MUCHA LUCHA, POCO RESULTADO (0-1)

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Uno del pueblo.

El Daimiel RCF salió al campo con la charla bien asimilada. Había que ganar, sumar puntos y dejar la mala racha que nos arrastra desde el inicio del campeonato. Y los jugadores salieron a por todas, con ardor deportivo, nada más que deportivo. En los primeros cinco minutos, ya se habían creado dos ocasiones finalizadas con tiro a portería y habíamos sacado bajo los palos la oportunidad del C.D Quintanar, que también estaba en el campo. La actitud del equipo daimieleño era otra, con Pera muy peleón arriba y un Carlos García mandando en defensa y con criterio a la hora de sacar el balón, bien acompañado por sus compañeros defensivos que tampoco lo hacían mal a la hora de atacar. Giti, Johny y Fran daban consistencia defensiva, sacando este último un balón que ya se colaba, en clara ocasión del rival. Al filo del cuarto de hora, una jugada ensayada en saque de falta, pudo convertirse en el primer gol local, clara ocasión del Daimiel RCF. Disputado encuentro en esta primera parte, con buenos momentos de los blancos. Hasta que llegó el minuto treinta y ocho y el buen equipo de Quintanar, en jugada bien peleada y elaborada por banda izquierda, llegada hasta el fondo, pase de la muerte y remate de Carmelo a la red. Otra vez a empezar, con marcador adverso y contra el reloj.

Segundo tiempo de más garra aún por parte de los locales, que por momentos agobiaban aunque sin tino a los quintanareños. Empeño, tesón, lucha sin cuartel y pasión por el empate, que no culminaba en nada positivo, mientras los rivales gozaron de alguna oportunidad más para cerrar el resultado del reñido encuentro. El Daimiel RCF la tuvo clarísima en remate a bocajarro de Pera que se estrelló en el estático meta rival, que se rehízo con el balón en el rebote ante el desencanto de los futbolistas locales y su afición. Ahí la tuvo el equipo de Alfonso Peláez, que ya deja notar su mano en la plantilla blanca. Seguimos confiando en remontar, imposible no hay nada, queda liga por delante y el Daimiel RCF ofreció sin duda mejor cara, más empuje, se vio nervio, actitud y lucha. Pero poco resultado. Si se continúa en esta línea, la situación es reversible.

Flojita fue la entrada en El Carmen, con presencia de quintanareños. Todos presenciamos además el show  del señor Mondéjar, trencilla del match que se hizo notar. Si la mejor nota para un árbitro es pasar desapercibido, éste desde luego fue la figura y el protagonista de la tarde. Hasta doce tarjetas desenfundó el juez amarillo, que así vestía, expulsando al togado Jesús González, capitán del Daimiel y modelo de deportista en el campo, que osó protestar un penalti tras agresión en el área chica de un defensor visitante, con intención o sin ella, pero el golpe al capitán local fue claro; expulsó a Pera, de oído, ya que él no miraba la jugada en ese momento, tal vez le avisara su bisoño línea por el pinganillo, segunda amarilla y ¡zas!, a contar los frailes, que dicen que falta uno. Hasta ¡diez tarjetas! fueron para los chicos del Daimiel, que ya hemos referido se emplearon con viveza, con pasión, con entusiasmo, con energía, con brío deportivo… pero nunca con violencia. Cualquiera que haya jugado al futbol, sabe que la persistencia de tarjetas sobre un equipo coarta la actitud competitiva del mismo. Pues el señor árbitro regulador de la contienda, se obstinó machaconamente con los chicos de Alfonso, rematando la faena – ¡pásmense! – con la expulsión del Delegado de Campo del Daimiel RCF, cerca de veinticinco años ejerciendo la función con educación, pulcritud y mimo a los colegiados, gozando de merecida buena fama entre los colegas del futbol en toda Castilla La Mancha. Al parecer, Juan González de la Aleja, instó al Sr. Mondéjar a introducirse en el vestuario al término del partido, haciendo oídos sordos a algún improperio del personal. El juez de amarillo expulsó al delegado por palabras ¿coactivas?. Nunca nos habíamos explayado tanto con un árbitro, porque nunca había ocurrido algo reseñable con los del pito. En fin, como se dice en el argot taurino, una mala tarde la tiene cualquiera. Pero desde la humildad, hay que reconocerlo; el árbitro debe impartir justicia a favor del juego.

El Daimiel RCF luchó hasta la extenuación, hasta el final, mereció más. En el vestuario, impotencia, desolación y lágrimas. Quisieron, pero entre “pitos” y falta de gol, no pudieron. El próximo domingo será. Y el siguiente, también. Impossible is nothing. Nada es imposible.

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