CON NOMBRE PROPIO: CARLOS REDONDO

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Paki García Velasco Sánchez

Cuando el viernes pasado entré en Facebook para ver las nuevas noticias que se compartían por allí, vi un post que había publicado Ismael Martín donde decía que Carlos Redondo, el gran Carlos Redondo nos había dejado esa misma noche.

El célebre cantante daimieleño de 89 años de edad y cuyo nombre real era Isidoro Rodríguez Madridejos Redondo, contaba en su trayectoria con una exitosa carrera, sobre todo en la década de los sesenta, y que gracias a su gran voz de tenor, ágil y versátil, Carlos Redondo pudo interpretar varios géneros como: flamenco, canción ligera, copla, boleros o tangos.

Su recorrido musical iniciado con 17 años en la década de los 50, deja una herencia de más de un centenar de temas, aunque muchos de ellos, no están grabados. Países Escandinavos, Norte de Europa, América y la geografía española, han comprobado la potencia de su voz y su capacidad artística. Entre los muchos éxitos con los que cuenta destacan: El toro y la luna, Paleto y caballero, Mi herencia, Cara bonita y como no, nuestro himno: Somos de Daimiel, canción que por cierto y según comentó en una entrevista, la hizo con el corazón y aprovechando la melancolía de su pueblo.

El ilustre artista nacido en 1934, debutó profesionalmente en 1957 con la Compañía: «Los Chavalillos de España», una compañía de la que surgieron grandes cantantes como Antonio Molina.

Se da a conocer a finales de los 50 como La Voz de la Mancha y comienza a grabar sus primeros éxitos y a actuar por los principales teatros del país. En ese mismo año realiza una larga gira que le lleva por Estocolmo, Copenhague o Helsinki, siendo en este viaje cuando compone la canción “Desde el barco”.

Años más tarde, en 1963, gana el primer premio del Festival de la Costa del Sol, y un tiempo después en 1970, participa como representante de España en el primer Festival Internacional de la Voz de Ibagué Colombia, ganando el primer premio con la canción compuesta por él: «El Tribunal del Amor». Decir que este festival fue conocido más tarde como el festival de la OTI.

Ya en el año 2011, fue pregonero y Medalla de Honor Ciudad de Daimiel, en cuyo acto de entrega celebrado en la plaza de España, fue el encargado de hacer el pregón y también cantar ante una abarrotada plaza poco después de las palabras que el alcalde le dedicó, y en las cuales indicaba que eran muchos los méritos de Carlos Redondo para otorgarle tal distinción, pero que se quedaba con uno, su “daimielismo”, ya que según dijo entonces: “el cantante formaba parte de la memoria colectiva de Daimiel, algo que muy pocos pueden decir ya que es el autor del himno oficioso de nuestra ciudad”.

Carlos comenzó su discurso como no podía hacerlo de otra manera, ¡cantando!, algo que consiguió arrancar los primeros aplausos a un pregón que fue ameno, divertido y lleno de coplas del repertorio del artista, y todo ello desde un punto vista desenfadado por que según palabras que dijo el artista: “quedaba prohibido estar tristes en la Feria”.

Pasados unos años, en diciembre del 2019 y de la mano de Braulio Molina López, que ejerció como presentador de ese evento, el cantautor daimieleño presentaba en el salón de actos de la Casa de Cultura su nuevo disco “Toda una vida”, un trabajo en el cual el intérprete repasaba clásicos de la música como: Si tú me dices ven, Caminito o Volver.

En esa ocasión estuvo rodeado de las voces de sus hijos Tulio, Fernando y Alba, los cuales colaboraron en el álbum. Ya para terminar el acto y como broche de oro a la presentación del disco, todo el público allí presente cantó nuestro “Somos de Daimiel”.

En el año 2021 sacó su último trabajo discográfico, y lo hizo al cumplirse 50 años del estreno de la canción cuyo estribillo conocemos todos los daimieleños. Este disco incluye 27 canciones, algunas de las cuales y hasta entonces solo se encontraban en vinilo. Carlos dedicó este disco a todas las personas mayores que como él sufrían de parkinson.  

Sería imperdonable no recordar también que en el año después de la pandemia, y en aquel primer pregón después de ella, celebrado en el Auditorio Municipal por motivos de seguridad y para mantener la distancia obligatoria, cuando estaba por finalizar dicho acto y la banda de música estaba tocando «Somos de Daimiel…», Carlos, quitándose la mascarilla, se levantó de su asiento y se puso a cantar su canción acompañando así a los músicos.

Y ya para terminar decir que en la mañana del sábado en su entierro, pudimos ver a los miembros de la Banda Municipal de Música con Pedro, su director al frente, esperando la salida del féretro para rendirle un último y merecidísimo homenaje antes de que sus restos partieran hacía el cementerio.

Allí, delante de la Iglesia de Santa María y ante todos los presentes que acudieron para despedir al popular cantante y a la salida de la caja mortuoria, se hizo un enorme silencio tan solo roto cuando comenzaron a sonar las primeras notas del himno que compuso para su pueblo, y que una vez finalizada esta extraordinaria y entrañable actuación, todos los que allí se encontraban han roto en un aplauso unánime, al cual se ha unido su familia en forma de agradecimiento.

En estos días he leído por varios sitios (además es una cosa que muchos pensamos), que este ilustre daimieleño, que allá donde fuese iba presumiendo con tanto orgullo de su pueblo, merecía tener en el mismo una distinción como una placa, una calle e incluso alguien comentó ayer, que la Escuela de Música podría llevar su nombre.

Sea como sea hay que decir que nadie ha paseado mejor el nombre de Daimiel y el de su patrona por todo el mundo, y que, con solamente una de sus canciones, ha conseguido unir a todo un pueblo gracias a su himno, nuestro himno, el que todos llevamos muy adentro, ese himno que más de una vez hemos cantado y porque no decirlo, gritado a pleno pulmón y eso es algo que nos va a acompañar siempre… D.E.P y gracias por todo Maestro.

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