LA EDUCACIÓN PRIMARIA EN DAIMIEL DURANTE EL SIGLO XIX – V.

4

 369 visitas,  1 visitas hoy

QUINTA PARTE

Juan Vidal Gago.

A mediados del siglo XIX, las competencias educativas pasan al Ministerio de Fomento, del que en 1856 fue titular el zamorano D. Claudio Moyano Samaniego y bajo cuyo mandato fue aprobada y puesta en vigor la Ley de Instrucción Pública de 1857, conocida como Ley Moyano, que gozará de ser la más longeva de cuantas han existido en España. Se trata de una auténtica ley de consenso, que tomando como base toda la legislación anterior, intenta mejorar la pésima situación que vivía  la educación en un país que por estas fechas tiene un índice de analfabetismo superior al 80%, que más de la mitad de los niños estaban sin escolarizar, que el 40% del profesorado no estaba en posesión de la titulación específica y que más del 60% de las escuelas existentes carecían de las más elementales condiciones p ara la docencia. La falta de dinero, como siempre, en aspectos educativos, retardó la aplicación de los principios incluidos en la ley como se comprueba con toda crudeza en el caso que nos ocupa.

En el año 1859, el alcalde daimieleño pone en conocimiento de la Corporación Municipal que después de que el gobernador aprobara el derribo de las partes de casas ruinosas pertenecientes a la escuela pública de niños, era necesario la construcción de un edificio capaz para 350 alumnos, por lo que el Ayuntamiento acuerda encargar el proyecto del  mismo al arquitecto provincial de obras públicas, a la vez que dado lo sucinto del local donde imparte clases Doña Francisca Pérez Campos, se instale esta escuela y la vivienda de la maestra en el teatro.

Peor suerte corre Doña Francisca Orovio Cruz, quien después de haber estado durante algunos meses de la primavera y el verano de 1862 impartiendo sus clases en el patio de una vivienda, llegadas las primeras lluvias y fríos del otoño, no han encontrado sitio mejor para instalar su escuela que en una cámara con una escalera muy estrecha y muy súpita con el  peligro que acarrea, de lo que se lamenta ante el Ayuntamiento quien resuelve destinar como local para dicha escuela la planta baja del local pósito, así, ya no hay que subir y bajar escaleras porque el almacén está a ras del suelo y como necesita ser acondicionado, se recurre para ello a los 500 reales anuales que dicha maestra tiene asignados para material escolar de las alumnas que no pueden adquirirlo.

Siete años estaría Doña Francisca Orovio impartiendo clases, a la vez que compartiendo calamidades con sus alumnas en el pósito hasta que el 1868 con el fin de evitar consecuencias funestas de las condiciones insalubles que reúne la habitación dedicada a escuela en el pósito de esta villa y no cabiendo además en el citado local el crecido número de niñas que asiste a ella, era indispensable proporcionar otro más higiénico, para lo cual se alquila a D. Juan Francisco Fisac el local que tiene en la C/. Subida a las Casas del Rey nº 6, por cuatro años, ya que sus dimensiones, unas 30 varas de longitud y 4 de latitud, alrededor de 85 m2, pueden ser suficientes(19).

Hablando de condiciones higiénicas, ¿cuáles serían las que dispondrá el aula de D. Aquilino Corrales? Cuando en 1866 solicita al Ayuntamiento hacer un silo en la traspuerta de su escuela ya que debido a las aguas que estaban estancadas y con el calor, no podían parar los niños, sufriendo olores que les perjudicaban. Tuvo que ser muy grave por la diligencia con que actúa el Ayuntamiento que sin dilación a lo solicitado y por lo avanzado del tiempo y que podría perjudicar a la salud pública pone manos a la obra(20).

