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Por Daría Loke Fuera
– Buenos días.
– Buenas tardes.
– Lo veo un tanto solipsístico.
– Es que soy muy subjetivo.
-¿Cuál es su objetivo?
– Nada que objetar.
– Muy radical lo veo.
– Soy de raíces profundas.
– Y yo de puntas.
– ¿No será bailarín?
– Soy peluquero.
– Ir de puntas no está bien visto.
– Y de rodillas tampoco.
– Algo más para argüir.
– Arguo en deseos.
– Yo arguyo.
– Arguya lo que quiera.
– Arguya, arguya…
– Cada uno con la suya.
– Voy a refutar su argumento.
– ¡Refuta madre!
– LF. Déjense de filosofías que me están haciendo un lío.
– Pero, ¿usted quién es?
DLF. Soy el autor.
– Deje de molestar, no ve que estamos hablando.
DLF. Ya, pero…
– ¡Ni pero, ni pera! Deje de molestar.
– ¿Dónde se ha visto que se meta el autor?
DLF. En el cine, por ejemplo.
– ¡Bah!
DLF. Si se ponen así, los elimino y creo otros personajes.
– ¿No será capaz?
– Llevamos 67 diálogos.
– La fama se la lleva usted.
– Es notorio.
– Incluso notario.
– ¿Ha notado algo?
– ¿Qué notas?
– Do, re, mi, fa sol.
DLF. Déjense de jeringonzas.
– Usted gonza de prestigio.
– Fruto de su mérito.
– De fama…
– Y renombre…
DLF. ¡Hombre! Dicho así.
– Tiene buena reputación.
– No empecemos.
– Como dijo Pepa Jolera.
– No tenía ni idea.
– Ni ella tampoco.
– Era de ideas fijas.
– Discontinuas, más bien.
– Buenos días.
– Buenas tardes.
DLF. Bueno…
