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Paki García Velasco Sánchez
Parece mentira que ya haya pasado una semana desde que viviéramos uno de los mejores conciertos de nuestra vida. Porque hay momentos que permanecerán para siempre en la memoria, no importa cuánto tiempo pase ni cuántos conciertos vuelvas a disfrutar. Y es que hay experiencias que se quedan grabadas en el corazón con una intensidad difícil de explicar. Para mí, esas casi tres horas que duró el concierto de BTS en el Estadio Metropolitano de Madrid, han sido precisamente eso, un recuerdo imborrable, una explosión de emociones y una celebración de la música, la amistad y la ilusión compartida con miles de personas.

La llegada de BTS a España dentro de su esperada gira “BTS World Tour Arirang”, marcó un antes y un después para todos los seguidores europeos. Nuestro país tuvo el privilegio de convertirse en la primera parada europea de una gira que recorrerá durante más de un año algunos de los escenarios más importantes del mundo. Desde Asia hasta América, pasando por Oceanía y Europa, millones de personas tendrán la oportunidad de vivir este espectáculo, pero nosotros fuimos los primeros en darles la bienvenida al viejo continente… (solo de pensar en ello ya pone la piel de gallina)
Durante semanas, la expectación fue creciendo, las redes sociales hervían de emoción, los hoteles se llenaban de aficionados llegados de todos los rincones de España y de otros países, y Madrid (lugar de la cita), respiraba un ambiente diferente. Era imposible caminar por todos sitios sin encontrarse con grupos de chicas, y también chicos, vestidos con camisetas, sudaderas y accesorios relacionados con BTS, llevando orgullosos sus lightsticks y compartiendo la ilusión de un sueño que estaba a punto de hacerse realidad.
Nosotras (mi hija y yo), llegamos con horas de antelación a la capital, queríamos vivir la experiencia desde el principio, sin perdernos absolutamente nada. Ya desde primera hora se respiraba un ambiente increíble. Personas que no nos conocíamos de nada, comenzábamos a hablar como si fuéramos amigas de toda la vida. Allí no importaba la edad ni el lugar de procedencia, todos hablábamos el mismo idioma: el de la música y el cariño hacia BTS.

Unos de los detalles más bonitos de toda la jornada fueron los freebies que repartían muchas de las seguidoras. Era emocionante ver cómo algunas chicas habían dedicado horas y horas a preparar pequeños regalos para compartir con los demás: photocards, pulseras hechas a mano, marcapáginas, pegatinas, llaveros, abanicos, amigurumis e incluso pequeñas bolsas decoradas con mensajes de agradecimiento. No esperaban nada a cambio, simplemente querían hacer más especial el día de todos. Ese gesto resume perfectamente lo que significa formar parte de esta comunidad ARMY: compartir, cuidar y celebrar juntos.
Eso sí, si hay algo que tampoco olvidaré será el calor, ¡qué calor pasamos! El sol parecía no dar tregua y durante horas el asfalto desprendía un bochorno insoportable, el agua se convirtió en un auténtico tesoro y cualquier sombra, por pequeña que fuera, era un refugio. Aun así, nadie perdía la sonrisa y entre abanicos, botellas de agua y muchas ganas de pasarlo bien, el tiempo fue pasando hasta que, por fin, llegó el momento más esperado.
Cuando salió el bailarín que abre el espectáculo portando la antorcha roja, el ambiente cambió por completo, el estadio se venía abajo del griterío de las más de 70.000 personas presentes, de repente, miles de lightsticks iluminaron las gradas creando un océano de luces que parecía sacado de un sueño, nunca había visto algo tan bonito.
¡Y entonces aparecieron ellos!… No creo que existan palabras suficientes para describir el estruendo que provocó su salida al escenario. El griterío era ensordecedor, miles y miles de gargantas gritando al mismo tiempo hicieron temblar literalmente el estadio. Había chicas llorando de emoción, otras riendo, algunas abrazándose y muchas incapaces siquiera de hablar, era una mezcla perfecta entre felicidad, nervios y admiración. (Aquí, y para que conste en los papeles, yo tampoco pude contener la emoción)
Desde la primera canción hasta la última disfrutamos como hacía muchísimo tiempo que no disfrutaba de un concierto. Saltamos sin parar, cantamos absolutamente todas las canciones, incluso aquellas partes en coreano que tantas veces había practicado escuchándolas en casa. Durante más de dos horas nos olvidamos del mundo… solo existían la música, las voces de BTS, el espectáculo de luces y esa energía imposible de describir que solo se crea cuando decenas de miles de personas sienten exactamente lo mismo al mismo tiempo.

Cada actuación era una auténtica obra de arte. Las coreografías parecían imposibles por su precisión, los cambios de escenario y la conexión entre los integrantes y el público resultaba constante, se notaba que disfrutaban tanto como nosotras.
Como dato curioso quiero resaltar, que el Atlético de Madrid encontró una forma muy original de presentar su nueva camiseta durante el concierto de BTS, y es que, en el último cambio de outfit de los chicos, Suga (uno de los componentes), apareció sobre el escenario luciendo la primera equipación rojiblanca para la temporada 2026/27.
Hubo momentos especialmente emotivos, uno de ellos fue cuando todos sin excepción, se dirigieron al público para agradecer el cariño recibido en España, todos dijeron su discurso en español, ahí el estadio entero respondió con una ovación interminable. Era emocionante pensar que nuestro país estaba escribiendo una página importante dentro de esta gira internacional, y en donde ser la primera parada europea suponía una enorme responsabilidad, pero también un inmenso orgullo. Y el público respondimos como solo sabemos hacerlo cuando se vive algo histórico.
Miraba a mi alrededor y veía miles de caras sonriendo, personas de todas las edades compartiendo un mismo momento. Padres acompañando a sus hijas, grupos de amigos que habían viajado cientos de kilómetros para estar allí, parejas que habían esperado años para poder ver a BTS en directo… ¡todos formábamos parte de algo mucho más grande que un simple concierto!

