SOBRE LOS ORIGENES DEL TORO DE LIDIA

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José Ignacio García-Muñoz (Queche)

Se piensa que apareció en Iberia hace unos 800000 o 700000 años y luego paulatinamente desapareció por diferentes causas como la caza, la domesticación y el deterioro de su medio natural (retroceso de los bosques). Hablamos del “Uro euroasiático” (Bos Primigenius Primigenius, o Bos Taurus Primigenius) que, según los expertos, fue el antecesor de lo que hoy conocemos como toro bravo o de lidia. Su difusión, abarcaba zonas de Asia, norte de África y el continente europeo, lugar este, en el que se ha registrado la muerte del último ejemplar que se conoce; concretamente en el bosque polaco de Jaktorów, y fue una hembra.

A menudo, como así sucedió con la historia de la clasificación taxonómica del uro, se le confundía con el bisonte, pero son animales diferentes. Cuando en el siglo XVIII los naturalistas empezaron a interesarse por las clasificaciones, el uro llevaba extinto ya más de 100 años, y los bisontes estaban en franco retroceso quedando algunos en Rumania, Polonia y el Cáucaso.

Para no liarnos excesivamente con la nomenclatura y la taxonomía diremos que, a partir de 2003 La Comisión Internacional de Nomenclatura Zoológica decidió utilizar Bos Primigenius como nombre de la especie silvestre, y que a las domésticas deberían designarlas bajo el nombre de Bos Primigenius Taurus, dejando Bos Taurus a secas para los bóvidos domésticos que sean considerados una especie separada.

Intentos por encontrar vestigios genéticos en las especies actuales para regenerar el Uro primitivo, han tenido diferente suerte, constituyendo en la mayoría de los casos un fracaso.

Nos quedamos de momento, con que el toro actual de lidia procede del Bos Primigenius, Primigenius una subespecie del Uro, que era una especie cazada en Europa y antepasado del actual Bos Primigenius Taurus.

Pasaremos de puntillas (algo injusto seguramente) por la influencia que el toro ha tenido en las diferentes culturas (no solo mediterráneas),y sus manifestaciones artísticas, en las economías y en el desarrollo de los pueblos. Un dato que puede ilustrar la importancia de los bóvidos en el mundo, es aquél que arroja la cifra de mil cuatrocientos millones de cabezas de ganado en el año 2011.Las pinturas rupestres, de Altamira, Apis y el Minotauro, Micenas. El toro del Dédalo y el de Creta, Baal… y centenares de ejemplos, nos sitúan al toro como un animal mitológico y sagrado, y que ha formado parte de la vida del hombre y sus diferentes civilizaciones…pero vamos a centrarnos en lo que conocemos en la actualidad como toro de lidia, y que es una creación reciente producto de la selección artificial que los ganaderos de bravo llevan practicando desde hace centenares de años. Aunque el toro desapareció de Europa Central en el siglo XVII no sucedió lo mismo en la península ibérica, y ya en el siglo XIII eran empleados en corridas de toros si bien, no con la apariencia y desarrollo moderno. Uno de los aspectos de la historia del toro de lidia que más se presta a discusión es la determinación sobre la aparición de la crianza del mismo, seleccionando ejemplares y razas, con fines comerciales, o destinados a los espectáculos taurinos de toda índole. No parece que existiera una selección especial durante la Edad Media, en la que, sin embargo, los toros, como otros animales salvajes, eran mantenidos en cautividad y protegidos por los señores feudales para propósitos de cría o de caza, y es que un ejemplar para caza, no es lo mismo que para la lidia entendida como modernamente se conoce. En principio las “corridas” eran más parecidas a lances de caza que otra cosa, y con el transcurso del tiempo, han derivado más hacia suertes de a pie en las que se pone de manifiesto la habilidad del lidiador para esquivar las acometidas del toro, que en agredirle con lanzadas o saetas.

El toro primitivo era un animal mucho más corpulento, con cornamenta más desarrollada que el actual, que no obstante conserva el carácter agresivo que le hace tan peculiar. Si, el toro bravo es un animal con carácter noble pero que no aguanta tonterías y se arranca con la voz. En tiempos de los Reyes Católicos ya se empezaban a conocer, de modo que se apunta a los siglos XV y XVI como comienzo de lo que serían las modernas ganaderías que en un principio se asentaron en la provincia de Valladolid ya que, por aquel entonces la capital del reino era todavía itinerante, siendo la zona centro la de elección. Desde Boecillo, Aldeamayor de San Martin y Pedraja, salían los embarques para los distintos festejos; el nombre de esta pretendida primera ganadería era Raso de Portillo, y fue conocida hasta casi los albores del siglo XX pastando en el término municipal de Boecillo. En su comienzo los toros de esta vacada pertenecían a la casta Morucho-Castellana, pero en la actualidad es mayoritariamente Santa Coloma, aunque también tiene Gamero Cívico y del Conde de la Corte. Pero ¿Qué es un encaste en términos taurinos?

