RECUERDOS DE UN PASADO LEJANO

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Paki García Velasco Sánchez

Hace ya algún tiempo y en el grupo en el cual soy moderadora junto con otras dos personas, hice un escrito recordando una profesión la cual ya no existe como tal y que es la de practicante !! Bueno, para ser más exactos aquel escrito no era para recordar la profesión en sí, sino a la persona que había detrás de ella. Aquí en Daimiel, hemos tenido bastantes profesionales, en su totalidad hombres, que por aquel entonces se dedicaban a eso, al arte del pinchazo. Este es un pequeño homenaje a todos ellos: Juanito, Moraleda, Calero, Nicasio, José Rodríguez, Martos, Isidro, Jesualdo, Jesús, Luis Casillas, Pepe etc…y perdonad si me dejo alguno.

(He de aclarar que estos recuerdos son de cuando yo era pequeña, pero dejaron tal huella en mí, que a pesar del paso de los años aún siguen vivos en mi cabeza como el primer día)

Porque vamos a ver, seguro que más de uno recuerda cuando se ponía enfermo, le   llevaban al médico y este, como si no hubiese otra cosa que recetar, casi siempre te mandaba inyecciones, y he dicho casi siempre porque había veces que tenías suerte y con un jarabe te curaban lo que tenías, pero vamos, que los pinchazos eran los ganadores de la batalla por goleada…. aún recuerdo ese momento en el que Don Narciso, mi médico de cabecera, después de auscultarme, se ponía a hacer la receta (que entonces se hacían a mano) mientras yo solo pensaba para mis adentros “que no sean pinchazos, que no sean pinchazos”…. pero nada, al final resultaba que sí, que lo eran… Madre mía los temblores que me entraban por el cuerpo al escuchar el veredicto y más cuando después iba con mi madre a la farmacia y acto seguido al practicante para empezar cuanto antes con el tratamiento.

Nuestro practicante era Juanito, aún recuerdo su casa con la puerta abierta enfrente del Parterre, entrar al portal, y al fondo verse un patio muy bonito. A mano izquierda la sala de espera y dentro de ésta la habitación donde pinchaba, una vez allí, en la sala de espera ,en esa habitación tan pequeñita y con el inconfundible olor a alcohol tan típico en esa profesión, esperabas tu turno sentada en aquellas sillas de madera (que por aquel entonces yo las veía enormes), mientras escuchabas en la habitación de al lado, el clásico sonido de la aguja y la jeringa caer en la bandejilla (esa bandeja de acero con forma de riñón, que ellos usaban para esterilizar los útiles para el próximo “cliente”)… y claro en ese momento en que se abría la puerta y salía quien estaba dentro, sabias que ya no había vuelta de hoja y que la próxima eras tú. Aún se me pone la piel de gallina al recordarlo ….reconozco que, como a muchos, nunca me han gustado los pinchazos.

Recuerdo qué al pasar, mi madre me agarraba fuerte porque yo inconscientemente me iba echando para atrás porque ya sabía lo que me esperaba…. y cuando se sentaba y me ponía sobre sus rodillas, yo, en un acto reflejo apretaba el culete y me ponía más tiesa que un palo, (como si eso me fuera a servir de defensa, ya ves ) pero claro, el practicante que se las sabía todas y no tenía un pelo de tonto, te pegaba un azote que te pillaba por sorpresa, y  en eso que dabas la “encogía”, iba  y te clavaba la aguja …..¡ale! por tonta te llevabas el pinchazo y el azote , y luego te decía: “cuando quieras vuelves a hacerlo“, y es que más de una vez algunos pacientes le hemos doblado la aguja con ese método…y claro , al día siguiente y al otro y así hasta que terminabas con el tratamiento, repetíamos la misma historia.

Se que a los de mi generación les puede sonar de algo lo aquí escrito e incluso me atrevo a decir que más o menos lo habrán vivido igual que yo, pero a los más jóvenes estoy por decir que no.

Con estas letras solo quiero rendir mi particular reconocimiento a aquellas personas que detrás de esta profesión, tuvieron que aguantar nuestras rabietas y lloros a la hora de hacer su trabajo, y también decir, que más de uno salimos adelante gracias a ellos.

Esta foto es de DONOSO, de los años 60, más concretamente de 1968 y es en la boda de Juanito, que según mi amigo Antonio Manuel Naranjo, es historia viva de Daimiel y en ella se pueden ver a grandes profesionales de la aguja, en ella están MARTOS/ MORALEDA/ JOSE RODRIGUEZ/ CALERO/ JESUS RODRIGUEZ, LUIS CASILLAS, JUAN FISAC BARBE / ISIDRO.

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