JOSE LOPEZ CANITO EL BANQUERO DEL RECUERDO

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Decía Serafín Estébanez Calderón:

Antes de maldecirme o dejarme al lado, que es mucho peor, pásate y da un bureo por Triana de Sevilla, Mercadillo de Ronda, Percheles de Málaga, Campillo de Granada, barrios bajos de Madrid, el de la Viña de Cádiz, Santa Marina de Córdoba, murallas de Cartagena, Rochapea de Pamplona, San Pablo de Zaragoza, y otras más partes en donde vive y reina España, sin mezcla ni encruzamiento de herejía alguna extranjera.

El costumbrismo, fue y es, una tendencia artística en la que se ponen de manifiesto los usos y costumbres de una sociedad, un país, o una región concreta reflejados en la literatura o la pintura entre otras. Blasco Ibáñez, José María de Pereda, Estébanez Calderón, Mesonero Romanos, Mariano José de Larra o Don Ramón de la Cruz, se encuentran entre los primeros, mientras que Sorolla, Zuloaga o el mismísimo Goya se encuentran entre los segundos. En la música, el género chico, la zarzuela, supone un ejemplo de costumbrismo con obras tan populares como La Revoltosa, La Verbena de la Paloma, El Huésped del Sevillano o La Rosa del Azafrán, donde se ponen de manifiesto modos de vida y costumbres que en definitiva suponen la argamasa donde se asienta gran parte de la identidad de una nación.

Ampliando términos y conceptos, parece que se refería al impulso nacido en los ambientes culturales de la capital de España en respuesta al cosmopolitismo y el afrancesamiento de la Ilustración, y a partir de una recuperación del casticismo, la identidad nacional y los valores tradicionales. En uno de los estudios más clásicos que se han dedicado al costumbrismo, José Fernández Montesinos sintetiza dichos términos y conceptos en la búsqueda de “la otredad del pasado reciente de España”. Son diferentes formas del “ser” y del “estar” de los españoles en ámbitos tan dispares como pueden ser el cortesano, el rural, el festero o el formal, y que forman parte de nuestro ADN particular.

El tiempo, es el mayor patrimonio del que disponemos los seres humanos. El presente dura un instante, enseguida forma parte del pasado y no hay manera de recuperarlo. No hay dinero que pueda comprarlo, pero sí hay una moneda que te permite adquirir recuerdos, instantes del presente que la infiel memoria archiva de cualquier manera y termina por difuminar cuando no borrar, y a través de esa moneda podemos, si no recuperar el tiempo, al menos sí detenerlo para disponer de él cuando el olvido o la nostalgia nos lo demanden, y esas monedas son la fotografía, y la pintura, con ellas compramos tiempo ¡nada más y nada menos!

Y esto, es lo que nos proporciona el banquero del recuerdo con sede en el madrileño barrio de las Ventas José López Canito, un millonario en imágenes enraizadas en el más puro costumbrismo. Ni siquiera hace falta que usted sea aficionado a los toros para acercarse a una de las señas de identidad de la historia de España, solo hace falta tener curiosidad por conocer aspectos de ese iceberg que son los toros, y de los que una corrida es solo la punta, quedando sumergida una parte que la mayoría de las veces no asoma al público en general, bien por desconocimiento, bien por prejuicios. Canito, ha tenido la sensibilidad de poner a disposición del público, un crédito de su banco del tiempo, en forma de imágenes que perpetúan para la posteridad aspectos costumbristas de una actividad que, querámoslo o no forma parte de nuestra cultura.

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