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Manu Molina
Siempre es complicado definirse a uno mismo. Podría empezar a hacerlo como si fuera una novela clásica, una de aquellas que dicen “nací y me crie en el barrio de la Hoya, en una casa donde se escuchaba la máquina de coser y la voz de mi padre. Soy hijo de costurera y pescadero y mi infancia transcurrió entre calles donde la ropa se tendía en las azoteas y las manadas de palomas volaban por encima de los tejados”.

Sin embargo, creo que debemos empezar desde otra perspectiva, la de por qué nos lanzamos a escribir y compartimos aquello que nos remueve por dentro. Hace unos días encontré por redes sociales una frase que citaba “somos etapa en la etapa de tantos y huella en la vida de pocos”. En este sentido confieso con honestidad que el periódico Daimiel al Día es huella profunda en la mía. Que no ha dejado de ofrecerme, desde la distancia, poder sentir qué se respira en mi pueblo natal, conocer el transcurrir de sus gentes y sumergirme en las fiestas, las noticias o los poemas. Pero sobre todo me ha dado una ventana para volcar, con gratitud y brazos abiertos, mi literatura.

Hace ya bastantes años que se me ofreció la oportunidad de escribir en este medio que en 2026 cumple una década y que, poco a poco, ha ido cogiendo fuerza, relevancia y construyendo una casa donde lectores y escritores nos arropamos para conversar. Para intentar plasmar con palabras nuestros anhelos, ideas o recuerdos. Un espejo donde mirarnos y leer aquello que nos deambula por la cabeza o que, en ocasiones, nos brota como un torrente desde las tripas.
Hablar de uno mismo es ponerse frente al espejo para afianzar virtudes y reconocer defectos. Muchas veces debería ser un ejercicio necesario donde escarbar con calma y mirar cada centímetro, como el pintor ante su autorretrato. Mi intención, desde el principio, ha sido que mis artículos hablaran por mí. Que esa voz fuera trazando pinceladas hasta descubrir, en parte, quién es Manuel Molina. Los cuentos o historias que he intentado narrar —con mayor o menor acierto— están cargadas de alguien que contempla la vida desde la admiración de las pequeñas cosas, del pasar de los años.

Confieso que soy una persona nostálgica, en el buen sentido de la palabra. No porque piense que cualquier pasado fue mejor, sino porque ese pasado ha construido mi presente y proyecta con ilusión el futuro. La memoria, para mí, no es ancla; sino impulso. En mis artículos he escrito sobre aquellos tiempos en que las bicicletas aún corrían por los caminos del pueblo, cuando grupos de adolescentes cruzábamos a pedales las calles mientras el calor caía seco y denso sobre el asfalto. Veranos eternos donde las piscinas municipales (El Poli y la Muni) absorbían las tardes con olor a crema Nivea, juegos de baraja y música de Estopa sonando en pequeños radiocasetes. Recuerdos de tiendas de barrio, de mandiles de mujeres cercanas y de aceras donde se tomaba el fresco. De recreativos que fueron la primera red social de una generación, los nacidos en los ochenta, que ha cabalgado en el filo de lo nuevo y lo viejo, de lo digital y lo analógico, de la E.S.O. y el COU, de las crisis y de los sueños por cumplir.

En este décimo cumpleaños de Daimiel al Día me encargaron la bonita misión de explicar quién es Manuel Molina. De por qué escribe. De por qué invierte su tiempo y sus palabras para abrirse a la gente del pueblo y compartir historias. Escribo porque necesito comprender lo que observo y porque una vida común no me basta. Porque hay emociones y sueños que solo encuentran sosiego cuando se convierten en palabras. Porque creo, con total convicción, que un artículo puede construir un puente entre vecinos, ser memoria compartida y un pequeño refugio.

Si tuviera que definirme sin metáforas diría que soy un escritor vecino. Un técnico de Recursos Humanos que cuando termina la jornada laboral escribe en el Metro. Un hombre que mira hacia atrás sin dejar de caminar hacia adelante. Alguien que intenta transformar recuerdos en palabras y palabras en puertas donde cabemos todos. Tal vez eso sea escribir, narrar un mapa para quien quiera conocerte, que lo haga caminando a tu lado.
Una vez más, Feliz décimo cumpleaños querido Daimiel al día.
