CARNAVAL

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José Ignacio García-Muñoz

Si uno escucha la palabra “Carnaval”, enseguida se dibuja en la imaginación la escena de una muchedumbre ataviada de mil maneras posibles, y tapándose la cara con una máscara con la intención más o menos afortunada, de disimular su identidad. Es cierto, que también podemos (y hasta cierto punto debemos) imaginar cientos de impresionantes señoritas bailando al compás de la samba por las calles de Rio de Janeiro acompañadas por no menos impresionantes comparsas, pero eso, ya son los carnavales de Brasil, y nosotros pretendemos hablar de los carnavales en general. No, no vamos a dar una lección magistral sobre sus orígenes cosa que no nos corresponde, y menos sobre algo en lo que los que verdaderamente entienden tampoco terminan de ponerse de acuerdo, pero vamos a hacer como el buen pedagogo; insinuar hacia dónde mirar, pero no lo que hay que ver.

Dejaremos que, a partir de estos apuntes, cada cual indague en busca de mayor conocimiento si así lo tiene a bien.
Ya en el Paleolítico (2,59 millones de años), en África, cuna de la humanidad entendida como lugar de aparición del primer ser humano (homo sapiens), se han registrado en restos fósiles máscaras que sin duda eran usadas por nuestros antepasados. ¿Significa esto que ya había carnavales? Evidentemente no, ya que el uso de máscaras con diferentes finalidades también era propio por ejemplo del teatro en la antigua Grecia, de rituales funerarios Mayas, y de multitud de ceremonias de diferente índole a lo largo de la historia de la humanidad. De modo que ponerse una máscara y salir por ahí a hacer cucamonas, tiene que tener una causa, una motivación, una razón de ser.
Hace más de 5000 años, en Sumeria, una región histórica del Oriente Medio entre los ríos Tigris y Éufrates al sur de Mesopotamia, y considerada la primera civilización del mundo (inventaron entre otras cosas la rueda y la escritura) ya practicaban algo parecido a un carnaval, y los egipcios no les fueron a la zaga en esto de “desparramar” durante unos días. Eran fiestas paganas en honor a alguna deidad como por ejemplo Baco (Dionisos en Grecia) Es el dios patrón de la agricultura y el teatro, y es uno de los considerados dioses olímpicos. Es el dios de la fertilidad y el vino. Por aquí, ya vamos sacando alguna pista, de modo que las fiestas de carnaval, de alguna manera van ligadas a la agricultura y a los avatares que el carácter estacional de los cultivos tiene.


Las Saturnales (212 A.C), fueron fiestas en honor a Saturno como a nadie se le escapa, pero fijaos, que es el dios romano de los cultivos y la cosecha. Se le asocia casualmente con Cronos dios del tiempo humano, los calendarios, las estaciones y las cosechas. Tenia Cronos el mal hábito de comerse a sus hijos temeroso de que lo derrocaran, cosa que terminó sucediendo. Su padre era Urano y su madre casualmente Gea la diosa primigenia que personifica la tierra.
Las Lupercales también romanas, fueron fiestas relacionadas con el desmadre programado, y que en el calendario aparecen el 15 de febrero. Recordar aquí, que Luperca fue la loba que amamantó a Rómulo y Remo a la postre fundadores de Roma.
Las fiestas en honor al toro Apis en el siglo IV En Menfis capital del antiguo Egipto también pueden considerarse antesala de los carnavales. Apis fue venerado desde épocas de las primeras dinastías, como dios relacionado con la fertilidad de los rebaños, con el Sol y el dios del Nilo (que con sus inundaciones periódicas fertilizaba la tierra). Su culto pasó a Alejandría en la época ptolemaica, siendo muy popular entre griegos y romanos. A diferencia de los cultos de la mayoría de las otras deidades de Egipto, la veneración al toro Apis fue adoptada por los griegos, después, por los romanos, perdurando hasta casi el siglo IV. Como vemos, estas fiestas en las que aumentaba la permisividad y una cierta displicencia por parte de las autoridades, siempre han estado relacionadas con la tierra, y la agricultura.
Saludar al invierno, despedirse de él, a la espera de que las cosechas sean propicias, acabando la estación del año que en la antigüedad más penurias ocasionaba a los habitantes de la tierra conocida, eran motivos de festejo y jolgorio. En la edad media, se fabricaban peleles y marionetas a las que se manteaba y daba muerte simbólica convirtiéndolas en el chivo expiatorio del año que pasaba, estas costumbres, todavía perduran entre nosotros El calendario de las cosechas marcaba el devenir de los pueblos que, acostumbrados a pasar hambre cuando éstas eran menguadas por la climatología adversa, se encomendaban a cuantos dioses propiciaran abundancia en el grano y las vides, pero mira tú por donde, la iglesia católica que como tal no había hecho acto de aparición, iba a venir a ensombrecer el panorama festivo.


