ME SABE LA BOCA A SANGRE

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José Ignacio García – Muñoz (Queche)

San Juan de la Cruz, es junto con Teresa de Jesús el máximo exponente de la mística experimental, y a su vez, es considerado como uno de los 38 doctores de la iglesia; título que se otorgaba entre otras cosas por la erudición, y la contribución significativa a la teología.

Ayer día 17 de Octubre de 2026, en la sala San Juan de la Cruz del teatro de la Abadía de Madrid, se doctoró Ricardo Fernández del Moral Pozuelo, como el primero de los doctores que ha contribuido a la difusión significativa de la teología del místico Antonio Fernández Díaz “Fosforito”.

No voy a detallar el desarrollo del recital que caminaba como no podía ser menos, por la senda del más puro jondismo: Granaina, Farruca, Taranto y Alegrías, sirvieron para ir documentando la tesis doctoral que llegó de la mano de la soleá apolá.

Me resulta imposible transmitir la emoción, me resulta imposible transmitir la épica de la batalla que se libró entre el corazón y la garganta del cantaor, mientras el espíritu de Fosforito quizá sentado en algún lugar oculto a nuestra vista flotaba bajo el techo abovedado.

“Cuando canto a gusto, me sabe la boca a sangre”

Es una frase atribuida a Ana Blanco Soto, la cantaora jerezana conocida como Tía Anica La Piriñaca. Cuando Ricardo interpretaba la soleá sus ojos se entornaban, su rostro adquiría un rictus dramático, y su puño se cerraba para luego relajarse, iluminado bajo una luz que parecía provenir de algún lugar allá arriba, en la oscura cúpula donde dormitan la mística de San Juan de La Cruz, y el genio de Fosforito.

Creo que cuando Ricardo terminó, a todos los presentes nos sabía la boca a sangre.

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