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Uno del Pueblo
Cuanto más voy a Sevilla,
más me gusta esa ciudad,
“aire” y luz que maravilla,
y que a nadie deja igual.

Nueva experiencia, con rito,
otra fiesta familiar,
se ha celebrado un bautizo,
nuevo vástago ante el altar.
Es un varón, si señores,
imposible de negar,
basta con ver sus facciones,
Casado y Giménez por igual.
Echa risas hasta al cura,
que lo acaba de “regar”
y ante esta coyuntura,
ni se inmuta al bautizar.
Apunta buenas maneras
el chico de Alicia y Daniel,
oriundo de olivos y eras,
origen Porcuna y Daimiel.
En San Jacinto, parroquia Triana,
se cristiana al neófito Hugo,
con padrinos y Lola, su hermana,
y servidor, que “pa” eso madrugo.
Y eso que tuve afonía,
previo reencuentro familiar,
pero Hugo se lo merecía:
¡me resulta imposible faltar!

Esperaba el tocón centenario
del ficus en entrada principal,
resultando ser buen escenario,
buen fondo para retratar.
Al banquete va la comitiva
después del agua bautismal,
ofrecen dos alternativas:
aperitivo y yantar.
Bastantes cuerpos serranos,
algunos, de señoritos,
todos juntos, muy cercanos,
a celebrar el bautizo.

Como en años anteriores,
jamón frente al Guadalquivir,
cañitas y vinos, superiores,
y personas con quien compartir.
Buena gente, buen ambiente,
buenos ratos, qué jamón,
el neófito, sonriente…
¡papa, me gusta más tó…!
Y en lo alto del “Triana”,
azotea de recepciones,
se despacha la mañana,
entre quesos y jamones.
Conversaciones a banda
entre padrinos y cuadrillas,
en esta fiesta, los que mandan:
¡honor a Jaime y Alharilla!

Tras el ágape en lo alto,
se desciende a los salones,
hay vértigo y sobresaltos,
¡de cristal los ascensores!
Ya se ha superado el susto,
en la mesa, ya sentados,
Fernández – Bermejo y Bustos,
con la familia Casado.
Es que si pongo Ayuga,
me cuesta mucho rimar,
mi tercero viene en mi ayuda
para una cuarteta “complicá”.

Los abuelos del chiquillo
y sus padres, tan contentos…
algunas con los tobillos
acusando ya el evento.
Aceite de oliva, primero,
con pan de mollete, un sopón…
gracias a los porcuneros,
¡papa, me gusta más tó…!
Y el risotto cremoso italiano
con merluza tan rica después,
completó menú mediterráneo,
a la espera del postre y café.

Ya en “La Prensa de Triana”,
junto al cauce del río Betis,
sobremesa prolongada,
niños, chuches y confettis.
Y en haciéndose de noche,
con cansancio por motivo,
cada cual a por su coche,
y cada mochuelo a su olivo.
Esta vez me he deslizado
por lo grotesco y burlón,
si a alguien no le ha gustado,
solicito su perdón.

Pero volviendo al inicio,
hay que volver a Sevilla,
que hace “perder el juicio”
a los de Jaén y Castilla.
Y aquí termino mi relato
que no se produce a menudo,
pero propio sería de insensato
¡no componer para Hugo!
Y con esta me despido,
hasta nueva convención,
con sólidos y fluidos,
¡papa, me gusta más tó…!
