YO MISMO

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Por Daría Loke Fuera

Cuando nací mi madre estaba en casa. Es que antes se nacía en casa. Era de buena educación; no ibas a nacer en casa del vecino (sería sospechoso). Esto fue en Daimiel allá por enero de 1953, es decir, el siglo pasado. Decir esto lo hace a uno muy mayor. ¡El siglo pasado! Pero hace más siglos aún, algún sabio griego esculpió (entonces estaba permitido esculpir hasta en el suelo) en el templo de Apolo en Delfos la famosa frase: γνωθι σεαυτόν, (pronunciese: gnóthi seautón), lo que en castellano se conoce como: Conócete a ti mismo. Como Juan Palomo, pero en bonito. “Te conozco como si te hubiera pario”, suele decir alguien que cree conocerte; sin embargo, tú no puedes decir “me conozco como si me hubiera pario”, porque tú no te pares, o sea yo. Te puedes parar a pensar paridas, pero no te pares… sigue caminando. Es así la vida. Me pide Daimiel al Día que hable de mí, me podía haber pedido que hablase de do mayor o incluso de fa sostenido, pero no, tiene que ser de mí. Supongo que es para que me conozcan, mas se pueden arrepentir. Lo bueno que tiene hablar sobre uno mismo es que no te puedes mentir, salvo que no te conozcas y de este modo volvemos a las andadas, a lo que dijo el griego, vaya.

Desde muy joven me ha gustado escribir y contar y cantar y actuar. Me hice maestro de escuela y, más tarde, profesor de universidad. Pero en el fondo lo que más me gustaba era jugar en los recreos y correr por los pasillos. Mi madre me enseñó a hacer sombras chinescas con una vela detrás de una cortina. Luego escribí libros, he hecho teatro y radio y vídeos y televisión; y de esta forma he podido dejar plasmadas imágenes y palabras en papeles, en el aire, en la nube… en el viento que pasaba. Pero eso es otra historia.

A lo largo de mi carrera profesional se han dicho muchas cosas sobre mí, y todas son verdad (es mejor decirlo así porque eso engloba lo bueno y lo malo). Me gusta y me cuesta escribir. Yo viví las historias al amor de la lumbre, ahora las historias no se hacen al amor sino al frío de las redes comerciales (lo de sociales es una estafa). Siempre he creído que los creadores de contenido son aquellas personas que rellenan las latas de conserva; y resulta que no, que no conservan nada, que no es nada lo que conservan.

Me gusta jugar con las palabras. Un día jugué tanto que algunas se cansaron, por ejemplo, la palabra agotada, agotada, no quería salir del diccionario, la palabra rojo se puso colorada (como si le diera vergüenza) y la palabra verde empezó a oler a colonia y la palabra colonia sonaba a cascabel; las tuve que llevar al filólogo, sinestesia les diagnosticaron. Es que las palabras no van al médico, van al filólogo. Una vez se me escaparon dos, prosopopeya y gato, y se fueron a dar una vuelta a las gallinas (vivíamos en el pueblo).

“¡Se me ha ocurrido una idea!” -dicen algunos- sin embargo, a mí se me escurrió una idea. “¡Se me ha escurrido una idea!” -tuve que gritar- y se me escurrió por la espalda y por el camino que llevaba se intuía hacía donde se dirigía; sentí un poco de vergüenza porque cualquiera podría decir que esa idea había sido pensada con el culo.

Mi participación en Daimiel al Día se limita a escribir, que ya es bastante. Y “¿qué escribes?” -te estarás preguntando- “No escribo, dialogo”. Dialogo conmigo mismo, qué paradoja. “¿Para qué?” “Para que lo leas”. Escribo, como habrás adivinado, los Diálogos de besugos. El primero de ellos se publicó el 19 de marzo de 2021 (día del padre, aunque no se sabe a ciencia cierta quién es el padre). Si los has leído habrás notado que no son los Diálogos de Platón, qué más quisiera… (él). Son diálogos que surgen, paradójicamente, de un monólogo, de un monólogo interior (eso sí, muy luminoso y con vistas). Son diálogos nacidos de la realidad imaginada del autor o, si se quiere, de la imaginación real también conocida como realginación. En ellos se dan cita los sinsentido o con sentido (que consiente) y un buen número de figuras retóricas que juntas hacen las delicias del lenguaje: metáforas, analogías, símiles (o cientos), aliteraciones, rimas, paronomasias, ironías, calambures (parecidos a los calamares), neologismos, el doble sentido doble sentido y un largo etcétera. En fin, es un juego. Un juego de palabras o un jugo de palabras o palabras en su jugo. En estas ocasiones lo mejor es aplicar la filosofía de los jardineros: disfrutemos mientras podamos.

Y es hora de obligado cumplimiento presentarte a mi familia. Mi padre forjado en la fragua de la vida cual vulcano lugareño, era maestro herrero. Mi madre sus labores, sus escritos y poemas. Una hermana laboriosa, delicada en sus quehaceres y con su chispa de humor. Mi compañera de vida, de larga vida, que supo moldear el tú y el yo en un nosotros, ecuánime y alegre, sensata y razonable, tierna y cariñosa, cómplice de humoradas (también las hemos pasado moradas).

Una hija, mirada clara y sincera, mirada comprometida, sonrisa de terciopelo, mente maravillosa que le ha dado por lo científico y con sus bichitos en su laboratorio es feliz como una lombriz (no sé muy bien si las lombrices son felices). Y por fin mi nieto, de puro ingenio ingenioso, de puro alegre gozoso y de mágica mirada.

Y ahora que tenemos más confianza (aunque nos estemos conociendo) te voy a confesar un secreto: soy egoísta. Sí, tengo dos alter ego. Uno, Daría Loke Fuera que habitualmente se encarga de los textos absurdos y de cierto humor; otro, RORORO que es el que lleva a cabo las interpretaciones o actuaciones ante sí mismo e incluso ante el público; y luego yo mismo, Isidro Moreno Herrero que normalmente escribe los textos y contenidos profesionales. Dicho queda, pero no lo cuentes por ahí (sí por ahí, que luego van diciendo).

En fin, así se cuecen o enriquecen todas estas ideas, pensamientos y juegos de palabras que surgen desde la espontaneidad y el instante. Palabras a veces ácidas, otras más dulces, pero siempre críticas, reflexivas y exhortantes; y, sobre todo, hechas con humor y amor.

Esta es mi última palabra: PAZ

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