FIESTA EN LA PLAYA

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Uno del pueblo

FOTOGRAFÍA: Juan Moya, Jesús Ma. Cencerrado, Joaquín Villalonga.

Una playa imaginaria ocupó el escenario del Teatro Ayala, con “bañistas” de buen oído que interpretaron canciones de pasadas décadas, al ritmo musical que nos marcaban recuerdos de juventud aún presentes en tiempos de reggaetón caribeño o similares compases afroamericanos.     

Y sin salir de Daimiel. Así cono suena, el Ayala vibró con las voces reconvertidas del Coro de Cámara Laminium, polifonía religiosa habitual, adaptada a música y canciones de los ochenta y noventa, traslado dispar de voces melódicas en armonía hasta el mundo del rock, lo que sorprendió a los presentes.

La elegancia escénica normal de esta prestigiosa coral daimieleña, dió paso a un grupo de divertidos veraneantes, con atrezzo totalmente distinto  de sus vestimentas habituales. Sus voces entonaron temas de Bosé, Sabina, Antonio Vega, los Manolos o Alaska, acompañados con palmas y coreados por el patio de butacas que se sintió atraído y se integró en los ritmos de las “desconocida” coral ataviada con sombreros, abanicos, guirnaldas, ropa fresca y colorida al más puro estilo hawaiano. Y además “protegidos” entre palmeras, y aliviados en su sed por un genial barman, apto para todos los públicos y dispuesto allá donde se le reclame.

Moya es así. Carnaval, teatro, música, ambiente optimista e ingenio particular para cada ocasión. Mágico barman, agitando coctelera con sabores y ritmos encajados con dialéctica simpaticona y apropiada para dar pie a cada melodía.

Se cumplieron objetivos sociales con este inédito espectáculo en Daimiel, siendo los Padres Pasionistas los beneficiados con el singular evento.

Tres músicos nada más, Guillermo, Luismi y “Treski”, batería, bajo y rítmica solista respectivamente, marcaban acordes con buen son, conducidos desde la batuta de Cristina Gomez-Limón, directora del grupo e intérprete solista a la vez, artista de cuna, corcheas en sangre. Antonio Martinez y Gustavo Alameda, también se soltaron con interpretación individual, acompañados por sus excelentes compañeros de coral, todos ellos con voces educadas en superiores proyectos musicales.

Patio central del Ayala repleto de público, pleno  de emociones, entre solistas y  agrupación coral que entonaban, bailaban y cantaban ritmos con acordes de música moderna popular no muy lejanos, “Los recuerdos”, el trio instrumental, marcando pauta, ritmo y aplauso acompasado del personal, en ambiente de jolgorio general y participativo.

Proyecto novedoso, inimaginable para los clásicos del lugar, agradable innovación para quienes gustamos de la música en sus diversas manifestaciones. Ánimos desde aquí para futuras puestas en escenas similares.

La expectación suscitada por esta “fiesta en la playa”, quedó ampliamente compensada para un publico que participó y disfrutó.

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