¿DE DONDE VINO EL VINO? CAPÍTULO SEGUNDO

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José Ignacio García-Muñoz (Queche)

Como vimos en el capítulo anterior, el descubrimiento del vino fue algo casual como tantas cosas. Las levaduras naturales presentes en el medio en el que los hombres del neolítico almacenaban las uvas recolectadas, obraron el “milagro” de la aparición del vino en el fondo de las oquedades en que se apilaban los racimos, transformando el mosto resultante del aplastamiento involuntario en aquel vino primitivo, pero ¿Cómo eran las primeras elaboraciones de aquellos vinos primitivos?

Es difícil imaginar la sensación de aquellos primitivos pobladores al paladear por primera vez el vino, tan diferente del mosto y de la uva, eso sin contar con su efecto sobre el sistema nervioso y las posibles atribuciones mágicas que le otorgarían los que se cogieron la primera “castaña” de la humanidad.

Evidentemente, estaban a años luz de lo que hoy se considera admisible e incluso bebible. Téngase en cuenta, que cualquier vino de “batalla” de hoy en día, de esos que llamamos de garrafón, en aquellos tiempos sería considerado como algo extraordinario, y es que los procesos de vinificación estaban en pañales desconociéndose toda la química que rodea al proceso, de modo que el sabor, el color, y la estabilidad de aquellos caldos era muy deficiente algo, que también tenía influencia en el modo, no ya de consumirlo, sino en el de almacenarlo ,conservarlo, y transportarlo dada su corta vida útil antes de convertirse en algo desagradable.

Los vinos primitivos estaban preñados de defectos; eran pastosos, bastos, y con deficiencias de color además de muy astringentes debido a la acción oxidativa, y con abundantes posos en el fondo de los recipientes. La uva se pisaba de forma prolongada ya que se hacía cuando esta, estaba parcialmente pasificada lo que le dotaba de una alta concentración de azúcares. Con el tiempo se descubrió el trasiego a ánfora nueva, y la filtración a través de telas.

Hasta que esto sucedió, para disimular el sabor poco agradable del vino, se ponían en maceración productos aromáticos como cortezas de frutas, regaliz, mirra, resina etc. para hacerlos más agradables al paladar. Es muy posible que la adición de estos productos tuviese un efecto psicotrópico, si no en los vinos jóvenes que eran consumidos pronto, si en los dedicados al comercio que probablemente alcanzasen los 14 o 15 grados producto como ya hemos dicho de la presencia de azúcares la maceración y la larga fermentación en presencia de las materias sólidas de la vendimia ya que no eran muy escrupulosos o exigentes con estas cosas que digamos .Era costumbre frecuente rebajar la potencia de esos vinos añadiéndoles agua, y ahora , imagine el lector el traslado de aquellos vinos en ánforas tapizadas en su interior con resina para mantener la impermeabilidad, apiladas en barcos que tardaban varios días saltando olas por el Mediterráneo bajo un sol de justicia o las más terribles tormentas hasta que llegaban a su destino, y comprenderán que si a aquello no se le añadían especies aromáticas, o se rebajaba con agua, había que ser muy machote o muy juerguista para bebérselo.

Según parece, fue en la región del Cáucaso en las actuales Irán e Irak concretamente en los montes Zagros donde hace unos 6000 años antes de nuestra era, se empezó a cultivar la vitis vinífera, luego se extendió por la región de Canaán (lo que hoy conocemos por Israel y la franja de Gaza) y países limítrofes como Jordania y Egipto, y a partir de estas regiones, los fenicios desde sus puertos de Biblos, Sidón y Tiro exportaron no solo el vino, sino el modo de cultivarlo y elaborarlo, a aquellos países con los que comerciaban.

Según Heródoto, el primer gran historiador, fueron los foceos; un pueblo asentado en lo que es el actual golfo de Esmirna (Turquía), los que posiblemente después de ser invadida y saqueadas sus tierras por persas y asirios trajeron el vino a la península, ibérica concretamente a Tartesos y otras tribus del Mediterráneo. Foceos y fenicios, trocaban telas, y vino por plata y oro, y extendieron el cultivo de la vid por las islas del Mar Egeo y zonas próximas del Mediterráneo hasta Egipto. El vino en un principio constituyó una novedad, y su escasez lo convirtió en un producto exclusivo para clases dirigentes o ritos iniciáticos quedando la cerveza (que es una bebida más antigua que el vino) para clases menos pudientes. En una segunda fase, aumentó la producción y se convirtió en una parte importante de la actividad comercial.

En el próximo capítulo, daremos un salto en la historia y veremos como el cristianismo influyó en la universalización del vino, y veremos también, como el camino de Santiago se convirtió en un rio humano por el que circulaban y se intercambiaban conocimientos relacionados con el fruto de la vid y sus elaboraciones.

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