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José Ignacio García – Muñoz (Queche)
No es la primera vez que en Daimiel al Día abordamos el tema de la visión del toro bravo. Del conocimiento de sus características anatomo fisiológicas, se desprenden acciones por parte de los diestros que condicionan enormemente la lidia.
Si usted observa con atención la imagen que abre este artículo, podrá constatar que la visión del toro bravo viene determinada en primer lugar por la posición de los ojos. En un depredador, los ojos están situados frontalmente, mientras que en la inmensa mayoría de los herbívoros y el toro lo es, se encuentran situados lateralmente lo que les otorga un campo visual peculiar. Lateralmente, el toro ve por un solo ojo, no tiene visión binocular ni estereoscópica. Justo en frente, si tiene visión binocular, pero a una distancia del hocico de entre uno a tres metros según autores, el toro tiene una zona prácticamente ciega en la que se superponen las dos imágenes que capta cada ojo .Es una visión borrosa, y el toro opta por embestir al objeto que se mueva; porque el toro embiste por contraste, y al movimiento. De aquí se deriva el concepto de cruzarse al pitón contrario, algo que hace el torero pasando lentamente por delante de la cara del toro (zona ciega), hasta ofrecer el engaño por el lado contrario. El toro no se fijará en la figura quieta del torero, pero sí embestirá a la muleta en movimiento que se le ofrece. De este particular nace lo que se llama toreo de “reunión” y toreo de “expulsión”. Cuando ambos, torero y muleta, se encuentran en el campo de visión del mismo lado, la suerte es mucho más expuesta (toreo de reunión, o torear al hilo del pitón) y facilita la ligazón de los pases y la emoción, mientras que si lo hacemos cruzándonos como hemos expuesto más arriba, provocamos el toreo de expulsión (el toro sale más abierto) El hacerlo de una manera o de otra, no determina más o menos valor automáticamente. Ningún torero es cobarde (otra cosa es pasar miedo), ningún torero es tonto, y la primera obligación de un torero es no resultar cogido de modo que, el aplicar uno u otro tipo de toreo como siempre depende del toro y su evolución ¡Recuerde: cada toro tiene su lidia!

A nadie se le escapa el menoscabo que en sus funciones fisiológicas sufre el toro durante la corrida, es decir: el toro no ve igual durante toda la lidia. Además son hipermétropes, y dicromáticos (ven dos colores y ninguno es el rojo)
Hay otro condicionante anatómico en la visión del toro que está ubicado en el tercer parpado, también conocido como membrana nictitante. Esta membrana, se acciona cuando el animal baja la cabeza para comer y así evitar que cualquier hierba, polvo, o ramilla, se le meta en los ojos. Es un mecanismo protector que durante la lidia se produce de forma casi automática cuando humilla (algo deseable) para embestir, lo que resta claridad a la visión del animal. El toro no humilla por sometimiento en el sentido que le damos los humanos. Resulta que el 60% del peso de un toro se encuentra en los cuartos delanteros. El toro está hecho para embestir, y esa masa muscular que baja desde el morrillo hasta las manos, está concebida para bajar y subir con una violencia capaz de echarse a los lomos un caballo con su peto y el jinete en un suspiro.
No caiga en la tentación de considerar al toro como un animal discapacitado, está completamente adaptado a esta forma de ver, y como se descuide, en un suspiro estará usted volando hacia el tendido alto de sol con una cornada sin saber ni por donde le ha venido.
Ahora, vamos a hacer un ejercicio de imaginación. Digo esto, porque evidentemente nadie se ha acercado a preguntar a un toro en la plaza como percibe las diferentes situaciones que allí se producen, por lo tanto el asunto que ahora abordamos proviene de la observación, y de la interpretación que de estas observaciones hacen algunas de las personas que más cerca y durante más tiempo están con un toro; me refiero a algunos ganaderos que se aventuran a elucubrar en nombre del animal.
El toro a nivel cerebral tiene más amígdala que neocortex, es decir, prima la vida instintiva sobre la reflexiva. La reproducción, la alimentación, y el instinto de lucha o de huida, tienen estructuras más desarrolladas que las encargadas de pensar, y ahora es cuando nos vamos a poner en lugar del toro y a evaluar lo que podría estar pensando cuando sale a la plaza, si es que un toro piensa en algo más allá de su instinto.

Desemboca tras su salida de los chiqueros en un recinto amplio y bien iluminado, y pese a su vista tan particular percibe el lugar en plenitud hasta que alguien le ofrece un capote. El capote es un objeto en movimiento que el toro dada su idiosincrasia percibe como una amenaza y lo embiste, pero el capote resulta que huye, se aleja, y no le inflige ningún daño por lo tanto lo acomete sin reservas (bravura aparte).Tras unas carreras persiguiendo los engaños, se presenta el picador. Es seguro que el toro reconoce el caballo, y en el estado de excitación le acomete, pero esta vez el caballo no huye, es más, recibe un puyazo, lo que equivale a que ahora el enemigo se le enfrenta y le inflige daño. Se puede parecer más a una disputa de las que en campo abierto se producen entre toros. A continuación, llega el turno de los banderilleros. Estos no llevan capote , además se dirigen directamente al toro y le ofenden para luego huir, de modo que cuando el diestro inicia la faena de muleta, el toro ya se ha enfrentado a diversas situaciones en las que el enemigo huye, se le enfrenta, o le hiere de alguna manera para finalmente enfrentarse a un nuevo engaño( la muleta) que vuelve a huir, a esquivarle hasta que llega la suerte suprema; por eso es tan sumamente importante la lidia que se le dé al toro, y eso incluye el trabajo de los subalternos.
El ganadero en cuestión, se pregunta si el toro percibe igual que nosotros esas diferentes situaciones; no reflexivamente desde luego, pero sí, le hacen ir acumulando en la memoria los diferentes estímulos (capotes, banderillas, varas, muleta) y adapta las respuestas en base a su aprendizaje. Recuerde que un toro ya toreado se vuelve imprevisible si trata de lidiarlo de nuevo.
Vamos a abordar ahora un asunto que sin duda genera mucha polémica, y que no es otro que la suerte de varas, por qué se ejecuta, y cuál es su finalidad.


