momento, la menos en España. De hecho, no llegaría a mi vida y a mi casa hasta pasados un porrón de años después, de modo que como única opción me quedó novelar pacientemente aquella historia en mi viejo cuaderno de lengua, eso sí empezando por la parte de atrás y del revés. Entonces el material escolar se aprovechaba ¡hasta el infinito y más allá! (ves otra peli que me cautivó sobre manera en su momento, pero centrémonos en lo que hoy nos incumbe).

Recuerdo haber leído aquel relato decenas de veces después, hasta que un día mi juicio crítico de adolescente marisabidilla me dijo al oído muy muy bajito. “Oye esto es una puñetera mierda, hazte el favor de tirarlo a la basura antes de que caiga en manos de tu hermano y te deje en ridículo en la próxima fiesta familiar”.

Y así lo hice, sin tener en cuenta que quizás estaba haciendo añicos un magnífico “best seller” orgullo de toda mi estirpe y descendencia futura. (¡Bahh ! unas gotitas de… fina ironía nunca vienen mal, ya me entienden, sobre todo lo harán los que trabajaron conmigo en la última entrega del baile de ánimas. Guiño para ellos)

Lo cierto es que a partir de ese momento he escrito en multitud de ocasiones por pura necesidad y con diferentes motivos; a veces por dejar patente mi opinión sobre tal o cual tema, o para plasmar mi febril y desenfrenado amor al noviete de turno, o sencillamente como medicina curativa para el cuerpo y el alma.

Así que cuando Pepe Ayuga me dice, “oye, por qué no colaboras en el “Daimiel al Día”, reconozco que sentí ese pellizquillo en el estómago que sólo despiertan los riesgos placenteros. ¿Tema?, pregunté esperando acotaciones editoriales lógicas y esperables.

Ninguna… esa fue su respuesta. De modo que emprendo la tarea con sumo gusto e interés, aunque con tan laxos condicionantes de su parte, me temo que seré yo la que impondré los míos propios.

Señoras y señores, amigos… ¡ Anuncio que en el día de hoy de nuevo me lanzo de cabeza a una piscina en la que ya he hecho anteriormente muchos largos en diferentes estilos literarios!.

Asumo el reto esperando sobre todo no decepcionar ni al “maestro”, ni al respetable, pero no sin antes hacerles partícipes, eso sí, de mis propios límites.

  • Trataré de abrir una mirada caleidoscópica y crítica a la realidad haciéndola pasar por el tamiz de mi sistema de valores, formación y educación y por tanto, aviso que no seré esquiva con las posibles temáticas ni por supuesto objetiva. Todo cuanto caiga en mi radio de acción será presa de esa mirada.
  • Por el contrario, y sin dejar de ser fiel a mí misma, rehúyo caer en la ofensa vana. Por suerte nuestro lenguaje está dotado de una cantidad ingente de vocablos y expresiones con los que poder manifestar mi opinión sin necesidad de caer en lo soez, lo vulgar o lo irrespetuoso. Dañar porqué sí, porque está sencillamente a tu alcance, no forma parte de ni de mi código ético ni genético.
  • Intentaré que cada aportación vaya siempre impregnada con unas gotas de “Eau riante” Al fin y al cabo todos sabemos que la risa y la empatía son dos de las emociones humanas más universales y vigorizantes. A mi entender, no ponerse en la piel del otro nos convertiría, o bien en autómatas o en desnaturalizados psicópatas, y a dios gracias no creo encontrarme dentro de ninguna de esas dos categorías.
  •  Y por último y si por ello “muchísisismo” más importante, procurar en todo momento DIVERTIR y DIVERTIRME.

Así que ese es el reto, ¡AHÍ ES NÁ!.

Valientes y osados exploradores del “MardelaTrankilidad”, quedáis emplazados hasta la próxima entrega.

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