PUB GLASS, ME CUESTA TANTO OLVIDARTE..

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Ángel Vicente Valiente Sánchez

La calle  Alfonso  XII  ha tenido muchas transformaciones en los últimos sesenta años, que son más o menos los que yo tengo (¡Cómo pasa el tiempo!). Una de las más significativas fue el cambio del sentido de  la circulación. Recuerdo las dificultades de los camiones para tomar la curva de la esquina. Algunos de los establecimientos que podíamos encontrar en aquellos tiempos se han trasladado de lugar (   Los Canarios),  otros han desaparecido (farmacia de Simal, la Alpargatería Fernández, el comercio de tejidos de Román y Ángel, que estaba en la esquina con la calle Monescillo).

En esta foto coloreada se puede apreciar el aspecto de la calle en 1963. Junto a Los Canarios aparece un pequeño local que me ha costado mucho identificar. Gracias a la ayuda de algún amigo he logrado saber que se trata de la Joyería Erin. La calle Alfonso XII era como una especie de indicador de la vitalidad de Daimiel. Sigue siéndolo. El periodo de efervescencia en el que unos negocios desaparecían y otros surgían va ralentizándose de forma inquietante en los últimos tiempos. Ahora predomina desgraciadamente la desaparición.

En esta calle hacia 1980 Jesús Lozano y Satur Ruiz de la Hermosa decidieron construir el Pub Glass en la parte baja de la casa de D. Gustavo, el médico.  En colaboración con Juanfra  el Albañil diseñaron un local que nos recordaba a los locales de copas que aparecían en las películas americanas de los años 70. De apariencia humilde y sencilla, el Glass  representaba una verdadera innovación en el panorama del ocio en los años ochenta. Diseñado con verdadero mimo, ofrecía a los jóvenes un centro de reunión y de tertulia  más que un sitio de copas.

El diseño del neón daba a la fachada el aspecto de una postal neoyorquina. La aparente sencillez del local ocultaba en su interior un refugio para los jóvenes de aquel tiempo,  que comenzábamos los fines de semana siempre tomando aquí una cerveza ( y los terminábamos con otra). Tras la barra,  había una estantería con un botellero que estaba iluminado de color verde y amarillo; una verdadera delicia para la contemplación. El sonido de la música era excelente, sin las estridencias que comenzaron luego a ser habituales. De modo que se podía tomar una cerveza plácidamente, sin el agobio de un sonido ensordecedor.

Hacia 1986 adquirió el local Manolo Loro y realizó algunas reformas. Entre ellas adaptó el patio interior para su uso y cambió el diseño del suelo (baldosas en ajedrez de color azul marino y blanco). Detrás de la barra estuvo durante mucho tiempo Paqui, una sensacional camarera, que es en gran medida la responsable de su éxito. A la entrada, a la derecha había un gran espejo, que daba apariencia de más amplitud al interior. Al fondo algunas mesas servían de aposento a las parejas.

Los posavasos con forma de hoja de parra fueron diseñados por Satur. Según me ha contado él mismo, en el patio interior había una parra. Eso le dio la idea. Idea afortunada que se constituyó finalmente en un símbolo del local.

Durante el día el aspecto del Glass era muy sugestivo,  pero realmente cuando comenzaba a cautivar de verdad era al caer la noche.  Entonces  se transformaba en una cosa diferente;  como si hubiera surgido otro local distinto en el mismo sitio. No al modo de la película  Abierto hasta el amanecer, sino como la aparición de un escenario renovador de la escena daimieleña. Traspasando el umbral nos encontrábamos en un ambiente nocturno y auténticamente sugestivo;  propicio para el encuentro con los amigos.

En aquellos tiempos se impuso la música española: Mecano, Héroes del silencio, Burning,  Alejandro Sanz.  Junto a la música nacional se escuchaba mucho Juan Luis Guerra,  Supertramp,  The Police. Casi todos ellos ofrecieron conciertos en Daimiel.

Juan Luis Guerra sacó al mercado en 1990 un disco estupendo,  Bachata Rosa. Tuvo un gran éxito en España. En el Glass se convirtió en una especie de himno, que se ha grabado en nuestra memoria para siempre.

            Ese corazón

            se desnuda de impaciencia ante tu voz.

            Pobre corazón

            que no atrapa su cordura.

            Quisiera ser un pez

            para tocar mi nariz

            en tu pecera

            y hacer burbujas de amor por donde quiera.

En ese mismo disco, se encontraba la famosa canción  La  Bilirrubina. Un disco portentoso, con letras sugerentes que nos servían de aire en el que respirábamos. También recuerdo las canciones de Mecano y las de Alejandro Sanz, que por aquel entonces comenzaba su andadura. Del álbum Viviendo  deprisa, se hizo muy popular entre nosotros la canción Pisando fuerte. Y repetíamos la letra con frecuencia.

Son tan fuertes tus miradas

            elegantes y estudiadas.

            Yo soy un adolescente,

            pero entraré en tu mente

            pisando fuerte,  pisando fuerte.

En fin,  el Glass desapareció para siempre, pero seguirá vivo en nuestra memoria. Para muchos de nosotros fue un ejemplo de delicadeza y elegancia. Con estas líneas he tratado de rendir homenaje a uno de los mejores locales de copas de nuestra provincia,  que estaba aquí , al lado de nuestra casa. En su sencillez y humildad representó una auténtica innovación y un espacio de encuentro entre amigos.

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