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Juanjo Rogo
Llueve dentro.
No afuera: dentro.
Y yo todavía pongo cubos
bajo las goteras,
como si este cuerpo
temiera ahogarse.
Pero el agua insiste.
Y algo en mí también.
Llueve dentro.
Sobre los vasos que se friegan,
sin ganas,
sobre esa puerta
que ni se abre ni cierra;
sobre los buenos días
que ya no salen.
Llueve dentro.
En los cepillos de dientes
quietos y gastados;
en la manera de respirar
cuando ya no se puede.
Y el silencio no grita.
Gotea.
Cae despacio sobre la rutina,
sobre el cuerpo cansado,
sobre este peso
que no me suelta.
Llueve otra vez.
Gota a gota.
Sobre el fregadero.
Quisiera abrir la puerta,
salir,
caminar y perderme.
Caminar… Pero vuelvo.
Siempre vuelvo.
Sin haberme ido
y queriendo huir.
De nuevo al agua
