SÍ HUBO SEMANA SANTA

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Uno del pueblo

Fotos: Juan Moya y archivo

La “Borriquilla”, de Evelio, anunció en Daimiel la Semana Santa por los balcones. Las raíces del sentir de nuestro pueblo, contagiaron de esperanza la Semana de Pasión. Todo se reflejó a través de sus balcones, con presencia de multitud de nazarenos sin túnica y música sin banda. Sobró sentimiento, brotó la emoción.

El Cristo de la Luz desfiló entre un silencio sepulcral, en nuestra imaginación , con recogimiento supremo, lo vimos pasar por El Alto. Caía la noche al salir, noche cerrada al entrar.

El “Consuelo en el Gólgota”, De José Manuel García susurro musical para trio de capilla, acompañó la talla del crucificado de Castillo Lastrucci, en su recorrido con hachones de cera velando el callado trayecto del Cristo del Consuelo.

Evelio de nuevo nos convoca con “Santa Cena”, mientras D. Valerio Martín azota nuestro sentido con “Flagelación”, de sonido romano, clásico por excelencia colorá, mientras las sentidas “Amarguras”, de Font de Anta, cierran los “Aromas de Jueves Santo”, de Paco Peña.

Nos encontramos con “El Niño Perdido” al amanecer, con especial emotividad ante el solo de trompeta inicial de esta marcha, símbolo musical que nos identifica y conecta a todos los daimieleños, desde la partitura de D. Joaquín Sedano. “Es Mi Jesús”, nuestro Jesús morao, de D. Antonio Ruiz, dió paso a “Virgen Del Primer Dolor”, de D. Luis Martín, marcha a la que hicimos los coros desde nuestros miradores al paso imaginario del cortejo violeta.

Tarde blanca, crepúsculo con “Expiración” ante el testimonio de “San Juan” y “Nuestra Señora De Dolores”, orquestados por  D. Valerio y D. Luis Carlos, el “granaino” de Daimiel, prolífico compositor.

El “Sexto Dolor”, de D. Luis Alberto nos emplazó en la salida desde S. Pedro ante el “Santisimo Cristo Del Sepulcro”, partitura de D. Manuel Ortiz, que preludia al solemne “Adios a la vida” de la opera Tosca, mientras “brillaban las estrellas” en el aria de Puccini. De nuevo Evelio Alonso nos acerca botones negros, cifra aneja a la de edad de Cristo, con “Corbatos”, pieza para Nuestra Señora de la Soledad, con la escolta de D. Antonio Ruiz “Oraciones en Soledad”, y el refrendo de la marcha fúnebre “Soledad Franciscana” del celebre Abel Moreno.

“Capuchinos” y “Cristo de la Buena Muerte” resonaron con redobles desde los textos musicales de Evelio Alonso de nuevo y Pedro Francisco Sánchez-Valdepeñas Pozo, insignes y avezados maestros del pentagrama, paso a paso, dejándose sentir, mitigando con ello los Siete Dolores de María Desolada ante el Cristo de la Buena Muerte portado a hombros, sin Trono.

Cerramos terrazas, ventanas y balcones con la imagen de Jesús Resucitado acompañado por las notas de “Gloria al Señor” y la marcha “Triunfal”, esplendor y alegría por el Resucitado, alegría de la Semana Santa.

La música, una vez más, la música cofrade sonando por los balcones a la hora convenida, nos hizo procesionar, incluso viéndolas pasar imaginariamente desde un sentimiento real. A la hora estipulada, previo acuerdo por redes sociales, sonaron a la vez las marchas cofrades de Daimiel.

Las especialmente sentidas composiciones de cada Cofradía, sonaron con puntualidad en concierto popular emotivo y sensible, con respeto y mucha melancolía. La Semana Santa virtual no lo ha sido tanto. Los sentimientos de cada uno han aflorado de  un modo especial, haciéndonos sentir más nazarenos que nunca desfilando entre balcones. Espiritualmente, hemos crecido. Quedará imborrable en nuestras vidas esta Semana de Pasión desde balcones e improvisadas iglesias de andar por casa, iglesias domésticas que acogían desde el altar de la mesa camilla las celebraciones litúrgicas que nos transmitía la televisión local, Daimiel Televisión, que tan relevante papel está realizando en esta delicada etapa de confinamiento.

Semana de Pasión sentida y sufrida como nunca antes por esta generación. Bien llevada, desde la grandeza de la música y la sencillez de los nazarenos entre balcones, por principios cristianos, por nosotros mismos y por quienes en estos días se nos han ido al cielo.

De nuevo, a seguir lavándonos las manos. Pero no como Pilatos, sino como confinados por la cruz de esta pandemia. Al final habrá una vida que permitirá durante años el desfile cronológico peculiar de nuestra Semana Santa. Pero este año, aun en la adversidad, sí , hubo Semana Santa en Daimiel.

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