LA SANTA HERMANDAD VIEJA DE CIUDAD REAL. LA PRIMERA POLICIA AUTONÓMICA DE ESPAÑA.

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José Ignacio García-Muñoz (Queche)

Hoy en día, todos conocemos la Policía Foral de Navarra, Los Mozos de Escuadra, la Ertzaintza o algunas otras distribuidas por el territorio nacional que, en sus modernas concepciones se remontan a 1980 aproximadamente, aunque los hay que escarbando en la historia, creen ver su origen en tiempos mucho más lejanos como 1700, pero ni, aun así, se aproximan en antigüedad a lo que podríamos llamar sin pecar de chauvinismo como Policía Autónoma Manchega; nos estamos refiriendo a La Santa Hermandad Vieja.


La Santa Hermandad, se fundó allá por 1300 para defender los intereses de los colmeneros de Toledo y Talavera de la Reina cuyas colmenas sufrían los saqueos constantes de bandidos de los Montes de Toledo. En un principio pues, la hermandad estaba formada por voluntarios nombrados por los Concejos.


Hay que señalar aquí, que en aquellos tiempos la división administrativa de los municipios no se parecía a la actual, y era un consejo formado por los habitantes del municipio el que tomaba las decisiones que afectaban a sus habitantes en lo que se refería a propiedades comunales (pastos, pozos, bosques, molinos etc.)


En 1302 se unió a esta hermandad la “Vila Real”, como así se conocía entonces a Ciudad Real, y sus atribuciones eran mantener el orden público en los términos municipales de su jurisdicción que entonces se extendía por toda España, especialmente los caminos, montes, bosques y cualesquiera otros lugares excepto los ámbitos urbanos, por los que intentasen escabullirse de la justicia aquellos que hubiesen vulnerado la ley.


Como institución policial, la Hermandad gozó de manga ancha en sus prerrogativas, especialmente con Juan II que obligó a los justicias a que colaboraran permitiendo a los miembros de la dicha hermandad detener en cualquier jurisdicción. Dentro de la jurisdicción, se encontraban los delitos contra la propiedad realizados en descampado, contra las cosechas, ganados, incendios de pastos, bosques, huidas en campo abierto, agresiones a sus agentes, salteamiento de caminos y en general todo cuanto sucediera en despoblado, aunque si en su huida los delincuentes entraban en población, estaban autorizados a detener en el lugar. No contentos con estos derechos, el rey Fernando IV de Castilla Y León les concedió el “Derecho de Asadura”, que consistía en que podían cobrase en carne de cualquier ganado que pasase o pastase en los Montes de Toledo. Así mismo, Carlos I les concedió Las Penas de Cámara, y la Santa Hermandad llegó a tener dos tiendas en La Plaza Mayor de Ciudad Real.


Pronto, se extendió la fama de la Hermandad por sus rápidos juicios y no menos rápidas sentencias, como tampoco fueron pocos los que hacían méritos por pertenecer a tan prestigiosa corporación, buscando tal vez añadir algún título que legar a su árbol genealógico.


Las penas capitales eran llevadas a cabo por asaetamiento, ya que el arma principal de los miembros de la hermandad era la ballesta, y se comentaba en la época que eran de gatillo “fácil”. La pena de muerte por este medio, fue abolida por Carlos I tal vez por parecerle demasiado cruel o lenta, siendo sustituida por la horca que, me imagino que a los condenados no debió parecerles un cambio a mejor. El caso es, que si eras sorprendido en compañía de un gorrino o cualquier otro animal del que no podías dar razón más allá de decir “me habrá cogido cariño”, la que se te venía encima era chica. No eran pocos los condenados a destierro y azotes, trabajar en las minas de Almadén, o arsenales de marina de Cartagena. O como galeotes en tiempos de Felipe II a remar en las galeras. A estos últimos, antes de los azotes se les marcaba untándoles el hombro derecho con aceite que luego era quemado con una soga incandescente; de ahí viene el término “Pringao”.


En Peralbillo, pedanía de Miguelturra, tuvieron un local en la carretera entre Toledo y Córdoba donde ejecutaban la pena de muerte y dejaban los cuerpos a la vista para escarnio y ejemplo disuasorio de posibles malhechores.


En Ciudad Real en la calle Ruiz Morote y desde finales del siglo XV hasta 1934 (hace dos días como quien dice) existió la cárcel de La Santa Hermandad. En los años cincuenta, fue derruido para construir la Delegación de Hacienda que, así, visto ahora, francamente no sé qué era peor. Frente a dicha cárcel, se situaba la iglesia de San Pedro frente a cuya puerta llamada del perdón, se situaba una mesa la noche ante de la ejecución de un reo, para recoger limosna con que sufragar el entierro del pobre desgraciado.


En Ciudad Real, llegaron a ser 50 cuadrilleros o hermanos, que vestían uniforme con casaca de mangas verdes; de ahí el dicho “A buenas horas mangas verdes” refiriéndose a la tardanza que muchas veces protagonizaban los aguerridos alguaciles.


La Santa Hermandad, fue refundada por los Reyes Católicos en 1476 pasándose a llamar Real Hermandad General. Desde entonces a la hermandad de Toledo, Talavera Y Ciudad Real se la pasó a llamar la “Vieja Hermandad”, y el papa Celestino V les concedió el título de Santa, pasándose a llamar Real Santa Hermandad Vieja de Toledo Talavera y Ciudad Real, y menos mal que paró ahí la cosa porque si no, escribir el nombre hubiera sido un suplicio.


 Su declive comenzó en el siglo XVIII cuando en el año 1762 el Rey Carlos III dictó normas muy estrictas sobre sus actuaciones, ámbito jurisdiccional y títulos de Cuadrilleros, pues este cuerpo entraba en conflicto jurisdiccional y de despliegue con su recién creado Cuerpo de Escopeteros Reales, que luego sería el de Carabineros Reales.  Su desaparición fue mediante un Real Decreto de disolución de la Reina Isabel II el 7 de mayo de 1835 tras la votación de las Cortes en 1834, y sus competencias absorbidas por la los Carabineros Reales, Policía y el Cuerpo de Migueletes, hasta la creación en 1844 del Cuerpo de la Guardia Civil.


El caso es, que los manchegos, nos adelantamos a todos estos que vienen ahora con la independencia cuando nosotros, cuatro siglos antes ya teníamos “pulicía” autonómica…asín es que “vela ahí”.

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