En un principio la suerte de varas tiene como objetivo “ahormar” (quédese con ese término), la embestida del toro, y probar su bravura según el número de veces que acuda al caballo, y su comportamiento en el mismo pese a recibir castigo.
Vamos con el primero:
La fuerza de un toro es tan descomunal y desproporcionada con respecto al torero, que conviene moderarla quitando algo de acometividad al astado mediante la administración de uno o más puyazos.
¿Qué dice la teoría al respecto?
La teoría dice que se debe picar en el borde dorsal del cuello entre la 4ª y la 7ª vértebra cervical. Se podrían(aunque no necesariamente lesionar los músculos romboides, el trapecio, el esplenio, además del espinal y el semi espinal todos ellos en la porción cervical, así como la porción funicular del ligamento de la nuca.
La misión en principio sería la de descolgar la cabeza del toro al incidir sobre los músculos extensores, sin lesionar huesos ni cartílagos, ni la movilidad lateral. Para evitar especulaciones propias de personas con desconocimiento, vamos en este punto a dar un par de datos:
Un toro de lidia de unos 500 kilos tiene un volumen de sangre de unos 30 a 38 litros aproximadamente, y durante la suerte de varas tiene perdidas que varían entre los 1,5 y los 5 litros. A menudo se establece una comparación entre esta perdida, y la equivalente a una extracción para un análisis; aunque espectacular, la hemorragia resulta no ser tan grande como parece.

Hasta aquí la teoría, ahora vamos a la práctica. Sitúese usted encima de un caballo en movimiento, reciba usted a un toro tambien en movimiento, y coloque la puya en ese lugar concreto ¿difícil no? .Para algunos espectadores sería como una suerte de tiro al blanco, acertar en la diana a la primera; un ejercicio de precisión, y silban cuando el picador rectifica el puyazo. En realidad deberían aplaudir tal actitud, porque de no hacerlo, la cantidad y gravedad de lesiones que pueden provocar en la anatomía del toro (picar trasero o delantero, picar caído…) pueden llegar incluso a invalidarlo para la lidia, o menoscabar las posibilidades de embestir con boyantía, algo que se puede agravar con acciones como el “metisaca” o la barrena, taparle la salida al toro (carioca) o no llevar a cabo el quite cuando corresponde dejando que el animal se rompa contra el peto. ¿Hasta qué punto estas acciones son deliberadas en algunos casos? En todos los oficios hay profesionales más competentes y menos competentes, y en cualquier caso tengo el máximo respeto por cualquiera que se ponga delante de un toro, tanto a pie como encima de un caballo, pero no me gusta que la fiesta se desvirtúe por malas prácticas, y se me hurte la posibilidad de ver una lidia equilibrada de fuerzas.
Son varios los estudios post mortem practicados sobre toros lidiados en diferentes ferias taurinas, que evidencian que esas lesiones indeseadas se producen. Me gustaría pensar que de forma involuntaria por parte de quien las inflige, pero muchas veces me queda la duda. Son varios los experimentos que se han realizado con puyas innovadoras menos lesivas, desarrolladas por colaboraciones entre profesionales del toreo y veterinarios sin que hasta el momento se consoliden en el reglamento taurino. Lo siento si alguien se cabrea, no es mi intención ofender a nadie, pero es algo que flota en el ambiente y que tendremos que tener la valentía de afrontar.
En el aire quedan algunas preguntas a las que no termino de hallar respuesta.


Generalmente, los toros tienen un pitón bueno (a veces los dos) .Un pitón por el que embisten con más franqueza. ¿Es este pitón el que corresponde al ojo por el que mejor ven?
¿Deberíamos dejar que el toro entre un número determinado de veces (reglamento) al caballo para demostrar su bravura si con ello le restamos tanta pujanza que la faena de muleta se desvirtúa? El matador debería elegir el castigo que considera suficiente ya que es el que se va a jugar la vida, y además es el considerado “maestro”, desde luego mucho más que un reglamento aplicado rígidamente. Si cada toro tiene su lidia, porque no aplicar a cada toro el reglamento con suficiente flexibilidad como para no perjudicar el espectáculo; una corrida de toros no es una tienta.
Burriciego, Reparado, o que desparrama la vista son términos aplicables a defectos de visión del toro.
A Joselito, le mató “Bailaor” un toro presuntamente “burriciego”. Un toro que de cerca veía mal y embestía al bulto, pero los hay que tienen dificultades para ver de lejos y desparraman la vista, es decir: tratan de ajustar constantemente su visión sin fijar un punto concreto lo que resulta desconcertante, resultando tardos en la embestida y un tanto erráticos ¿Se confunden estos defectos por parte del respetable con la falta de bravura?
De la comprensión de estos y otros asuntos, depende el que el espectador se convierta en un aficionado crítico que toma parte activa en el espectáculo, o se convierta en un hooligan dispuesto a silbar cualquier cosa sin enterarse la mayoría de las veces de que es lo que se cuece allá abajo. Torear es muy difícil, es un arte único, y por el bien de la fiesta no deberíamos contaminarla con prácticas que dañan el espectáculo. Que Dios reparta suerte.
