FANATISMO Y SENTIMIENTO DE PERTENENCIA. MASLOW Y MESSI

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José Ignacio García – Muñoz (Queche)

El diccionario de la Real Academia de la Lengua define al fanático como la pasión desmedida irracional y tenaz en defensa de una causa creencia u opinión.

Históricamente se ha asociado con fenómenos de exaltación frente a lo sagrado, pero modernamente se ha expandido a ideologías políticas, aficiones deportivas, y movimientos culturales incluyendo a cantantes y todo tipo de artistas. En definitiva la expresión de un apasionamiento desmedido que no tendría más trascendencia si se quedase en el ámbito puramente íntimo y personal de quien la manifiesta, pero el fanatismo tiene connotaciones claramente negativas.

El fanático tiene siempre la verdad absoluta, cree que su verdad es incuestionable lo que le lleva a la intolerancia, al rechazo a la duda, al debate, y a la perspectiva ajena. Simplemente no concibe estar equivocado. De alguna manera ha sido elegido por algún poder sobrenatural para mostrarnos el camino de la verdad única a los demás, y hace de ello una cruzada personal, pero tarde o temprano va a colisionar frontalmente con aquel o aquellos que no opinan lo mismo.

Fíjese usted querido lector en la cantidad de sinónimos que se derivan del término <fanático>:

Intransigencia, intolerancia, obstinación, extremismo, radicalidad, sectarismo, exacerbación, exaltación, incondicionalidad…etc.

Y ahora, fíjese en antónimos tales como: tolerancia, frialdad, equilibrio, aceptación o dialogo, porque es aquí donde reside la diferencia entre aficionado y fanático, este último utiliza su devoción desmedida para dar validez a sus creencias, volviéndose impermeable (se la trae al fresco) la opinión de los demás, y llegando a la violencia verbal y física si es necesario con tal de defender su postura que considera incuestionable. Pero ¿cómo se llega hasta aquí?

El psicólogo Abraham Maslow en 1943, propuso una teoría sobre la motivación humana asimilándola a una pirámide (Pirámide de Maslow) donde proponía una serie de jerarquías en las necesidades humanas situándose en la parte inferior las más básicas, y en la cúspide las más elevadas.

Las necesidades básicas como su nombre indica atienden a la pura supervivencia:

Respirar, beber, dormir, mantener la temperatura corporal, eliminar desechos corporales, reproducirse etc. Esto estaría en la base de la pirámide, y lo compartimos lo mismo con un burro, que con un jurel o un ratón de campo tanto da, y a nadie se le escapa que si Mozart estuviese permanentemente con diarrea, helado de frio y famélico de hambre, difícilmente hubiese acometido tareas de índole superior como la composición de La Flauta Mágica, El Réquiem, o la sinfonía nº 40.

En el siguiente escalón, sitúa Maslow las necesidades humanas de seguridad física y salud, la de recursos como casa, dinero etc.

Y en el siguiente nivel Maslow hace mención a las necesidades sociales:

De relación (amistad pareja, familia) o de aceptación social.

Un poco más arriba sitúa las de estima y reconocimiento, atención, aprecio, reputación, fama, gloria e incluso dominio, junto con las de competencia, maestría, confianza y libertad.

Sin la autoestima, el individuo no puede avanzar hacia el ultimo nivel que es la autorrealización, la de dar un sentido a su vida.

Finalmente, dice Maslow que la consecución de las aspiraciones superiores conlleva primero el logro de las inferiores, y de entre ellas, la de la aceptación en el grupo, el sentido de pertenencia, es de las más importantes, tanto que incluso su no consecución puede dar lugar a problemas psicológicos para el individuo al no verse aceptado y valorado por los miembros del grupo al que pertenece o aspira pertenecer, y para lograrlo puede llegar a abrazar, a asumir, a aceptar como únicos y verdaderos los dogmas de quienes dirigen el grupo al que aspira pertenecer. Un individuo que carece de autoestima, que necesita del grupo para obtenerla, será capaz de permanecer en ese estadio de aspiraciones donde demostrar al grupo que es merecedor de pertenecer a él, y hará lo posible para lograrlo aceptando sin rechistar los dogmas de fe que en ese colectivo se propongan; se convertirá en un fanático lo que le impedirá crecer como persona.

