DÍA MUNDIAL DE LA FOTOGRAFÍA

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Paki García -Velasco Sánchez

Hace unas semanas se celebró el día mundial de la fotografía y como sé que aquí en Daimiel esta afición tiene muchos seguidores, he querido rendirles o rendirnos con estas letras (porque yo soy una más de ell@s) un pequeño homenaje.

El origen de este día es porque un 19 de agosto de 1839 el inventor y artista francés Louis-Jacques Daguerre presentó ante la Academia de Ciencias de Francia su invento; el daguerrotipo, el cual le permitía capturar una imagen a través de un proceso químico.

Aunque el Día Mundial de la Fotografía en sí, fue una iniciativa del fotógrafo australiano Korske Ara, que desde el año 2007 empezó con un concurso de fotografía donde podía participar cualquier persona y cuya recaudación se destinaba a una organización para la atención médica de la infancia, y que pasó de los 250 participantes el primer año, hasta más de 500 millones de personas en el 2017.

Por eso al ser este día tan especial para muchos de nosotros, quiero con este escrito, hacer un reconocimiento a todos los que de una forma u otra habéis vivido las cosas más o menos parecidas e incluso iguales a mi (menos los que en casa tenían un padre o familiar que se dedicara a ello en plan profesional, claro está).

Pero sobre todo, y a modo de guiño, quiero hacerles un tributo a todas esas cámaras que han pasado por mí vida, en especial a aquella primera que cayó en mis manos (que además era compartida por toda la familia) y que fue la culpable de que nos picara (a mí hermano y a mi) el gusanillo en todo este mundillo; esta no era otra que una Agfa Pocket, una cámara plana, super estilizada y pequeñita que al cerrarla te cabía en un bolsillo, decir que las fotos que tomaba salían bastante bien a pesar del carrete tan pequeño que gastaba, al menos a mí me gustaba el resultado.

Lo malo de aquellos primeros años en los que muchos empezamos esta andadura, era la poca duración del carrete de turno y lo caros que estaban por aquel entonces, porque ya me diréis lo poco que se podía hacer con 18, 24, 28 o 36 fotos que era lo que traían; había que saber aprovecharlas al máximo e intentar que salieran en ellas la familia o los amigos para que las diéramos por “bien utilizadas”, no servía eso de hacerle una foto a una flor o a un monumento si tu no estabas de por medio, era como desaprovechar un disparo. Y en cambio ahora me pongo ante cualquier cosa o paisaje y en menos de un minuto de las 50 instantáneas no me baja nadie. Y en eso hay que aplaudir a quien inventase esto de lo digital ya que ahora es un gustazo, lo primero porque ves la foto nada más hacerla y lo segundo porque sacas las que quieres en papel y las demás van al disco duro (para algunas veces ni volver a repasarlas o mirarlas de nuevo, eso también es verdad) pero ahí están, cosa que antes no pasaba ya que te tenías que quedar con todas, estuvieran bien o mal, desenfocadas o veladas, si salías con los ojos cerrados o poniendo caritas…por lo que más de una vez y después de una semana de espera, cuando ibas a la tienda de fotos a recogerlas y mirabas el resultado final, te llevabas un disgusto enorme porque no habían quedado como tu pensabas , y claro, no podías repetirla porque el momento ese que tu querías ya pasó. Lo bueno por aquel entonces y un aliciente más para seguir con la afición, fue cuando empezaron a regalar otro carrete al llevar a revelar el anterior, así te ahorrabas el tener que comprarlo!.

Otra cosa buena que tenemos en nuestro tiempo es que ahora las fotos que haces las ve mucha más gente gracias a Internet y a las muchas aplicaciones que existen: Instagram, Facebook, Twitter etc… cosa que antes tan solo las veían la familia y poco más.

Pero a lo que íbamos, que se me va el santo al cielo, que por aquel entonces y gracias a la Agfa, me picó el gusanillo de darle al “click” y desde entonces han pasado muchas cámaras por mis manos (Agfa, Kodak, Airis, Canon, Panasonic etc)… y varias más sin ser marcas tan conocidas. Al principio todas las que tuve eran de carrete y después llegaron las digitales, esas que eran tan pequeñitas y que iban con pilas en vez de batería, con esas sí que estuve bastante tiempo, hasta que hace unos años di el salto a la réflex, menudo cambio noté en lo que era la nitidez de la imagen (y también en el peso de la cámara, todo sea dicho).

Aún conservo algunas de aquellas cámaras y no creo que nunca me deshaga de ellas, ya que de una manera u otra, forman parte de mi vida, de mi historia y han tenido que aguantar lo suyo conmigo y mis cosas, desde chaparrones los días de lluvia, hasta ponerlas encima de la nieve algunos inviernos o tiradas en la arena las veces que he ido a la playa (bien buenas que me han salido las pobres) como para deshacerte de ellas!!

Y también desde aquí vaya una mención especial al que se le ocurrió instalar una cámara en el teléfono móvil, ya que por muy mala que sea la lente que lleve, en caso de necesitarla, siempre tenemos con él una salida de emergencia que más de una vez nos ha sacado de un apuro.

También quiero decir que gracias a este “pasatiempo” o como se le quiera llamar, hemos hecho varias salidas por los alrededores específicamente a fotografiar, y en estas mini quedadas he llegado a conocer a mucha gente la cual comparte esta increíble afición de dejar plasmados momentos que a algunos nos parecen únicos, mágicos e irrepetibles, esos momentos, los cuales, y si fuese de otra manera, tan solo podríamos disfrutar nosotros mismos y no compartirlos con el resto del mundo.

Y es que como alguien dijo alguna vez: “La fotografía es un poema con corazón, escrito con luz y reflejos del alma…”

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