MARIPOSAS Y TABLAS

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Los días soleados de marzo nos indican la llegada de la primavera. Campos floridos y temperaturas suaves provocan la invasión de unos espléndidos y vistosos animales, las mariposas, que constituyen un gran orden de insectos que agrupa a más de 160.000 especies conocidas hasta el momento, divididas a su vez en mariposas diurnas y nocturnas, estas últimas también conocidas como polillas y que desde el periodo Devónico, hace unos 380 millones de años, habitan la tierra, por lo que tienen más que merecido el derecho a vivir en paz entre nosotros.
En el ámbito científico se las conoce con el nombre de lepidópteros, palabra que proviene del griego «lepis», que significa escama, y «pteron», que significa ala, en conclusión «alas escamosas». Escamas que, colocadas de forma imbricada, recubren las alas de estos maravillosos animales confiriéndoles vistosos colores y dibujos que les sirven para, entre otras funciones, buscar pareja, camuflarse o ahuyentar a sus depredadores.
Los adultos, en caso de que ingieran algún alimento, son todos libadores, alimentándose de líquidos, néctar y otros jugos a través de la espiritrompa o probóscide, aparato bucal de estos insectos que la evolución ha transformado en un tubo largo, flexible y que arrollan bajo la cabeza cuando están en reposo. Es esta función, la de la alimentación, la que acarrea uno de los mayores beneficios que aportan estos animales, ya que en su incansable y frenético vuelo de flor en flor, transportan el polen de unas plantas a otras favoreciendo la polinización, misión que desarrollan magníficamente si tenemos en cuenta que se ha estimado que más de las dos terceras partes de la producción de los cultivos en todo el mundo depende de la actividad de los polinizadores, entre los que se encuentran las mariposas, y que tras las abejas y los abejorros, son de los más importantes.
En cambio, las orugas se alimentan de hojas, flores, yemas o frutos, según la especie, pues poseen bocas masticadoras, algunas provistas de potentes mandíbulas. De ahí la mala fama que acarrean al ser consideradas plagas de muchas plantas cultivadas.
Sin embargo hay que tener en cuenta que, además de la función de polinización, que por sí sola compensaría las pérdidas que puedan generar por la alimentación de sus orugas, son fuente de alimento para otras especies animales, lo que las hace un eslabón importantísimo de la cadena alimentaria  y magníficos  indicadores de la salud de los ecosistemas en los que habitan. A este respecto hay que tener en cuenta que debido a la relación tan íntima que existe entre animal y planta, cualquier alteración del hábitat se traduce, inmediatamente, en una alteración de las colonias y poblaciones de mariposas, tanto si esta alteración es de índole positiva como negativa, siendo consideradas excelentes bioindicadores y, desde hace varias décadas, utilizadas para estudiar el cambio climático.
Por otro lado, la apariencia frágil y vulnerable de estos animales esconde una fuerza descomunal. Muchas especies son consideradas migratorias, lo que se traduce en multitud de casos en la capacidad de realizar largos desplazamientos, a veces de miles de kilómetros. Es el caso, por ejemplo, de  la cardera (Vanessa cardui) que procedente del norte o centro de África atraviesa la península ibérica en dirección sur o noreste y realiza el viaje de regreso en un periplo de varios miles de kilómetros, llegando a Las Tablas de Daimiel a comienzos de la primavera. O la atractiva canela estriada (Lampides boeticus) cuyos ejemplares nacidos en el sur de Europa emigran hacia el norte a finales de verano y que en las Tablas vemos en el mes de mayo.
De las 227 especies ibéricas, 47 podemos ver en el Parque Nacional de Las Tablas de Daimiel, siendo el período más propicio para la observación de éstos fascinantes insectos los meses que van desde finales del invierno, en marzo, hasta casi acabar el verano allá por el mes de septiembre.

A éste respecto, el humedal juega un papel muy importante en la conservación de estas especies mostrándose como un oasis, reservorio de vida, en medio de un área muy alterada y humanizada con fines agrícolas, donde el uso de fitocidas e insecticidas y la eliminación mecánica de la vegetación espontánea son, en otras, prácticas habituales que reducen y, en muchos casos, eliminan las colonias de mariposas. Este espacio protegido les asegura refugio, bebederos, un microclima más favorable con temperaturas más agradables, y una gran variedad vegetal, ya que cada especie está asociada a una o varias plantas que les sirven de protección, alimento y para realizar la puesta de sus huevos. Por esta razón la presencia de unas u otras especies de mariposas dependerá de que en el lugar que nos encontremos existan estos vegetales.
Nazarenas (Favonius quercus) y querqueras (Satyrium esculi) en las escasas manchas de monte mediterráneo que quedaron incluidas en el Parque Nacional; blancas y blanquillas de la col (Pieris brassicae y Pieris rapae), las miméticas blanquiverdosas y blancas meridionales (Pontia daplidice y Euchloe crameri), cuyos dibujos del envés alar las hacen invisibles entre la vegetación de la que viven, las manto bicolor (Lycaena phlaeas), las morenas serranas (Aricia cramera) y los ícaros (Polyommatus icarus), en los campos floridos que abrazan el Parque Nacional, así como en los prados que se encharcan esporádicamente en el margen del humedal, donde abundan los limonios y las gramíneas; la dorada oscura (Thymelicus acteon), la veloz de las riberas (Gegenes nostradamus), el rey moro (Kanetisa circe), la mariposa de los muros (Pararge aegeria), la frenética saltacercas (Lasiommata megera) o la celeste náyade (Celastrina argiolus) junto a Las Tablas, en los bosques de ribera salpicados de chopos o retorcidos tarayes y donde abunden los floridos herbazales, son sólo algunos ejemplos de mariposas que necesitan del humedal para sobrevivir.
Supervivencia que se encuentra en peligro debido a que casi la mitad de las especies que habitan en Las Tablas son escasas o muy escasas en el área, con pocas colonias y pocos individuos debido a prácticas agrícolas características de cultivos intensivos, pérdida de hábitats, pérdida de conectividad entre espacios naturales y el cambio climático, entre otros problemas. De todo ello se deduce que el Parque Nacional sea la principal garantía de conservación de estos animales y asegure, a las generaciones futuras, la posibilidad de deleitarse con tan fascinante baile multicolor.
Alfonso Díaz-Cambronero Astilleros

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