EL LATIDO DE LAS MARIPOSAS

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Miguel Domínguez

Hace tiempo la visita de unos diminutos seres alados al colegio San Isidro (Daimiel, Ciudad Real) dejó una huella que todavía perdura en aquel lugar. Eran unas pequeñas mariposas que se posaron en las paredes de los pasillos. Poco a poco fueron tomando salas y patios, se esparcieron a su antojo por los espacios de recreo y antes de que nadie se diera cuenta ya estaban instaladas en los corazones de toda la comunidad educativa. Aunque se marcharon buscando nuevos destinos dicen que el eco del latido de sus alas todavía resuena en las aulas.

Aseguran que todo comenzó cuando el 25 de septiembre de 2018, Nerea y Martina, dos hermanas de dos y seis años, quedaron sumergidas en un profundo sueño. Aquel día la oscura sombra de la violencia de género se hizo más grande y más espesa.

Sumida en la más absoluta de las tristezas, Itziar Prats, tuvo que asumir la difícil tarea de seguir siendo madre sin tener a sus hijas.

Entre tanta oscuridad apareció una brizna de luz, Isa Gallardo, quien se coló en el ánimo de Itziar con la intención de ayudarla a canalizar tanto dolor y sufrimiento. Le propuso transformar ese hecho trágico teñido de odio, de venganza y de envidia, en un movimiento de lucha que fuera visible a toda la sociedad.

Tomaron como referentes a las hermanas Mirabal: Patria, Minerva y M.ª Teresa; también conocidas como las Mariposas, que fueron asesinadas en la República Dominicana (1960) por oponerse a la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo. Debido a su activismo político, en 1999, las Naciones Unidas establecieron el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer en conmemoración de su lucha y legado.

Inspiradas en ellas, Itziar e Isa, crearon el Proyecto educativo y social conocido como El latido de las mariposas depende de nuestra actitud, que pretende sensibilizar a través de la educación en valores como la igualdad, la tolerancia o el respeto, y al mismo tiempo, luchar contra la violencia de género.

Necesitadas de apoyo para ser visibles eligieron como símbolo para su lucha una mariposa tejida a ganchillo (en honor a las tres mujeres dominicanas). La metamorfosis estaba en marcha, aunque no era sencillo, había que construir sobre el horror para crear una causa noble y pura. Así fue como de entre los dedos de Itziar surgieron Nerea y Martina, esta vez, transformadas para siempre en hermosas mariposas de hilo morado.

Ellas serían el principio del cambio, de la transformación.

Aprovechando la brisa de la mañana echaron a volar, con la misión de expandir el legado. Su vuelo suave y delicado pretende provocar un movimiento en cadena, un efecto mariposa que remueva conciencias, que cambie miradas, que abra mentes. Con el tiempo, Nerea y Martina, consiguieron que se unieran nuevas compañeras a su misión. Ahora lideran a un escuadrón de mariposas que cada día se hace más grande.

Una ráfaga de viento las llevo hasta el colegio San Isidro donde se posaron. Una vez allí, la esencia de Nerea y Martina correteó libre entre los pupitres, ocupando cada rincón que quedó impregnado de ellas. Desde entonces, en sus aulas, además de Matemáticas, Lengua u otras asignaturas sus alumnas y alumnos aprenden a escuchar el sonido del latido que desprenden esas mariposas. Su mensaje es claro: necesitan niñas y niños valientes que no miren para otro lado ante las injusticias y que den un paso hacia delante para acabar con ellas.

Estén atentos porque cada día una legión de frágiles mariposas rompe el silencio con su aleteo dejando un cielo encarnado de latidos violáceos. Si llegan a su ciudad o pueblo diríjanlas con premura hacia los colegios y que allí les abran las ventanas de par en par.

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