Lo que más me sorprendió fue la capacidad que tiene la música para unir a personas completamente desconocidas. Durante unas horas desaparecieron las diferencias, cantábamos juntos, reíamos juntos y celebrábamos cada canción como si fuera la última…incluso cuando terminaba una actuación, el estadio entero seguía coreando sus nombres con una fuerza impresionante.
Y qué decir del sonido del público… jamás había escuchado tantos gritos juntos, había momentos en los que apenas podía oír a los propios BTS porque el entusiasmo del público era sencillamente espectacular. Cada aparición en las pantallas gigantes provocaba una nueva ola de aplausos, gritos y emoción, a la cual era imposible no contagiarse.
El concierto pasó volando (como ocurre con todas las cosas maravillosas), el tiempo parecía correr demasiado deprisa. Cuando sonaron las últimas canciones y comenzaron las despedidas, apareció esa sensación inevitable de querer detener el reloj unos minutos más.
Mientras abandonábamos el estadio, todos llevábamos una enorme sonrisa, estábamos agotados, con la voz completamente rota de tanto cantar, las piernas doloridas de tanto saltar y todavía soportando el calor acumulado durante todo el día, pero a nadie parecía importarle…la felicidad del momento podía con todo.
De camino a casa seguía repasando mentalmente cada instante: las luces, las canciones, los bailes, los regalos que había recibido de otras fans, las conversaciones improvisadas con personas que probablemente nunca volveré a ver, las risas, las lágrimas y esa increíble sensación de haber vivido algo irrepetible.

Estoy convencida de que la gira World Tour Arirang seguirá dejando recuerdos inolvidables en todos los países que recorrerá durante estos meses. Millones de personas vivirán la misma emoción que nosotros hemos tenido la suerte de experimentar en España, sin embargo, siempre podremos decir con orgullo que fuimos el primer público europeo en recibirlos, en cantar con ellos y en demostrarles el enorme cariño que existe hacia BTS en nuestro país.
Para mí, estos dos días en el Metropolitano no han sido simplemente dos conciertos, no, han sido una celebración de la música, de la amistad, de la ilusión compartida y de la capacidad que tienen siete artistas para reunir a miles de personas bajo un mismo sentimiento.
Volvería a pasar horas al sol, volvería a quedarme sin voz de tanto cantar, volvería a saltar hasta no poder más y volvería a emocionarme exactamente igual… porque algunas experiencias no se pueden explicar del todo, ¡solo pueden vivirse! … y esta, sin duda, ha sido una de las más bonitas de mi vida.

Y si había un lugar donde realmente se podía sentir que Madrid se había convertido durante unas horas en la capital mundial de ARMY, ese era el metro. Los vagones iban completamente llenos, hasta los topes, pero nadie parecía molestarse por el gentío, al contrario, el ambiente era de auténtica fiesta, era imposible no sonreír viendo la cantidad de personas que viajaban rumbo al Metropolitano luciendo outfits de lo más originales. Había quienes recreaban los estilismos más icónicos de los integrantes de BTS, otros llevaban ropa inspirada en distintos videoclips, maquillajes llenos de brillo, botas imposibles, chaquetas de lentejuelas, pantalones metalizados y un sinfín de detalles morados, rojos, negros y blancos que inundaban cada rincón del vagón. Los lightsticks asomaban por todas partes y no faltaban quienes aprovechaban el trayecto para intercambiar freebies, enseñar orgullosos sus compras del merchandising o cantar bajito alguna de las canciones que, en apenas unas horas, sonarían en directo. Nunca un viaje en metro me había parecido tan divertido, tan ameno ni tan lleno de ilusión, era esa sensación de que todos los pasajeros nos dirigíamos al mismo lugar para vivir algo verdaderamente extraordinario.

Por cierto, hubo otro momento que también formó parte de la experiencia y que recordaré con muchísimo cariño: nuestra visita a la tienda oficial de merchandising de la gira. Era imposible resistirse y no ir a verla. Nada más acercarnos vimos una larguísima cola de fans esperando pacientemente para conseguir alguna de las prendas exclusivas del World Tour Arirang: camisetas, sudaderas, gorras, bolsas, llaveros, photocards etc … todo era un pequeño tesoro que nos permitía llevarnos un recuerdo de un día tan especial. Entrar en la tienda era como entrar en un pequeño universo de BTS, todo estaba cuidadosamente preparado y la emoción se respiraba en cada rincón. Después de visitar la parte de arriba donde se encontraban las supermegafotos de ellos (y en donde todo el mundo se fotografiaba), dimos varias vueltas debatiendo qué llevarnos, al final acabamos comprando algunas cosillas de la gira que, más que ropa, se convertirán en recuerdos que cada vez que nos las pongamos nos transportarán automáticamente a este día inolvidable.
Espero que, cuando vuelva a leer este artículo dentro de unos años, me traslade otra vez a estos días de ilusión, con la voz rota, el abanico morado en una mano, la bolsa del merch en la otra y miles de lightsticks iluminando el Metropolitano.

Y es que hay conciertos que se recuerdan… y luego están aquellos que se convierten en parte de tu historia haciéndote sentir joven otra vez.
모든 것에 감사드립니다.
P.D me estoy dando cuenta que con los términos del mundo del K-pop es normal hacerse un lío, ya que entre freebies, merch, lightstick, soundcheck, bias, maknae, comeback… al final y para entenderlo, parece que haya que aprender otro idioma 🙂
