UN REGALO ENVUELTO EN PAPEL DE PERIODICO

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José Ignacio García Muñoz (Queche)

El año 1876 fue un año cargado de acontecimientos a nivel mundial y nacional. Cosas tan importantes como la invención del teléfono, o el hecho de recluir en reservas a los indios americanos sucedieron ese año. También ese año, los indios sioux le dieron para el pelo al general Custer en Little Bighorn.

En España Cánovas del Castillo promulga la constitución de 1876, nacen Manuel de Falla y Pau Casals, y Wagner compone “El Anillo del Nibelungo”, la opera más larga jamás escrita con cuatro capítulos y unas 14 horas de duración. Julio Verne escribe Miguel Strogoff, y Mark Twain hace lo propio con Tom Sawyer.

También terminan las guerras carlistas. Giner de los Ríos crea la Institución Libre de Enseñanza. Renoir pinta “Baile en el Moulin de la Galette”, y Pérez Galdós escribe “Doña Perfecta. Nace Mata Hari la famosa espía neerlandesa, y Jack London autor entre otras obras de “Colmillo Blanco”.

Pues bien, en este ambiente tan fecundo a nivel creativo, nace una humilde institución en Daimiel que lleva a cabo su labor en el ámbito cultural, que perdura hasta nuestros días, y que no es otra que la Banda Municipal de Música que estos días celebra su 150 aniversario.

Formación y entretenimiento han sido sus señas de identidad, pero con el paso de los años a su bagaje se ha sumado la excelencia, tanto en conjunto como individualmente. En artículos pretéritos que ustedes pueden leer en este periódico, se ha hablado largo y tendido sobre el particular, y no vamos ahora a redundar en ello, hoy vamos a hablar del regalo que tan generosamente nos brindaron el pasado día 3 en forma de concierto inédito y gratuito en el que brilló con luz propia la colaboración de nuestro Ricardo Fernández del Moral Pozuelo, una primerísima figura del arte flamenco, y un músico con todas las de la ley lo mismo que D. Pedro Sánchez Valdepeñas Pozo; y cuando dos músicos de primer nivel se entienden, pasan cosas como la del pasado viernes.

Un regalo, es algo que se hace desinteresadamente, simplemente por el hecho de agradar, por respeto, por cariño, y por agradecimiento, y no, no voy a hacer un análisis sesudo de las diferentes composiciones y de su ejecución simplemente porque estoy suficientemente cualificado; porque una cosa es opinar, y otra muy diferente juzgar.

No estoy aquí como crítico, no estoy como cronista; algo que ya está reflejado en otro artículo. Estoy como beneficiario de vuestra pasión por la música.

Esta crónica no quiere más que dar las gracias a todos y cada uno de los músicos por el regalo que nos habéis hecho, detrás del cual hay muchas horas de trabajo y dedicación.

Es un placer comprobar como veteranos y noveles conviven bajo una misma pasión, como se renueva la savia, y como esta nueva savia asume la filosofía de trabajo e inquietud por evolucionar, por salirse del camino trillado.

Quiero dar las gracias a todos y cada uno de los músicos por su esfuerzo en las interminables horas de procesión en Semana Santa siempre con una cara amable, por esos conciertos que en navidad, o cualquier otra época del año tenéis a bien dedicarnos.

No es día de nombres propios, pero quiero dar las gracias a todos y cada uno de los músicos por sus horas de anónimo trabajo; porque un instrumento exige sacrificio callado a diario.

Arthur Rubinstein decía:

«Si dejo de tocar un día, lo noto yo. Si dejo dos, lo nota mi familia. Si dejo tres, lo nota el público».

Quiero poner en valor vuestro regalo. Una piedra preciosa que alguien; quiero creer que por descuido, envolvió en papel de periódico.

Tenéis todo mi afecto, respeto y consideración. No se puede hacer más con menos, y el que da lo que tiene…

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