LA PROXIMA NAVIDAD

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Será todo distinto. Por fín habremos superado entre todos el maldito maleficio del bicho. Los ánimos, el espíritu, el ambiente, la situación social en general, será muy diferente. Se habrán superado temores y miedos que tanto nos han condicionado en esta pasada Navidad. El ambiente prenavideño, optimista en general, se truncó hacia el pánico que de nuevo nos contagió el repentino repunte que a todos nos acojonó, con perdón.

Pero las Pascuas próximas van a ser otra cosa. De nuevo volveremos a salir sin temores, haremos vida social sin tabúes condicionantes, visitaremos a familiares y amigos sin distancias preventivas. Desaparecerán gestos de nuevo cuño sustitutivos de besos y abrazos, que reaparecerán, insustituibles siempre, para manifestar afectos, cariños y amores. Una sencilla caricia será más valorada. El tacto nos hará percibir como siempre sensaciones semiolvidadas, estímulos positivos al estrechar una mano y sentir la presión animosa del otro. Estímulo humano que transmite la buena gente de modo natural. Incluso los abuelos veremos crecer a los nietos desde la cercanía, la distancia impuesta por el puto bicho dará paso al achuchón natural, como siempre fue.

Bares y tabernas harán sonar de nuevo el villancico recién estrenado -El niño ha nacido ya-, de raíces daimieleñas, por nuestro gran Ricardo, junto al ande, ande, ande, pero ya sin mascarillas. Y la Banda de Pedro hará el pasacalles soplando sin riesgos el arre borriquito. Incluso la Carpa alojará actividades múltiples que hogaño se han realizado a real y media manta, dadas las prudentes suspensiones en vista del repunte cabrón.

Lo experimentado en la reciente Natividad quedará en el pasado. Casi todos nos resignamos, a la vez que fortalecemos el espíritu ante la adversidad superada. El que resiste gana y nosotros estamos resistiendo. No hay mal que cien años dure y tras la tempestad volverá la calma.

Abrazos para abrazar, manos para estrechar, caricias para mimar, carantoñas y cucamonas sintiendo el contacto, fiestas para festejar, gastronomía para compartir, sin distancias ni mascarillas…

Lo que aquí se augura, a buen seguro acontecerá en la próxima Navidad. Y como soy muy fan de D. Quijote, lean esta reflexión del ingenioso:

“Sábete Sancho, que todas estas borrascas que nos suceden son señales de que presto ha de serenar el tiempo y han de sucedernos bien las cosas; porque  no es posible que el mal ni el bien sean durables, y de aquí se sigue que, habiendo durado mucho el mal, el bien esté ya cerca…”

Vayan entrenando, porque todo en esta vida es temporal y siempre que llueve, escampa. Amén.

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