QUERER Y NO PODER

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Así se podría resumir la corrida de feria 2017 en nuestra localidad. A los puntos, con un jurado delante, los maestros pudieron a los astados. Fue necesario un gran esfuerzo por parte de los actuantes para poder sacar algo de torería en la tarde. Podemos destacar el primer toro de Rafaelillo y el novillo lidiado en último lugar por el novillero local Carlos Aranda. Y desde aquí si me lo permiten replantearnos si es tan necesario el desencajonamiento el día anterior,  porque no toda la culpa la vamos a echar al ganado, no hubo más que observar la querencia tan marcada con la que casi todo el ganado salió al coso daimieleño.

Se estrenaba el torero murciano en la plaza de Daimiel y la verdad que no defraudó. Con un primer toro que fue el que más y mejor se dejó hacer toda la tarde, Rafaelillo estuvo muy firme entendiendo los tres pases que el toro aceptaba en cada serie, calando éstas muy pronto en los tendidos; torero “todo terreno” de mucho oficio y así lo demostró. Mató de media estocada honda tras un pinchazo en lo alto, dándole para un primer apéndice en la tarde. En su segundo, muy protestado por el respetable, ya que salió de chiqueros con las astas dañadas, un manso rajado que le obligó a realizar la faena en la puerta de chiqueros, estuvo el maestro muy por encima de él, y acabó con unos trincherazos bastante jaleados,  despachándolo con una media estocada para conseguir su segunda oreja y la puerta grande.

Fernando Tendero, torero de la tierra, venía con una gran expectación a sus espaldas y muy acompañado de paisanos  villartenses  en los tendidos del coso daimieleño. Y como tal, el torero no quiso defraudar, con un primer toro de su lote difícil, áspero y con muy poca raza (como casi todos sus hermanos);  poco más que estar voluntarioso con el capote y unos bellos remates, antes de entrar a matar con una estocada entera, que sirvió para lucir un apéndice. En su segundo fue a por todas, y lo recibió con una larga cambiada de rodillas para someterle con el capote. Destacar el tercio de banderillas con el saludo de su subalterno, y ya con la muleta consiguió sacar lo poco que el astado tenía, estando firme y reposado con varias tandas al natural de mucho mérito. Mató de otra estocada siendo suficiente para salir con sus compañeros por la puerta grande.

Y llegó la hora de Carlos Aranda, novillero local que días atrás admitía la responsabilidad de la tarde. Dos novillos-toros para un novillero que con mucha raza salió a comerse el ruedo y donde el primero de los novillos no dejó hacer ni demostrar en demasía al daimieleño; algo dejó hacerse con el capote y Valentín Cuevas se desmonteró en banderillas, pero poco más se dejó hacer. Tras la primera serie, se rajó, buscó la querencia y no hubo manera de reconducirlo, siendo un manso de categoría. Mató tras tres pinchazos, recibiendo un leve puntazo el novillero al entrar a matar que rajó parte del vestido, recibiendo la ovación del respetable. Segundo novillo y último astado de la tarde, que sin duda con poco que ayudase sabíamos que Carlos no iba a escatimar esfuerzos para acompañar al resto del cartel por la puerta grande de su pueblo. Y así pasó, recibió con unas verónicas acompasadas y de gran trazo, donde se pudo observar que el novillo le iba a servir. Con la muleta se vieron los mejores trazos, con tres series con la mano derecha templada y enganchando al novillo, pudiendo verse esa armonía en las series. Estocada entera caída, que fue suficiente para ver a la terna salir al parque del Carmen por la Puerta Grande del coso daimieleño

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