VIVA EL VINO

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Uno del Pueblo

Así, sin signos de admiración. Vívalo y bébalo. Con la moderación que el sentido común nos advierte. Esa sobriedad nos hace sentir las bondades de esta ancestral bebida, desde tiempos de Noé hasta las generaciones actuales.

Son muchos los beneficios que el vino proporciona al ser humano. Nuestra salud cardíaca lo agradece, así como el propio cerebro o los intestinos. El envejecimiento natural se ralentiza con el consumo moderado, incluso nuestra piel lo agradece. Artrosis, colesterol, capacidad cognitiva y muchos más desgastes propios de los años, se lentifican con la ingesta mesurada de tan saludable elixir. Sin duda previene males, procurándonos además una vida más placentera.

Se asociaba el consumo de vino en épocas pasadas recientes a las personas “mayores”, bebedores de “chatos” en bares y tabernas a partir de cierta edad. Esa imagen fue dando paso, poco a poco, a modernos establecimientos con amplia y variada bodega con buenos caldos que ya solicitan los más jóvenes, bien informados en las cada vez más frecuentes “catas” promovidas por profesionales del sector, con sumillers que educan y culturizan al moderno público presente en dichos actos sociales, actos bien recibidos y bien vistos cuando se convocan, “catas” que se deben prodigar más.

Todo ello, consigue paso a paso mayor número de adeptos al vino, refrendándose nuestro argumento con las optimistas noticias que transmiten hosteleros que promueven el consumo del producto estrella de nuestra región, sin duda la primera comunidad autónoma de España en el cultivo de la vid.

La cultura del vino está más viva que nunca en la Mancha, progresando adecuadamente en Daimiel, con tendencia al alza, en un buen ambiente en torno a blancos y tintos, airen y verdejo, crianzas y reservas. Aromas, colores y sabores de nuestros caldos, son objeto de debate entre pandas de amigos o en círculos de veteranos más avezados, con decantadores que airean y mejoran el sabor a determinados vinos en temperatura idónea, mientras se discute el gol de Vinicius, la impertinencia de aquel ministro o la escasez de lluvia.

“No hay mejor vino que el de la mano de Rufino”… dijo un parroquiano en referencia al barman y sumiller que nos asesora y orienta en su local en la elección por estos pagos de Daimiel.

Según Hipócrates, las propiedades del vino destruyen la congoja,  el bostezo y los espeluznos.

Cepas bien arraigadas y la buena elaboración logran el rico vino de nuestra tierra, con calidad y asumible para el bolsillo. Reuniones de negocios, celebraciones, acuerdos o simplemente salir a tomar algo en compañía, resultan más placenteros en torno a una buena botella de vino compartida y degustada en copa de cristal. Beba el vino.

Y allá va la despedida: “Se templado en el beber, considerando que el vino demasiado ni guarda secreto ni cumple palabra”. Lo dijo Cervantes.

Y ahora sí, con signos de admiración:

¡¡¡VIVA EL VINO!!!

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