Al igual que en cualquier especie animal, se denomina genotipo al conjunto de genes que confieren al portador de características propias, es decir una constitución orgánica, una estructura y una funcionalidad. Si nuestros progenitores son de baja estatura, ojos negros y piel morena, nosotros seremos de baja estatura, morenos y de ojos negros, salvo que haya antecedentes en el árbol genealógico de la familia con características contrarias; es decir heredamos tanto el genotipo como el fenotipo. Gregor Mendel nacido en Chequia allá por 1822 promulgó las leyes que rigen este tinglado de la herencia genética, y sentó las bases sobre las que trabajan todos aquellos que quieren mejorar los diferentes encastes ayudados a día de hoy; algunos por el instinto y la experiencia, y otros, por la moderna tecnología y la actualizada ciencia. Efectivamente, en tauromaquia se conoce el termino encastar como la acción de cruzar o “refrescar” el ganado bravo para obtener de los diferentes encastes las características genotípicas que cada ganadero ande buscando. Todos los ganaderos buscan algunas características tales como la nobleza, la movilidad, la resistencia, y la bravura, que es esa cualidad a veces un tanto intangible, y para ello, además de la genética, el ganadero que a veces es una especie de alquimista que mezcla ingredientes en el tubo de ensayo que es un toro, también utiliza métodos mucho más prácticos que el estudio del árbol genealógico: nos estamos refiriendo a la tienta. Desde que nace, hasta que cumple los cinco años que es la edad con que se lidian los toros, estos pasan por diferentes etapas dentro de la ganadería. Al año de nacido, se marcan los “añojos” y se separan hembras de machos, y son precisamente las primeras las que se tientan, normalmente a partir de los dos años. Las “eralas” (dos años) son llevadas a la plaza de tientas donde toreros profesionales las torean de verdad para comprobar en ese laboratorio que es la plaza, si toda la teoría, y la selección de vacas y sementales que ha planificado el ganadero, dan el fruto esperado. Es un momento de gran importancia y seriedad donde torero y ganadero mantienen un dialogo constante: no se trata solamente de que los primeros se entrenen, sino que han de hacerlo siguiendo las indicaciones del propietario que en su libro de notas apuntará y puntuará a cada una de las vacas y cuál ha sido su comportamiento durante el tentadero: veces que entra al caballo, prontitud en el envite, estilo de embestir, movilidad, resistencia, nobleza, sentido y evolución durante el toreo, y cuantas variables considere el ganadero de interés, intercambiando con el torero pareceres y solicitándole por ejemplo cambios de terreno, o distancias variadas en los cites, variación de alturas etc.

En campo abierto, se utiliza una faena llamada “acoso y derribo” en la que jinetes a caballo utilizando una garrocha, desequilibran al animal empujando con la misma en la penca de la cola para hacerla caer volteando sobre si misma: en estas circunstancias y teniendo todo el campo para huir, lejos de hacerlo, las que demuestran mayor bravura se enfrentan al caballo lo que se considera un buen signo.

También hay tientas de machos para seleccionar sementales que, junto con las vacas que hayan obtenido la mejor nota en la tienta de hembras constituirán la base reproductora de futuras generaciones; por supuesto esos machos no se lidiaran nunca, ya que un toro “toreado” desarrolla un sentido que le convierte en peligrosísimo. Un ejemplo claro de esto, es el caso de “Cobradiezmos” del que tienen ustedes cumplida noticia en las páginas de éste, su periódico.

Para ir concluyendo este primer capítulo sobre el origen del toro de lidia, citaremos los principales “encastes” que en la actualidad conforman la cabaña de bravo, cada uno de ellos con diferentes características genotípicas y fenotípicas, y que constituyen algo así como un banco de genes en el que los ganaderos compran el producto que les interese.

Solo por curiosidad, ya que su genética está prácticamente desaparecida, citaremos la Casta “Jijona” en sus orígenes procedente de nuestra vecina Villarrubia de Los Ojos.

Casta Navarra surgida en el siglo XVII.

Casta Cabrera, de la que es representante la famosa ganadería de Miura (siglo XVIII)

Casta Gallardo con los Pablo Romero (Partido de Resina) como exponentes.

Casta Vazqueña con representantes como Concha y Sierra, Duque de Veragua en la actualidad Marques de Seoane (Prieto de la Cal).

Casta Morucho Castellana hoy genéticamente perdida.

Casta Vistahermosa que es la más extendida en la actualidad donde encontramos encastes como Albaserrada (Victorinos) Murube-Urquijo Contreras, Saltillo, Santa Coloma, y otros derivados como Gamero Cívico, Juan Pedro Domeq, Conde de la Corte, Atanasio Fernández, Núñez y Torrestrella todos ellos procedencia Parladé.

Cada uno de estos encastes, presenta características funcionales y morfológicas diferentes lo cual, va a condicionar aspectos como la forma de embestir, la bravura, y la resistencia, que a su vez van a condicionar también el desarrollo de la lidia y la elección por parte del diestro de su forma de enfrentarse al animal. No es lo mismo un toro que por su encaste y morfología tienda a embestir con la cara arriba, a media altura o abajo, como tampoco lo es el que vaya largo, corto, o se revuelva en un palmo tirando tornillazos al rematar el pase. La misma disposición de la cornamenta, o la anchura de sienes, hace que un toro sea considerado “cómodo” de cabeza o lo contrario; hay toros diestros y zurdos. Un animal “enmorrilladlo” o “cuesta arriba” también condiciona la embestida; sin contar las variaciones de comportamiento que sufra durante la lidia consecuencia del desarrollo de sentido. Torear, no es algo tan sencillo como algunos piensan.

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