¿QUE TAL EN EL COLEGIO?

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José Ignacio García-Muñoz (Queche)

Hay otro asunto, tan grave o más a largo plazo que el del Bullyng, al que deberemos estar atentos en nuestra calidad de padres responsables, y que no es otro, que el del adoctrinamiento, que puede llegar a adoptar formas muy sutiles. Antes de continuar, sería deseable aclarar algunos conceptos no siempre bien entendidos o diferenciados y de los cuales a menudo, tenemos concepciones distintas.

Si le preguntasen a usted para qué lleva a sus hijos a la escuela, como norma general responderá que: Para que reciban una buena educación.

Definamos educación:
Formación destinada a desarrollar la capacidad intelectual, moral y afectiva de las personas de acuerdo con la cultura y las normas de convivencia de la sociedad a la que pertenecen, incluida la educación en “valores”.

Transmisión de conocimientos a una persona para que esta adquiera una determinada formación.
No hay país, por poco avanzado que esté, que no tenga un Ministerio de Educación, o institución equivalente, al frente de la cual se sitúa al ministro en cuestión que, con mayor o menor fortuna, elabora los planes de educación donde se refleja el tipo de ciudadano que ese país quiere desarrollar a través de sus escuelas.

Para intentar trasladar a la cabeza de nuestros hijos esos conocimientos, tenemos a los docentes, con sus sinónimos más generalizados; profesor, maestro, enseñante… Definamos docente:
[persona]Que se dedica a la enseñanza.

El docente profesional, se dedica ayudado por la metodología y la didáctica, a elaborar estrategias que impulsen los conocimientos y el desarrollo personal de sus alumnos. En última instancia, un docente, es como un notario que dará fe ante la sociedad de los logros de sus alumnos emitiendo una calificación.

Definamos alumno:
Un alumno o una alumna es aquella persona que aprende de otra u otras personas, acepción que, en este caso, resulta ser sinónimo de discípulo. Se dice de cualquier persona respecto del que la educó y crio.
A grandes rasgos, tenemos planteadas las variables que componen la ecuación: Instituciones, docente, alumno, y nos faltaría añadir a los padres o tutores que han de ser colaboradores necesarios, no ya porque es nuestra obligación moral, sino porque legalmente venimos exigidos a ello.

¡A mi hijo le educo yo! Usted dedíquese a enseñarle. Cuántas veces hemos llegado a esta encrucijada, a este choque de trenes. ¿Hasta dónde está usted dispuesto a confiar en el criterio del profesor, más allá de la pura formación en una materia concreta? Educar es acoger, instruir es configurar y formar es emancipar.
Se dice, que “un buen profesor es aquel, que te dice hacia dónde mirar, pero no lo que hay que ver”, y aquí, es donde se deslinda la educación de la instrucción. No hay nada más indecente, que manipular, instruir con deliberada intención a nuestros alumnos, que todavía no tienen el bagaje para distinguir el adoctrinamiento. El mundo, (y la escuela no es una excepción), está lleno de “mesías prometidos” que a la menor oportunidad tratarán de apoderarse de cuantos se dejen por el “profe guay”. No trato de alarmarle a usted querido lector, y lo cierto, es que la enseñanza está plagada de grandísimos profesionales que intentan realizar su trabajo a veces en condiciones que no son las ideales. Da lo mismo, si usted ha optado por la escuela pública, por la privada, o concertada; los Reyes Católicos son los mismos en una y en otra, al igual que Goya, Cervantes, Mozart o las ecuaciones de primer grado y los verbos irregulares en inglés. Los profesores igual, ya que los de la pública, en algún momento estuvieron en la privada, confíe en ellos, pero esté usted atento a los redentores y los mesías salvadores, y cuando le pregunte usted a sus hijos ¿Qué tal en el colegio?, no se limite a las notas, bastante tenemos ya con que los políticos elaboren los planes de educación.

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