POEMAS PRIMAVERA

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José Ignacio García Muñoz (Queche)

Salid a encontrarla

por esos caminos.

¡Va loca de soles

y loca de trinos!

Doña Primaverade

aliento fecundo,

se ríe de todas

las penas del mundo…

En el monte solitario,
un cementerio de aldea
parece un campo sembrado
con granos de calaveras.
Y han florecido cipreses
como gigantes cabezas
que con órbitas vacías
y verdosas cabelleras
pensativos y dolientes
el horizonte contemplan.

¡Abril divino, que vienes
cargado de sol y esencias,
llena con nidos de oro
las floridas calaveras!

El lecho mío es blanco

y es primavera. Huele

bien, el alto barranco

mojado por la ría.

Desde el mar que diviso

¿Vendrá tu vela?

Vuela,

primavera es gacela

fugitiva

y furtiva,

¡Vuela!

Después de la aridez y la tristeza
y del invierno pálido, inclemente
hoy que ya vuelves, primavera ausente,
todo a tu aliento a revivir empieza.

¡Ah!, si también la juventud volviera
si el alma de ilusiones despojada
¡otra vez de ilusiones se vistiera!

Me gustó tanto la pasada primavera, porque tú estabas aquí;
y también el zorzal: te gustaba tanto escucharlo,
también por eso me gustaba a mí. Este año será diferente, ya no pienso en ti.
Pero me gusta la primavera, sencillamente por serlo.
Y el zorzal sigue aquí.

El día abre los ojos y penetra
en una primavera anticipada.
Todo lo que mis manos tocan, vuela.
Está lleno de pájaros el mundo.

Mas… ¿lo que fue? ¡Jamás se recupera!
¡Y toda primavera que se esboza
es un cadáver más que adquiere vida
y es un capullo más que se deshoja!

¡Todo vino por ti! Porque tus manos lentas
ciñeron brevemente mi carne estremecida,
porque al rozar mi cuerpo
despertaste una flor que trae la primavera.

Bajo ese almendro florido,

todo cargado de flor

—recordé—, yo he maldecido

mi juventud sin amor.

Hoy, en mitad de la vida,

me he parado a meditar…

¡Juventud nunca vivida,

quién te volviera a soñar!

Tú querías que yo te dijera
el secreto de la primavera

¡Dame vueltas, morenita!
Ten cuidado con mis hojitas.

Dame más vueltas alrededor,
jugando a la noria del amor.

¡Ay! No puedo decirte, aunque quisiera,
el secreto de la primavera.

Eres la primavera verdadera;
rosa de los caminos interiores,
brisa de los secretos corredores,
lumbre de la recóndita ladera.

¡Qué paz, cuando en la tarde misteriosa,
abrazados los dos, sea tu risa
el surtidor de nuestra sola fuente! Mi corazón recogerá tu rosa,
sobre mis ojos se echará tu brisa. Tú luz se dormirá sobre mi frente…

Al olmo viejo, hendido por el rayo
y en su mitad podrido,
con las lluvias de abril y el sol de mayo
algunas hojas verdes le han salido.

Olmo, quiero anotar en mi cartera
la gracia de tu rama verdecida.
Mi corazón espera
también, hacia la luz y hacia la vida,
otro milagro de la primavera.

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