LO MEJOR DEL ÚLTIMO

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Paki García Velasco Sánchez

Fotografías: Radio Daimiel

Entre los varios eventos musicales que hemos podido disfrutar este fin de semana en Daimiel, hoy quiero hablar de un espectáculo muy especial que, de la mano de la Cofradía de Los Coloraos de Daimiel, rindió homenaje al mítico grupo “El Último de la Fila” en el Pabellón Ferial. Bajo el nombre de «Lo Mejor del Último», el concierto nos hizo bailar, cantar y disfrutar de principio a fin al ritmo de esas canciones inolvidables que han marcado a varias generaciones. Además, la cita tuvo un carácter benéfico, lo que hizo que la música y la diversión se unieran a una buena causa, ya que todo el dinero recaudado en este evento, se destinará a los varios proyectos de la hermandad, convirtiendo así la velada en una ocasión aún más especial.

Y es que hay conciertos que se disfrutan desde el primer minuto y que, cuando terminan, te dejan con una sonrisa y la sensación de haber vivido algo especial. Eso es precisamente lo que nos llevamos todos los que allí acudimos a disfrutar de la noche del sábado en ese concierto tributo. Fue una noche llena de música, buen ambiente y canciones que forman parte de la banda sonora de nuestras vidas, fue una de esas citas en las que el tiempo pasa volando, en las que uno se olvida de todo por unas horas y en las que lo único que importa es disfrutar del momento.

Desde que llegamos, ya se respiraba algo especial, había muchísima gente con un ambiente estupendo y muchas ganas de pasarlo bien. Poco a poco, el lugar se fue llenando hasta convertirse en un auténtico hervidero de personas con ganas de música. Había grupos de amigos, parejas y personas de distintas edades que compartían una misma pasión: disfrutar de las canciones de una de las bandas más queridas del panorama musical español.

Y es que la música de El Último de la Fila tiene algo especial, sus canciones han acompañado a varias generaciones, han sonado en muchos momentos de nuestra vida y tienen esa capacidad de transportarnos a recuerdos que, muchas veces, creíamos olvidados. Basta con escuchar los primeros acordes de algunos de sus temas para que aparezca una sonrisa, para que alguien empiece a tararear o para que, casi sin darnos cuenta, terminemos cantando a pleno pulmón…. precisamente eso fue lo que ocurrió durante el concierto, las canciones iban sonando y el público respondía con entusiasmo.

Lo mejor de la noche fue comprobar que la música seguía uniendo a todo el mundo, allí estábamos, rodeados de gente que conocía las letras, que esperaba con ganas cada canción y que no dudó en acompañar al grupo desde el primer momento. Se respiraba alegría, complicidad y muchas ganas de disfrutar. No hacía falta conocer a quienes teníamos al lado, bastaba con empezar a cantar para sentir que, durante unas horas, todos formábamos parte de lo mismo.

El grupo tributo estuvo sencillamente genial, desde el principio demostró que había salido al escenario con ganas de darlo todo y de hacer que el público disfrutara al máximo. ¡Y vaya si lo consiguió!… se entregaron por completo en cuerpo y alma, cuidando las interpretaciones y transmitiendo esa energía que hace que un concierto se convierta en una auténtica fiesta. No se limitaron a tocar las canciones, sino que consiguieron crear un ambiente de esos que te atrapan y hacen que te olvides de mirar el reloj, se notaba el trabajo, la ilusión y las ganas que había detrás de cada interpretación.

El grupo disfrutaba sobre el escenario y esa energía llegaba directamente al público, que respondió con aplausos, voces y entusiasmo durante toda la actuación… y es que cuando los músicos se implican de verdad y transmiten lo que sienten, es fácil que la conexión con la gente surja de manera natural, y esa noche esa conexión fue evidente.

A medida que avanzaba el concierto, el ambiente iba creciendo todavía más, entre otros temas pudimos escuchar sus ya míticos: “Insurrección, Querida Milagros, Pájaros de barro, Canta por mí, Aviones plateados etc…” Cada canción parecía superar a la anterior en emoción, y resultaba difícil quedarse quieto mientras sonaban aquellos temas tan conocidos. Había quien cantaba, quien levantaba los brazos o quien bailaba sin preocuparse de nada.

Además, escuchar en directo canciones que conocemos tan bien tiene un encanto especial ya que algunas nos hacen viajar al pasado, otras nos traen recuerdos de personas o momentos concretos y otras, simplemente, nos ponen de buen humor, es curioso cómo una melodía puede despertar tantas emociones en apenas unos segundos, y es que cada tema tenía su propio momento, su propia reacción y su particular manera de conectar con quienes estábamos allí, porque el ambiente, las personas, las emociones y esos pequeños momentos que surgen espontáneamente, terminan convirtiéndose en parte del recuerdo.

El público estuvimos a la altura de la ocasión, ya que la participación fue constante y se notaba que la gente estaba disfrutando de verdad, no era una de esas actuaciones en las que los asistentes se limitan a escuchar tranquilamente, sino todo lo contrario, había muchas ganas de cantar, de moverse, de aplaudir y de acompañar al grupo. La multitud, lejos de restarle encanto a la experiencia, contribuyó a crear esa sensación de fiesta compartida que hizo que la noche fuera todavía más especial. Por supuesto, también hubo tiempo para dejarse llevar por la nostalgia, fue increíble recordar grandes canciones y pensar en todo lo que esta música nos ha acompañado a lo largo de los años, y es que estas canciones siguen vivas, nunca pasan de moda y continúan emocionándonos cada vez que vuelven a sonar.

Cuando un concierto consigue que salgas con la sensación de haberlo pasado en grande, de haber cantado más de lo previsto y de haber compartido una noche estupenda, es que algo ha funcionado muy bien. Y eso fue exactamente lo que nos ocurrió. El grupo lo dio todo, el público respondió con entusiasmo y el ambiente acompañó de principio a fin… ¡no se puede pedir más!

En definitiva, fue una noche genial, de esas que te recuerdan por qué nos gusta tanto la música, una noche de sábado para cantar, bailar, recordar y sobre todo, disfrutar con las canciones de “El Último de la Fila”. Fue una velada de esas que dejan buen sabor de boca y que te hacen pensar que, cuando hay buenas canciones, músicos entregados y un público con ganas de pasarlo bien, no hace falta mucho más, tan solo dejarse llevar, cantar hasta quedarse sin voz y disfrutar de cada instante. Y eso fue lo que hicimos… ¡ojalá podamos repetir pronto otra noche como esta!

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