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Por Daría Loke Fuera
– Buenos días.
– Buenas tardes.
– Lo veo un tanto echado.
– Lo ha dicho usted con hache.
– Me refería a indolente.
– Por hache o por be.
– ¿Ve? Ahí lo tiene.
– ¡Báilala, báilala!
-¿No le habrá roto el mandil?
– Pues creo que no tiene otro.
– La pobrecita infeliz.
– Desdichada más bien.
– Pues échelo a rodar.
– No sé si debo.
– ¿Cuánto debe?
– Me debo a mi oficio.
– Ni oficio ni beneficio, que dijo el poeta.
– ¿Qué poeta?
– Zahir Suto, el iluminado.
– Un poco huraño.
– Depende del año.
– Pues año de bienes…
-¿Adónde?
– Donde las dan…
– ¿Las toman?
– ¿Qué toman?
– ¡Bah, cualquier cosa!
– Póngame unas haceitunas.
– Sigo viéndolo echado.
– Y usted lo sigue diciendo con hache.
– No sé dónde ve usted la hache.
– ¡Ah! Ahí, ahí quería yo llegar.
– ¿Adónde?
– A donde las dan.
– ¿Las haches?
– ¿Qué hache?
– Pues mire, aquí…
– ¿Dónde?
– Buenos días.
– Buenas tardes.
