VICTORINO, ESCRIBANO, RUBEN PINAR Y DAIMIEL, TRIUNFADORES EN LA FERIA

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Uno del pueblo

Fotografías: Juan Moya – Varios.

La histórica corrida de toros anunciada en los carteles para la corrida de este 2021 tras el  parón pandémico del año anterior, pasará a la posteridad como corrida de toros histórica en los anales de esta ciudad. “Es deber de todos defender una parte de nuestra cultura y nuestra seña de identidad, que representa el toro, un patrimonio heredado de nuestros mayores”, Victorino Martín dixit en la presentación del cartel en Daimiel un mes  antes.

A pedir de boca resultó el festejo. Un buen porcentaje del máximo permitido, pobló el tendido de la Plaza de Daimiel, con un público entendido que prestigió a nuestra Plaza con su conducta. Y contribuyó sin duda a la magia que emergió del ruedo, “toreando” con sus sentidos olés, en animosa pasión que contagiaba al torero. ¿O era al revés? Qué más da, lo cierto es que la magia transcendió del ruedo al tendido hubo “pellizco” entre torero, afición y los de “Las Tiesas”, finca donde Victorino mantiene ese ejemplar relevante, inconfundible y único entre las vacadas más importantes de la historia. Encierro serio, de distintas cabezas, pero todos procedentes de la A coronada, con comportamientos propios inconfundibles para el aficionado.

Minuto de silencio e Himno Nacional en los prolegómenos antes de romperse el paseíllo. Solemnidad y respeto, con aplauso unánime y de verdad, aplauso que se repitió al romperse el paseíllo y “obligar” a los espadas a saludar desde el tercio, no todos se enfrentan a una victorinada. Momentos sublimes, de plena emoción a instancias de plaza entendida.

El corniveleto descarado que hizo primero de la tarde, se revolvía en el capote buscando pies del de Gerena. Un buen puyazo más otro señalado sirvió para que Manuel Escribano tomara los palos, tercio que domina, logrando la ovación unánime de la Plaza. Brindis al tendido y tandas de naturales ante el morlaco que se revuelve buscando zapatillas con peligro claro para el torero. No se aflige el andaluz, llegando hasta el límite permitido por su oponente con mucho riesgo. Media estocada en su sitio, con fuerte contusión en el embroque a la altura abdominal de Escribano, dadas las pronunciadas astas del victorino acaba con la vida del primero de la tarde. Una oreja para el esportón del sevillano.

En su segundo, cuarto de la tarde, se produjo estrepitoso derribo al caballo. Otro ejemplar de la casa con conducta definida. Lucimiento en banderillas de nuevo, destacando el laborioso tercer par. Tobillero en la muleta, con embestida corta, resulta victorino para experto. Se esfuerza Escribano, en lucha toro-torero. Emoción en cada momento transmitida por un toro a la defensiva pero con intención. Lidia para aficionados, muletazos sin ligazón ante el toro que no embiste. Insiste el torero hasta poder al astado y bien armado cuarto de la tarde. Una estocada baja no logra hacer caer al corniveleto, que emprende lento recorrido hacia toriles entre el respeto y la emoción del público. Una oreja, con leves protestas, obtuvo el esforzado Manuel Escribano, con terno de clásico añil y oro.

De verde manzana y oro realiza su debut Rubén Pinar en Daimiel, con buenas verónicas de recibo ante la insistente búsqueda de pies del animal. Doble puyazo en una sola tacada, disponen para el brindis del torero a la Plaza. Dos tandas consecutivas por el pitón derecho, continuadas por otras dos por el izquierdo, hacen rugir los tendidos, “toreando” con el de Albacete la embestida humillada y con clase del burel. Se cae la Plaza. Calidad en la muleta, calidad en el toro menos armado pero con más clase de la tarde. Derechazos posteriores, sin ayuda, ante la persistente y noble embestida del victorino. Momentos de éxtasis rematados con adornos de cartel. Las mascarillas estallaron en los tendidos, la Plaza se tambalea. Estoconazo en todo lo alto. Toro rodado. Pero no. El animal busca toriles, emprendiendo camino al infinito, moribundo y entre el clamor de los tendidos. Cae al encontrar su origen entre la emoción de la buena afición de esta tarde en Daimiel. Dos orejas al esportón de Pinar con aclamado reconocimiento de una Plaza entendida que aplaudió la vuelta al ruedo del victorino.

Tras parar a su segundo, el torero lleva al caballo a su oponente, que recibe un buen puyazo. Buenos muletazos por bajo en inicio de faena, con derechazos de buen gusto y  con temple en dos tandas aplaudidas. Al natural, Rubén Pinar vuelve a desplegar su poderío, demostrando estar en gran forma, con lo que se impone al toro. El de luces convence a los tendidos, las palmas echan humo. Otro toro bueno de Victorino, entre derechazos bien ligados con remates de rabo a pitón. Doblones por bajo rematados con el de pecho mirando al tendido. Una estocada caída acaba con el astado al que se aplaudió en el arrastre. Dos orejas de nuevo para el matador de Tobarra, que sin duda dispuso del mejor lote de la tarde.

Con vestido de inmaculada y plata pisó el ruedo daimieleño el valenciano Román, muy reconocido entre los aficionados. Al veleto y altivo tercero, lo recibió con dificultades el diestro ante el peligro desarrollado por el astifino. Un fuerte puyazo, carioca incluida, le rebaja los humos, aunque vuelve a dar guerra en banderillas. Mucho peligro en el ruedo. Sin brindis, un tenaz Román se empeña en hacerse con su serio adversario, de difícil y compleja condición. Logra extraer tandas por los dos pitones a base de mucho oficio, entre el respaldo del tendido. Mucho mérito de Román, que culmina con molinetes de adorno para espadazo final hasta la bola, perpendicular, lo que obliga al acertado descabello. Saludó desde el tercio Román Collado.

El que cerró Plaza fue bien recibido por el diestro. Más recortado de cuerna, empujó en el caballo ante el buen oficio de su picador, que se retiró entre una cerrada ovación, extensiva a sus colegas que a lo largo de la tarde demostraron magisterio en este difícil fundamental tercio. Brindó Román a José Luis Moreno, matador ya retirado, presente en el callejón. De nuevo su gran voluntad y deseos de cuajar  la tarde, logran meter en el canasto al Victorino, hasta conseguir buenas tandas de naturales. Tanto como pudo ante la dificultad del astado, fue peleado por Román, luciéndose al final de faena con vistosos y arriesgados doblones por bajo. Pero la espada le privó de la bien merecida oreja en su faena, no acertando con el hoyo. Cinco pinchazos hasta que el toro dobló, volviéndose a levantar como buen victorino enrazado, teniendo que utilizar el verduguillo el de Valencia hasta en tres intentos. Mala suerte con los aceros en la tarde de Daimiel,  pero buen sabor de boca con regusto a triunfo el que dejó Román en nuestra ciudad.

Sensacional tarde de toros en Daimiel. Momentos inolvidables con los que se hace afición. La esencia y dureza de la tauromaquia se concentró en nuestro coso. Auténtica corrida de toros. Hubo toros, hubo toreros. Predisposición de los toreros, emoción y peligro en la victorinada. Momentos de toreo caro ante embestidas únicas de victorinos bravos de difícil descripción. Expectación en los tendidos y triunfo. No faltó de ná. Comportamiento a seguir de Plaza torista. Plaza que también enamora. Recuerdos a los que ya no están. Corrida para el recuerdo.

Victorino Martín, el ilustre ganadero, Manuel Escribano y Rubén Pinar, a hombros por la Puerta Grande.

¡Que vivan los toros!

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