LUCES DE NAVIDAD

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Uno del pueblo

El covid, ese maldito virus, no nos va a permitir gozar de la Navidad tradicional. Las medidas sanitarias preventivas condicionan la normalidad, hay que cumplir a rajatabla las orientaciones de precaución provenientes de instituciones públicas y del propio sentido común. Modo distinto hogaño para celebrar la entrañable Navidad.

Pascua preventiva, con valores al alza si cabe, por aquello de la obligada separación como método de lucha ante el virus, pero que al generar añoranza por lo de siempre, a lo que no dabamos importancia, resulta ahora vínculo que refuerza nuestro amor y cariño por los nuestros, incluyendo a las personas que forman parte de nuestra vida social, los de cada día.

Quién nos iba a decir el año pasado en estas mismas fechas que estaríamos echando de menos los abrazos, vinos compartidos y fiestas con amigos, con los compañeros de trabajo, con los “ausentes” que fieles a su cita acuden a la llamada de la madre patria local… Así es la vida, experiencia inédita para todos quienes componemos la sociedad actual. Nadie sabia nada acerca de lo que significa y condiciona una puta pandemia…

Pues aún así, y en época de coronavirus, no hay que dar el brazo a torcer, debemos seguir manteniendo actitud, talante navideño, con mensaje cristiano o como cada cual interprete, pero con claridad de ideas y óptima disposición del personal en días tan entrañables.

Hosteleros que recaudan porcentaje importante en la cuenta de resultados del año, se verán apretados por la realidad que minimiza ese arreón de final de año, tras resistir a una calamitosa temporada de covid. Eso sí, con la ilusión y seguridad de un futuro más o menos próximo, que a todos nos irá encauzando en la tan deseada normalidad.

Empresarios que tirando del carro, se ven amenazados por la evolución del bicho y su influencia en la sociedad en general, con déficit psicológico y real a la hora del consumo.

Y los niños, ¡ ay los niños…!, protagonistas también de este presente, aunque con mejor futuro, personajes del mañana que a ser posible han de asimilar, estudiar y aprender para el porvenir acerca de las diversas circunstancias de las personas, con bondades en tiempo de prosperidad y adversidades en momentos de cruel enseñamiento, con covid y compañía de por medio…

Que no nos cieguen luces y destellos que procuran paz e ilusión en estas fechas. La realidad es la que es habiendo experimentado casi todos en este fatídico año, la dureza de esta brutal invasión vírica en mayor o menor medida. Es hora de la prudencia, de cuidarnos y poner todo nuestra parte para derrotar a este puto virus, que nos dejó sin seres queridos, con familias apenadas y ambiente de frustración…, y acordandonos además de la cancelada Semana Santa, la feria, las romerías, el fútbol, los toros…, y ahora con Navidad restringida.

Pero con la esperanza de que esos adornos mas o menos refulgentes sigan captando nuestra atención renovando ilusiones y transmitiendo alegría. Entre fundamentos religiosos o motivos atrayentes hacia el consumo, las luces de Navidad estimulan nuestros sentidos, se percibe magia a través del mensaje luminoso, una luz al final del túnel que aún se adivina lejano.

Y sin perder ilusión, capaz de conseguir anhelos de alegría, con el deseo intenso del retorno a una vida normalica, sin más, lejos de la amenaza de la mascarilla.

Mundo de luz, mundo de fantasía, mundo de ilusión, que reactiva optimismo y buenas sensaciones. Las calles de Daimiel vuelven a resplandecer con simbología navideña. Luz, vida, ambiente…, se activan las emociones y Daimiel resulta bonito con sus luces de Navidad. Brillamos con luz propia. Y sin olvidar que hay que compartir…

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