¡AY, QUE ME EXPLÓ!!

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Paki García Velasco Sánchez

¿Quién a lo largo de su vida no ha escuchado, cantado o simplemente bailado alguna vez una canción de la gran Rafaella Carrá?

Y es que el pasado fin de semana, el Teatro Ayala se llenó de vida con la puesta en escena de “¡Ay, que me expló!”, el más reciente éxito musical de la compañía Dreamland. Esta es la segunda ocasión en que la compañía visita nuestro teatro, y lo ha hecho con un espectáculo lleno de humor, energía y emociones que conquistó por completo al público. La obra, interpretada por un elenco de jóvenes, pero experimentados artistas, logró combinar con gran acierto una comedia con trepidantes números musicales, que mantuvieron al público entusiasmado y aplaudiendo de principio a fin.

Desde el primer momento y desde que se levantó el telón, el espectáculo atrapó la atención de todos los asistentes. La obra abrió con una coreografía grupal que marcó el tono de la velada: alegría, ritmo y mucha complicidad sobre el escenario.

La representación nos transporta a los años setenta, una época teñida por la censura, las prohibiciones y la opresión social, y donde cada paso hacia la expresión personal suponía un acto de valentía. La historia nos relata las aventuras de Lola, una joven llena de ilusión, ansias de libertad y rebeldía la cual deja plantado el día de su boda a un novio en Italia, para así coger un vuelo hasta España, ya que sueña convertirse en una reconocida bailarina televisiva, deseando conquistar el mundo del espectáculo y alcanzar la libertad a través del arte. Pero las confusiones, los malentendidos amorosos y los tropiezos de la vida se multiplican, dando lugar a una serie de situaciones tan disparatadas como divertidas.

Todo ello se cuenta con ritmo, emoción y nostalgia a través de las inolvidables canciones de Raffaella Carrà, las cuales sirven como hilo conductor y banda sonora en esta historia de sueños, lucha y esperanza, la cual nos invita a creer que, con determinación y fe en uno mismo, hasta el sueño más inalcanzable puede volverse posible, recordándonos que el esfuerzo, la pasión y la esperanza son las verdaderas herramientas para hacer realidad aquello que alguna vez pareció imposible. ¡Porque soñar, al fin y al cabo, también es una forma de vivir!

Uno de los grandes aciertos de la obra fue el equilibrio que logró entre los momentos cómicos y los musicales. Las canciones, interpretadas en vivo por los propios actores y bailarines, reunieron algunos de los temas más emblemáticos de Rafaella Carrá de la década de los setenta, una música que consiguió emocionar y hacer vibrar al público.

El elenco de actores, entre los que figura el daimieleño Diego, brilló en conjunto mostrando una gran química, complicidad y dominio escénico. Todos y cada uno de ellos, destacaron por su naturalidad y capacidad para conectar con el público, mientras que los personajes secundarios, aportaron buenísimos momentos. Un papel fundamental lo tuvieron también los bailarines, cuya energía y precisión dieron un brillo especial a cada número musical. Las coreografías, cuidadosamente diseñadas y ejecutadas con gran sincronía, llenaron el escenario de movimiento y color, haciendo que cada escena cobrara vida propia. Su entusiasmo se contagiaba al público, que no dudó en acompañar el ritmo con palmas y sonrisas, reconociendo así el impecable trabajo de un grupo que combinó técnica, pasión y alegría en cada paso, ya que cada gesto, cada baile, cada intercambio de miradas y cada nota musical, estuvieron cargados de energía, demostrando el arduo trabajo detrás de la producción.

La escenografía y el vestuario también merecen mención especial. Los cambios de luces acompañaron el ritmo de la historia y reforzaron la atmósfera alegre y dinámica del espectáculo, mientras que los colores vivos y los detalles del decorado ayudaron a transportar al público a ese pequeño e imaginario plató donde todo puede pasar.

Y ya, al finalizar la función, los aplausos se prolongaron varios minutos con todos los espectadores en pie ovacionando a los actores, bailarines y a todo el equipo en pleno que hizo posible una noche tan mágica, (algunas personas incluso iban tarareando las canciones mientras abandonaban la sala), una muestra más de que los chicos y chicas de Dreamland con su “¡Ay, que me expló!”, no solo ofrecieron entretenimiento, sino que dejaron una verdadera huella de alegría y entusiasmo en todos los que disfrutamos del espectáculo.

Por lo cual me atrevo a decir sin duda alguna, que esta obra se consolida como una de las propuestas más frescas y divertidas de la temporada teatral, recordándonos que el humor y la música, cuando se combinan con talento y pasión, son una fórmula infalible para conquistar al público.

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