TECNOLOGÍA QUE UNE

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Uno del pueblo.

Confieso mi escaso apego a las nuevas tecnologías. Hasta hace poco mi relación con estos modernos sistemas de relación social no iban mas allá de las llamadas, de cualquier tipo, y algún que otro wasap o correo. Me resistía a reconocer un mundo nuevo que sustituye la palabra en directo por imágenes y palabras en la distancia a través de pequeñas pantallas, cual receptores de mini televisión, que además te traían hasta el mismo bolsillo de tu vaquero incoformaciones a veces veraces, otras estúpidas, por no mencionar programas o reproducciones visuales insulsos, cuando no contraproducentes, variados y tocantes a todos los ámbitos de la vida. Siempre he manifestado mi reticencia a estos avances aunque, sin duda, progreso para la humanidad.

Pero he aquí que las circunstancias de obligado aislamiento nos han acercado al mundo de las nuevas tecnologías, haciéndonos valorar estos inventos en gran medida que anteriormente ni considerábamos. Con paciencia y tiempo por delante- qué remedio- nos hemos ido adaptando al uso del smartphone,-de ahí no hemos pasado de momento-, recurriendo a él como tabla de salvación en muchos momentos. Las puertas de la realidad  se nos han abierto por medio de un sencillo móvil que nos ha conectado con imágenes y conversaciones con abuelos, padres, hijos, nietos, amigos, compañeros de trabajo, parroquianos de taberna, rivales futboleros, amigos de la infancia…., hemos vuelto a contactar con familiares desde la distancia, que no el olvido, pero al repetirse con frecuencia la comunicación, pues resulta que se han robustecido afectos, que siempre han estado ahí, aunque tal vez algo enfriados. Claros ejemplos de la bondad de las tecnologías modernas, que nos ha vuelto a unir a muchas personas, recuperando vínculos o reforzándolos, pero haciendo recortar distancias incapaces de recorrer por nuestro acomodado cerebro.

Padres, alumnos y maestros, desde sus casas conectados por tablets, ordenadores o móviles, han continuado con el curso, en espera del resultado final; mensajes de ánimo, con vídeos entrañables, divertidos, alentadores, con el “todo irá bien” de fondo arco iris de la esperanza; músicos, nunca faltan los músicos, que han calentado ambientes o nos han hecho evocar en nuestra imaginación determinados momentos de la Semana Grande; imágenes familiares, con especiales dedicaciones a los más mayores, cargadas de ternura y cariño; algún «bendito loco» que nos conminó a no salir de casa, con su rapado al cero en vídeo grabado durante el esquilao; hemos aprendido recetas de cocina desde fogones aficionados de sorprendente calidad; imágenes estáticas con arengas optimistas en busca de la luz al final del túnel…

También hemos llorado ante la perdida de conocidos, públicos o más cercanos. Y , sobre todo, hemos visto y admirado por redes sociales la capacidad solidaria del ser humano con muchas y variadas iniciativas espontáneas en la lucha contra el bicho. Hemos recibido y enviado abrazos virtuales y deseos de vernos pronto con indudable sinceridad…, sin olvidar el hilarante “me aburro mucho”, de un simpático “pirao”, mezclado todo ello con grabaciones desde los propios hospitales por parte de sanitarios transmitiéndonos moral…; se ha podido constatar que esta España nuestra no es tan de pandereta como creemos. Los aplausos de por la tarde también suponen un elemental método de contacto entre personas a través de hilos invisibles, pero estos no necesitan red.

Cerrando el escrito, la tecnología ha acercado a las personas y nos ha servido incluso como medicina psicológica, anulando la parte negativa que algunos percibíamos en ella. Al fin, hemos mirado por su ventana y nos hemos encontrado abierta una gran puerta al mundo. Más vale tarde que nunca. Experiencia que nos hace rectificar en nuestro concepto anticuado y de insuficiente base. Se disiparon mis dudas y errores respecto al provecho de estas técnicas de comunicación social, que sí acercan a las personas, mitigando en parte angustias e incertidumbre durante el encierro. Ahora, incluso me ilusiona, las vueltas que da la vida….

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