JUAN BELMONTE “EL PASMO DE TRIANA”

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José Ignacio García-Muñoz (Queche)

PASMO:

Asombro o sorpresa exagerada que impide a una persona hablar o reaccionar

Cosa que produce asombro o sorpresa.

Juan Belmonte García, fue un torero conocido como: el “Pasmo de Triana”. Junto con Joselito el Gallo, protagonizó lo que se conoce como la “Edad de Oro del Toreo”, un periodo en el que brilló en la sociedad española el arte de Cúchares como nunca lo ha vuelto a hacer.

Hubo un momento en la historia de la tauromaquia, en que la afición se polarizó entre “Belmontistas” y “Gallistas”, y pertenecer a una u a otra te convertía en enemigo irreconciliable; algo a lo que parece somos muy dados los españoles aun en la actualidad en el ámbito político, deportivo o cualesquiera otro.

Las características de embestida y movilidad de los toros de la época, eran diferentes a las de ahora motivados por la selección artificial llevada a cabo por los ganaderos, y la escuela representada por Joselito el Gallo, preconizaba un toreo sobre los pies de mucho movimiento, intentando esquivar las acometidas del toro con desplazamientos acompañados de más o menos gracia. Es algo que se aprecia en los documentales de la época y que llama la atención hasta del más neófito. Vuelvo a recomendar desde aquí la obra de José Bergamín prologada por Morante de la Puebla titulada “El Arte de Birlibirloque” en la que el de la generación del 27, hace una encendida defensa de este estilo de torear; no concibiendo el autor otra manera de hacerlo y despreciando a los que como Juan Belmonte representaban la quietud, y aquí, es donde viene la mayor contribución del Pasmo de Triana a la tauromaquia: cambió el concepto de esquivar al animal apartándose y utilizando la muleta como un elemento auxiliar para adornarse, introduciendo tres elementos que forman parte de la biblia del toreo:parar,templar, y mandar manteniendo el sitio y utilizando la muleta para vaciar la embestida.

 Me van a permitir queridos lectores hacer una reducción de los dos estilos quizá demasiado simple: Si viene el toro, te apartas para que no te coja que por otra parte es su obligación, de modo que lo inteligente es retirarse de su camino, pero con gracia y con arte a ser posible; éste, es el estilo Gallista, mientras que el Belmontista, consiste en guiar tú con la muleta la trayectoria del toro aguantando el tirón con quietud y cargando la suerte; de ahí lo de parar, templar, y sobre todo mandar. En uno la iniciativa la lleva el toro, y en otro el torero lo cual no exime en ambos casos de un profundo conocimiento del animal y de los terrenos que se pisan.

Este encarnizado enfrentamiento entre ambos estilos, que alcanzó a los seguidores de ambos diestros incluidos algunos intelectuales, no llegó a Juan ni a Joselito que se profesaban mutua admiración dentro y fuera de los ruedos, tanto es así, que la muerte de Joselito sumió en una profunda tristeza a Belmonte.

Nació Juan el 14 de abril de 1892 en Sevilla ciudad donde en el mercado de Triana tenía su padre un puesto de quincalla con el que trataba de sacar adelante a sus ocho hijos. Al principio, su padre le llevaba a las tertulias de los cafés de la calle Sierpes, pero a los once años dejó de hacerlo y Juan, junto con otros niños de la cuadrilla del barrio se dedicaban entre otras correrías, a torear de forma clandestina en los cercados y dehesas de las afueras de Sevilla. Juan que pronto quedó huérfano de padre, solo acudió al colegio entre los cuatro y los ocho años lo que no impidió que fuese un lector empedernido; incluso cuentan que viajaba con maletas llenas de libros, y tampoco impidió como en el caso de Sánchez Mejías, que un gran número de componentes de la generación del 27 se contaran entre sus admiradores y amigos como era el caso de Gerardo Diego; grandísimo aficionado y entendido, que le dedicó una “Oda a Juan Belmonte “Julio Romero de Torres realizó un retrato del torero siendo este todavía novillero, y Don Ramón María del Valle –Inclán le dedicó una encendida defensa durante un homenaje del que fue protagonista el diestro.Enest Hemingway en sus novelas Fiesta y Muerte en la Tarde, también colocó a nuestro protagonista entre sus personajes y remató la faena Chaves Nogales con su biografía publicada por entregas en la revista Estampa; incluso llegó a ser portada de la revista Time. Un banderillero suyo Joaquín Miranda llegó a ser gobernador de la provincia de Huelva, y cuentan que en una recepción alguien le preguntó al diestro como era posible que un banderillero hubiese llegado a gobernador, contestándole Belmonte imitando el tartamudeo de Demóstenes de la generación del 98 «¿Po… po… po cómo va a sé? De… de… degenerando…». El mismísimo Woody Allen le representa a través del actor Daniel Lundh en la conocida película “Media Noche en París” presentada en el festival de Cannes de 20011.Sebastaian. Bollaín en Belmonte, y Gabinete Caligari o Rocío Jurado han dedicado al diestro muestras de su arte.

Belmonte debutó de luces por primera vez en Elvas (Portugal) y tomó la alternativa en Madrid de la mano de Rafael el Gallo hermano de Joselito, y de Machaquito que se retiraba ese año, y en 1922 en Lima anuncia su primera retirada (no utilizaba coleta) y reaparece en el 1924.Continúa toreando hasta la Guerra Civil.

En 1962, concretamente en el mes de abril y a punto de cumplir 70 años, Juan Belmonte con toda una vida de triunfos y éxito a sus espaldas decide poner fin a la misma en su finca de Gómez Cardeña entre Sevilla y Jerez disparándose un tiro con un revolver que poseía. Pese a ser suicida, se permitió su entierro en el cementerio de San Fernando en Sevilla; y es que la sociedad española era mucho más tolerante antes que ahora.

A menudo, los que nos acercamos a una plaza de toros somos víctimas de insultos por parte de un sector anti taurino que, la mayoría de las veces desconoce de lo que habla, y como en política, se polariza estigmatizando a los que no piensan como ellos. Uno de los insultos que manejan con alegría, es el de “Asesinos”, porque en el enfrentamiento entre hombre y animal, entre toro y torero, automáticamente se ponen del lado del toro. Me pregunto, qué pensarían Alberti, Lorca, Miguel Hernández, Dámaso Alonso, Bergamín. Valle Inclán, Gerardo Diego, Hemingway, Picasso, Goya, Welles…y un larguísimo etcétera de personajes que se han caracterizado entre otras cosas por su particular sensibilidad y afición a la tauromaquia, qué pensarían, repito, si al encontrarse entre el público que accede a una plaza de toros, les llamasen asesinos.

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