En 1868, pasados nueve años desde su encargo, el proyecto de construcción de nuevas escuelas sigue en proyecto, y hasta qué extremo estaba llegando la inadecuada ubicación de los alumnos, que a un Ayuntamiento que nunca destacó por una especial sensibilidad ante esta problemática, tres años antes había tomado el acuerdo que transcribimos: Por el regidor síndico se manifestó: Que en atención a la mala proporción de edificios para escuelas que existen en esta población, conocidas por todos las condiciones necesarias de comodidad y de higiene que no solo impedían  la pronta instrucción de los maestros sobre los discípulos, sino que apiñados muchos de éstos en un corto trecho, su salud peligra, especialmente en la época de calor por más que se cuide de renovar el aire puro, era del parecer de oficiar al Sr. Cura párroco de San Pedro para que si lo tiene por conveniente ceda la ermita titulada de San Roque, donde podrá colocarse la escuela superior de niños hasta que se edifique para dichas escuelas los establecimientos que se encuentran en proyecto(21).

La iglesia accede a esta solicitud, aunque se tardará varios años en realizar el traslado de la escuela.

El patio de una vivienda al aire libre, la cámara de una casa con escalera intransitable, la presencia de aguas estancadas en las proximidades de la entrada al edificio escolar, el teatro, el pósito, la ermita de San Roque etc. Todo vale para la enseñanza(22).

A las escuelas superiores, tanto de niños como de niñas se las permitía disponer de maestros auxiliares, que desempeñaban su tarea con carácter interino, menos sueldo y menos responsabilidad, lo que lógicamente provocaba la inestabilidad de estos maestros y así vemos como la escuela superior regentada por D. José Piña goza cada año de un auxiliar distinto: En 1861 es D. Nicanor Cuerva, con sueldo anual de 2.200 reales, en 1862 será D. Domingo Villaverde de Mota, a quien a los 2.200 reales habrá que sumarle 720 por impartir también clases de adultos, en 1864, con el mismo sueldo que el anterior, el maestro será D. Victoriano Moreno Infantes y en cambio en 1867 vemos a D. Juan Antonio Rasero que al no impartir clases de adultos, su salario volverá a ser de 2.200 reales.

La toma de posesión de los maestros se realizaba habitualmente en el aula donde después impartiría sus clases, en presencia del alcalde, del secretario del Ayuntamiento, que levantaba acta, del director de la escuela y de tres testigos, que solían ser funcionarios municipales y casi siempre los mismos, por estos años: Manuel Velasco, Francisco Susmozas y Antonio Peral.

Cuando en 1861, a causa de la quebrantada salud de la directora de la Escuela Normal de Ciudad Real, es nombrada con carácter interino para desempeñar este cargo la maestra de Daimiel Doña Francisca Orovio Santa Cruz y tiene temporalmente que abandonar su escuela, es nombrada para sustituirla interinamente su hermana Doña Fulgencia, a quien volveremos a ver en nuestra localidad en 1865, pero ahora como maestra interina auxiliar de la escuela superior que regentaba Doña Francisca.

Por esta época se produce una espectacular subida de sueldos como comprobamos en 1864 con D. Fermín Pascual Lara Sierra, que es nombrado para cubrir la vacante de la escuela elemental de niños con el salario de 5.500 reales y casa gratuita, aunque gozará todo esto durante muy poco tiempo porque en el mes de mayo de ese mismo año, es nombrado para esa misma plaza, pero en propiedad D. Aquilino Corrales, con el mismo sueldo.

Continuará.

19 AMD. Libros Capitulares. Signatura L/00008. Acta del Pleno del 28 de febrero de 1868.

20 AMD. Libros Capitulares. Signatura L/00008. Acta del Pleno del 30 de Abril de 1866.

21 AMD. Libros Capitulares. Signatura L/00008. Acta del Pleno del 10 de febrero de 1868.

22 ¿Qué valor se le daba a la educación! Que cada lector saque las conclusiones que estime oportunas.

Compartir.

Sobre el autor

Déjanos un comentario, no hay que registrarse