Resumiendo: las fuerzas de crecimiento dan lugar a un movimiento ascendente en la jerarquía de valores, mientras las fuerzas regresivas dan lugar a un descenso hacia valores más básicos dentro del nivel de aspiraciones humano.

Disculparme el “ladrillo”, pero creo que es necesario para entender lo que viene a continuación.

Como la mayoría de ustedes saben, el pasado día 19 se celebró en USA la final del campeonato del mundo de fútbol con la participación de España y Argentina como equipos contendientes, y como ustedes sabrán también, España venció por un gol a cero a la albiceleste.

Así mismo, sabrán de la reacción que se produjo entre los integrantes del equipo argentino y gran parte de su hinchada ante la derrota; con agresiones físicas y verbales dirigidas al equipo vencedor, y elaborando una teoría de la conspiración en contra de sus colores.

Decíamos al principio, que el fanático no acepta más verdad que la suya, y de ahí se derivan una serie de comportamientos que tiene que ver con los sinónimos que definen al fanático: intolerante, radical, sectario, violento…

¿Son todos los argentinos así? Evidentemente no gracias a Dios.

Quién tiene la culpa de que no tirasen entre los tres palos ni una vez ¿el árbitro? ¿El mismo arbitro que anuló un gol legal a España? ¿El mismo arbitro que dejó sin sancionar con tarjeta amarilla un sin número de entradas que lo merecían?

Por qué son los fanáticos tan dados a personalizar, en buscar un ídolo, en buscar un líder que encarne según ellos sus dogmas y sus valores, alguien con línea directa con lo sobrenatural (recuerden aquella famosa “mano de Dios” de Maradona con la que consiguió anotar el primer gol frente a Inglaterra en los mundiales de México de 1986) un caudillo que se ponga al frente de sus huestes y les guie a la victoria.

Messi es el mejor jugador de futbol de la historia. William Saliba del Arsenal le da cien vueltas a Messi como defensor, lo mismo que Virgil van Dijk del Liverpool.Thibaut Courtois o Unai Simón lo son como portero, y como hemos visto en el último mundial, el fútbol es un deporte de equipo.Mbappé con un partido menos tiene dos goles más, Haaland con dos partidos menos está solo a un gol, lo mismo que Jude Bellingham por decir unos pocos.

¿Por qué entre los fanáticos se buscan siempre argumentos para sostener lo insostenible? Es algo habitual entre la prensa fanática, entre los hooligans fanáticos, entre los ciudadanos fanáticos, entre los políticos fanáticos, entre los religiosos fanáticos…

Espero que no se me malinterprete. A mi Argentina me parece un grandioso país, y si he elegido la selección Argentina es porque es un ejemplo reciente y muy ilustrativo de algo que menos unos cuantos, todo el mundo ve.

Esto del fanatismo es algo que está muy enraizado no descubro nada nuevo. “Mi equipo de futbol, mi torero, mi cantante, mi líder político, mi líder religioso”…Igual tenemos que hacérnoslo mirar. Igual estamos poniendo freno a nuestro ascensor personal tratando de encontrar reconocimiento entre personajes que no necesitamos para nada.

Palabra de Maslow Amen.

Paul Valéry (1871-1945) escritor y filósofo francés hizo la siguiente reflexión:

«La guerra es una masacre entre gentes que no se conocen, para provecho de gentes que sí se conocen pero que no se masacran”

También se me viene a la cabeza el título rotundo que da nombre a un disco del grupo de rock Extremoduro que encabezaba el músico con apellido de futbolista legendario, y que veo muy conveniente para aquellos que andan azuzando a la gente unos contra otros.

Iros todos a tomar por culo”

Palabra de Robe Iniesta. Amen.

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