El cristianismo se extendió por todo el imperio romano temprano, a pesar de las persecuciones debido a conflictos con la religión del estado pagano. En 313 las persecuciones fueron disminuidas por la legalización del cristianismo por el emperador Constantino. En 380, bajo el emperador Teodosio, el cristianismo se convirtió en la religión oficial del Imperio romano por el decreto del emperador, que persistiría hasta la caída del imperio de occidente, y más tarde, con el imperio romano de oriente, hasta la caída de Constantinopla…Y la iglesia, en un momento dado, empezó a no ver con buenos ojos las representaciones paganas que se llevaban a cabo en estas fiestas (y me imagino que el desenfreno) y establece que los carnavales serán 40 días atrás contando desde el Domingo de Ramos. Aparece el término “Carnaval” Préstamo (s. XV) del italiano carnevale y este de carnelevale, alteración del latín carnelevare, compuesto de carne ‘carne’ y levare ‘quitar’, por alusión a la tradición de no comer carne durante el ayuno de Cuaresma. El término tradicional castellano carnestolendas procede de la elisión de la frase latina (dominica antes) carnes tollendas ‘(domingo antes de) quitar las carnes’.
En España, los carnavales entran por Cádiz en el siglo XV importado por mercaderes venecianos, cuyo carnaval es famoso universalmente sin desmerecer en absoluto el gaditano a mi parecer infinitamente superior, y fue aquí en Cádiz, donde tiene lugar un suceso luctuoso, pero que a la postre afianzó la celebración de los carnavales en todo el país. Franco atento siempre a las sensibilidades de la iglesia, prohibió los carnavales desde 1937 hasta 1947.
Durante la Segunda Guerra Mundial, desde septiembre de 1942, y ante un hipotético desembarco aliado por el sur de la península Ibérica, la Armada española estuvo almacenando armas submarinas en las antiguas dependencias de la factoría Echevarrieta y Larrinaga, junto al barrio gaditano de San Severiano, en Cádiz, reconvertida a tal efecto en Base de Defensas Submarinas.

La intención era acopiar hasta 16.000 artefactos para minar las zonas costeras susceptibles de ser utilizadas como puntos del desembarco aliado en Europa, desde Huelva hasta Almería (1). Finalmente, en julio de 1943 los aliados desembarcaron en Italia y este peligro se desvaneció. Desde ese momento cesó la necesidad de mantener el almacenamiento en Cádiz. Cuatro años más tarde, el 15 de julio de 1947, en el recinto militar seguían almacenadas algo más de 2.200 bombas, entre minas submarinas, cargas de profundidad y torpedos. Treinta y tres días después, el 18 de agosto, a las diez menos cuarto de la noche, estalló el almacén núm. 1 de la citada base. Causó ciento cuarenta y siete muertos, miles de heridos y enormes daños materiales en la ciudad. Al parecer, parte del explosivo se encontraba en forma de nitrocelulosa en algodón pólvora que se mantiene estable a temperaturas entre 12 y 15 grados, y que ya a treinta empieza a desestabilizarse. Agosto, Cádiz y nitrocelulosa bajo un techo de uralita no son una buena mezcla… No podía terminar bien y no lo hizo. Para levantar el ánimo entre la población, Franco levantó la prohibición de los carnavales que ha perdurado hasta nuestros días.


Querido lector, agradezco que hayas llegado hasta aquí, y no te voy a martirizar más, sólo animarte a salir a la calle y disfrutar del espectáculo que se ofrece ante tus ojos con la certeza de que tienes delante una manifestación que más allá de en lo que se ha convertido, tiene un respaldo histórico digno de conocerse y estudiarse. Feliz carnaval.

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