FERIANTES

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José Ignacio García-Muñoz (Queche)

  1. [persona]Que acude a una feria para comprar o vender.

2. [persona]Que trabaja en un puesto de venta, un espectáculo o una atracción de una feria.

Antes de que nos demos cuenta, se habrán instalado en el recinto ferial. Una pequeña Babel de nómadas que han hecho de nuestro divertimento su forma de vida, tomarán posesión de su parcela por la que habrán tenido que desembolsar una cierta cantidad al consistorio del pueblo al que acuden.

No cabe duda, de que la del feriante, es una profesión de esas que llamamos “románticas” pero que en realidad es, y perdónenme la expresión: “Tremendamente jodida”. Meses deambulando por toda la geografía, acomodados en los seis metros cuadrados que en el mejor de los casos tiene una caravana, conviven un día sí y otro también, casi siempre en los meses de más calor, familias enteras a menudo con niños pequeños intentando ganarse el plato de habichuelas.

En la película El Viaje a ninguna parte dirigida por Fernando Fernán Gómez, se tratan las desventuras de un grupo de cómicos de la legua en la España de la postguerra, y en un momento dado, discuten con los mozos de un pueblo perdido en la Alcarria que, lejos de querer ver una representación teatral, lo que querían ver era las piernas de las actrices llegando a tener una agria disputa en la que José Sacristán, les llega a espetar algo parecido a: “¿Y vosotros os quejáis por vuestra menguada fortuna? ¡Cuanto peor nos irá a nosotros, que vivimos de lo que a vosotros os sobra!.

Es lo que pasa con las profesiones liberales; cantantes, artistas en general, y a los feriantes, que viven de lo que a nosotros nos sobra, porque no todo el mundo es Julio Iglesias, Alejandro Sanz, o Rosalía.

No quiero pecar de aburrido, pero voy a dejar unas cifras para que usted querido lector, trabe conocimiento con la realidad con la que se topan nuestros protagonistas.

El precio de fábrica de una atracción oscila desde los 50.000€ si son infantiles, hasta los 500.000€ si son para adultos. Por poner dos ejemplos, os dejo los de un municipio que se puede equiparar a Daimiel, y una capital como Sevilla. Los precios varían desde los 0,83 euros del metro cuadrado por día para los espectáculos de variedades, revistas, circos, teatros, norias, carruseles y otras instalaciones similares; a los 2,32 euros de bares y churrerías; los 1,83 euros de puestos de bebidas, tapas, pinchos y churrerías; los 1,27 de tómbolas y rifas o los 1,02 euros de pistas de coches eléctricos, aparatos voladores o casetas de tiro y similares. Fuera de los días de feria, los precios se reducen entre un 8% y un 40% dependiendo de la actividad.

El Ayuntamiento de Tarancón, para la Feria, fija un precio para las tasas por la instalación de atracciones en general en función a los metros cuadrados ocupados que oscilan entre los 26,22 euros por día para aquellas de entre 1 y 60 metros cuadrados y los 6,44 euros/día para las de más de 301 metros cuadrados.

Para las casetas de venta, las tasas son de 27,8 euros para tómbolas, bingos y similares; 13,5 euros para casetas de tiro, cerámica, pesca de botellas o similares; 17,5 euros para bares, chocolaterías y hamburgueserías; 20,86 euros para puestos de helados, hamburguesas o fotografía hasta 6 metros cuadrados; 21,5 euros para puestos de algodón, palomitas, chucherías y berenjenas; 6,44 euros para circos y teatros y 13,51 euros para los de venta de collares, ropa, ferretería, etc.

La ordenanza avisa de que estos precios pueden variar entre un 10% y un 15% en función a la ubicación de la parcela ocupada o por las condiciones particulares de los pliegos de licitación o normas de adjudicación. Y es que la limitación del espacio hace que en algunas localidades sea necesario establecer un procedimiento de adjudicación.

SEVILLA.

Los datos están tomados de ABC Sevilla, y hacen referencia a algunos de los desembolsos que, para plantar sus reales en la feria, tuvieron que hacer estos “románticos”. Así, por una parcela de 320 metros cuadrados que es lo que ocupa una atracción grande, se han llegado a pagar más de 30000 €, llegando a 3000 por una superficie de menos de 20 metros que es lo que ocupa una caseta de juegos.

 Sume usted seguros, mantenimiento y licencias en Industria. Transporte usted toda esa parafernalia en un vehículo que también tiene sus gastos de seguro, combustible y mantenimiento. Pase usted medio año fuera del hogar sin ningún arraigo. Eduque usted a sus hijos a salto de mata con amigos provisionales en cada pueblo. Soporte horario infernales, y los decibelios producidos por los éxitos del verano que invaden el aire a todo volumen, y todos a la vez. Duerma poco y mal…y empezará a comprender que la de feriante, no es una profesión tan romántica, sino una de las más duras que hay, y que, por volumen de negocio e inversión, hace sospechar que detrás hay algo más que lo que se ve.

La pandemia, ha dejado en la cuneta a muchos de estos profesionales, porque dos años y medio sin trabajar es mucho tiempo, de modo, que ahora que las cosas parece que empiezan a andar eso sí muy despacio, sea usted todo lo generoso que pueda, y cuando se encuentre usted inmerso en ese maremágnum de sirenas, cláxones, campanillas, perdigonazos, charlataneo de tómbolas y luces multicolores. Con el Fary mezclado con los Credence, los Chichos y Camela. Cuando vea subir al cielo el humo de la panceta y los chorizos a la parrilla mezclado con el de los churros. Cuando se haya limpiado las manos en el trapo comunitario después de comerse una berenjena que instantes antes buceaba en una orza… acuérdese de aquellos días en que, subido al látigo, la barca, la ola o los coches de choque, tuvo oportunidad de estar más cerca de la muchacha que le tenía robado el corazón, o de aquellos amigos con costras en las rodillas con los que compartió sacis,pipas y cigarros de chocolate, y agradézcaselo a los feriantes, deje volar su imaginación, y súbase a cualquiera de ellas.

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